Me santigüe y empecé a rezar cuánta oración se me atravesará por la cabeza. — ¡El diablo! ¡El diablo ha venido por mí! Con las fuerzas que tenía salí corriendo, muchas personas se fueron detrás de mí al escuchar el escándalo y miré a Matilde entonces me regresé. — Ven cariño, el diablo me ha salido — la cargué entre mis brazos — no te preocupes que a mi lado vas a estar segura, hay que llamar a un sacerdote, un rabino, un pastor, un chino o lo que sea que sirva para bendecir la casa. Todos estaban en el camino que iba a la ciudad, sostenía a Matilde que al parecer estaba en shock por el espanto, no imaginé que esas cosas se daban aquí en la granja. Perspectiva de Matilde. Estaba dormida cuando escuché a Alex empezar a gritar. — ¡El diablo! ¡El diablo ha venido por mí! ¿Qué rayos p

