CÉSAR No sabía qué me había dado. Sabía que no debía besarla. Sabía que era un completo error. Y aun así, no pude evitarlo. Incluso ahora, mientras presionaba mi lengua contra su boca, todo lo que quería era estar aún más cerca de ella. —¡Oye! ¿Qué estás… César! —gritó Soraya cuando de repente la levanté y la cargué en mis brazos—. ¿A dónde me llevas? —Te llevo a la cama —le sonreí mientras caminábamos hacia mi habitación—. Los esposos al menos deberían ser vistos juntos en su dormitorio de vez en cuando, ¿no? —Claro. Esto es para que parezca real —me devolvió la sonrisa—. Aunque todos los que podrían vernos ya deben estar dormidos. —Siempre están las cámaras de seguridad. —Hombre inteligente. —Eso es lo que me repiten —bromeé mientras entrábamos en la habitación. Suavemente la r

