Sin pensarlo, me levanté y caminé hacia él. Me senté en su regazo, sintiendo la cercanía reconfortante de su cuerpo. Nuestros ojos se encontraron, y en ese momento supe que no estaba sola en esto. Nos miramos durante un instante, dejando que el peso de nuestras emociones se entretejiera en el silencio. Entonces, me incliné hacia adelante y lo besé con una mezcla de gratitud y amor. Nuestros labios se encontraron en un suave encuentro que hablaba de la complicidad y la fortaleza que habíamos compartido en aquella noche. El beso fue un bálsamo, una confirmación de que juntos podríamos superar cualquier obstáculo que se interpusiera en nuestro camino. Estábamos unidos por algo más grande que nosotros mismos, y eso nos daba la fuerza para enfrentar lo que fuera que el destino nos tuviera pre

