No quiero hablar con esa mujer, pero al oír que es algo de mi madre y debido al terrible sueño que tuve, me convence. —En un momento regreso —le digo a la madre de Estéfano. —Está bien, aquí te espero, querida —me responde la mujer con una voz muy amable. Me traslado hasta llegar a la sala donde veo el teléfono encima de la mesa, me acerco hasta tomarlo en mi mano y colocarlo en mi oído. —Espero que sea verdad y no sea una de tus artimañas —omito toda formalidad con ella. —Buenos días, prima, que espero que estés bien. ¿Y ya se te olvidaron los buenos modales, o qué? —protestó con una voz que para mí suena tan falsa. —Ya, Beatrice, deja el cinismo y habla de una vez —la regaño porque odio sus juegos. —Que carácter, ya cásate, pero ya lo estás ja, ja, ja, y no te ayudo en nada —se

