Al día siguiente, el jet privado de Armin aterrizó en Alemania con puntualidad alemana. El cielo estaba encapotado y el viento cortaba con su típico frío seco, pero dentro del automóvil que los llevó al penthouse todo era calor, risas y caricias entre suspiros. Maroon apoyó la cabeza en el hombro de Armin durante el trayecto, y él no dejó de acariciarle el cabello hasta que llegaron. Cuando abrieron la puerta del penthouse, un gruñido bajo y familiar los recibió. —Vaya, mira quién está de mal humor —dijo Maroon, sonriendo al ver al gato n***o y esponjoso sentado con expresión severa junto a la puerta—. ¿Nos extrañaste, Maxi? —Claro que está molesto —añadió Armin con tono burlón mientras dejaba las maletas en el suelo—. No soporta que alguien más me quite la atención. Maxi bufó y se ale

