P.O.V. Beatrice No dejo de morderme las uñas; me encuentro muy nerviosa. No sé si esa zorra me creyó, solo espero que sí o mi plan se vendrá abajo: la puerta de mi habitación, entrando el hombre que se ha vuelto mi más fiel mano derecha. —Espero que sean buenas noticias —digo. —Lo son, señora, la zorra roja salió de su madriguera —me dice en clave, pero sé perfectamente qué significa. Sonrió al oír esas noticias que son música para mis oídos. —Informa al equipo que esté listo en el puente; no quiero que la dejen con vida —ordenó con malicia. —Pero hay un problema, señora —añade. —¿Cuál? —preguntó por qué al ver su expresión debe de ser algo importante. —La madre de la bestia va con ella y si llevamos a cabo las órdenes que me dijo, me temo que… —Mátala, no me importa que la bestia

