CÉSAR Las cosas empezaban a sentirse un poco demasiado reales. Sabía que era un problema, pero no sabía cómo detenerlo. Soraya se sentía demasiado bien en mis brazos, en mi cama, en mi ducha. No podía negar que me gustaba tenerla en todas partes, aunque lo nuestro no fuera a ningún lado. Aunque iba a ser mi exesposa en cuestión de meses. —¡César! ¿Sigues ahí? —gimió Sean al otro lado de la línea—. Te he dicho que actualices tu teléfono. ¡Eres lo suficientemente rico para…! —Mi teléfono está bien, Sean —rodé los ojos—. ¿Por qué me llamabas otra vez? —Te llamaba de parte de mamá. —¿De parte de mamá? ¿Por qué no me llamó ella directamente? —¿Es César? ¡César, cariño, aquí estoy! —La voz de mi madre apareció de repente en el teléfono—. Hola, cariño. ¿Cómo has estado? —Mamá, ¿por qué e

