En cuanto llegaron al set, con las gafas oscuras puestas, el café en mano y una actitud sospechosamente relajada, no tardaron en llamar la atención. —Vaya, vaya… —comentó uno de los camarógrafos al verlos entrar juntos—. ¿Ustedes no estaban casi matándose hace dos días? Maroon sonrió como si nada. —Y tú no estabas usando esa camisa horrenda ayer, pero aquí estamos, sobreviviendo todos. Las risas no se hicieron esperar. Armin solo alzó una ceja y siguió caminando. Pero entonces apareció Lara, una asistente de producción con fama de entrometida y cero filtros. —Oigan... —dijo mirándolos de arriba abajo con descaro—, ¿me van a decir que ustedes dos no llegaron al set oliendo a tequila y...? —Y lo que sigue, ¿cierto? —interrumpió otro con una sonrisa pícara. Maroon soltó una risa nasal

