LUCIANO Horas después, salí de mi oficina sintiéndome drenado y exhausto. La crisis había pasado factura, y no lograba sacudirme el enojo que sentía hacia Fedra. Había sido indiscreta y no había asumido responsabilidad por sus actos. Esa era una debilidad que no podía tolerar en nadie, y mucho menos en la mujer que había estado peligrosamente cerca de convertirse en mi prometida de verdad. Mientras me acercaba a la sala de conferencias donde íbamos a tener una reunión fuera de horario, no pude evitar pensar en el daño causado. Habíamos perdido varios clientes justo después de las acusaciones de Vivian. Aunque algunos regresaron tras la noticia de nuestro compromiso y los cambios que yo había implementado, y aún más cuando el Departamento de Trabajo limpió nuestro nombre, no fue sufici

