Su amiga se quedó en silencio por un momento, respetando ese dolor que a veces ni las palabras podían tocar. Maroon seguía mirando su cerveza, los dedos dándole vueltas al vaso como si ahí pudiera hallar una respuesta. —No es tan fácil, ¿verdad? —dijo su amiga con suavidad. Maroon soltó una risa seca. —Fácil sería odiarlo. Pero no puedo. Lo amo, joder. Lo amo con todo lo que soy y eso... eso es lo que más duele. No sé si alguna vez volverá a ser él. Y si no lo hace... ¿quién demonios soy yo sin él? —Eres Maroon. La misma que volaba por los cielos en su BMX. La que enseñó a muchos que la libertad se conquista con cada salto. Él te amó por eso, ¿no? No por quedarte, sino por ser tú misma. Maroon alzó la vista, los ojos brillantes, no por tristeza, sino por la tormenta interna que aún no

