Alex y yo nos acercamos a la señora Katherina con una sonrisa cálida. Le expliqué que estábamos dispuestos a ayudarla a buscar a sus hijos y que haríamos todo lo posible para reunirlos. La emoción brilló en sus ojos, y asintió con gratitud. Pasaron varios días de investigaciones y contactos. Finalmente, dimos con el paradero de los hijos de la señora Katherina. Los reunimos en un lugar tranquilo, lleno de expectación y emoción. Cuando la señora Katherina los vio, no pudo contener las lágrimas de felicidad. Se abrazaron con fuerza, como si temieran separarse de nuevo. — Mamá, te prometemos que nunca más te dejaremos. Estamos aquí para quedarnos —dijo el mayor de los hijos con determinación en su voz. La señora Katherina les sonrió con amor, agradecida por tener a sus hijos de vuelta. En

