Esta vez Sara se lanzó en busca de una de las tetas. Comenzó a chuparle el pezón. Los nervios se apoderaron de Yamila cuando uno de los dedos entró en su concha, porque en ese instante sintió un ruido lejano; uno muy tenue, que solo alguien que viviera en esa casa podría identificar. Le dio un leve empujón a Sara y ésta se apartó. No quería que su cuñada se sintiera forzada. Yamila se puso de pie de un salto y miró para todos lados, confundida y acalorada, como si alguien la hubiera sorprendido cometiendo un delito. —Estee… em… creo que vino mi hermano. No dejes que me vea así. —Ah, no te preocupes. Sara entró a la casa, completamente desnuda. A João casi le da un infarto al verla allí… y sin ropa. Ella se apresuró a contarle que estaba tomando sol con Yamila y que habían decidido desnu

