Capítulo 18.

2395 Words
Atuq: Al ver a aquel sujeto acercarse a Freya no dude en dejar al señor William solo con esas personas. La manera en la que el se acerco a ella no me gusto para nada, por eso me acerque, el se volteó hacia mi y se alejo hacia el otro lado, no quiero hacer o decir algo delante de Freya o estas personas, debo mantener la cordura y compostura como dice el padre de Freya. Pero no me gusta que nadie y mucho menos un hombre se acerque a mi mujer, nadie tiene derecho a hacerlo. —Solo hablaba con ella ¿no es así Freya? —Pues no me gusta que hablen con ella —me paré al lado de ella—, menos si son hombres. —Estoy bien querido —la mire, ella me sonrió—, solo estaba felicitandome por nuestro compromiso. Volví a poner mis ojos en el sujeto, no me agrada la manera en que la mira, lo quiero lejos de ella. Si estuviésemos en la tribu, estuviese sobre un árbol atado, mientras le saco los ojos por mirar a mi mujer de esa manera. —Iré a saludar, fue un gusto verte Atuq, Freya. El solo se terminó retirando, yo no quite mi vista de el hasta que desapareció. Sentí un pequeño tirón en mi camisa, baje la mirada y me tope con la de ella. —¿Pasa algo? —No —ella negó—, solo quería que dejaras de asesinarlo con la mirada. —No me gusta que te miren, hay muchas personas mirando a mi perla, cosa que odio. —Lo se pero no puedes mantenerme encerrada para que nadie me vea, es tonto —rió—, por cierto, mis primas estan encantadas contigo, dicen que eres muy guapo. —¿Y eso qué significa? —Que eres un hombre precioso, hermoso y.. —Espera, detente —alce las manos— ¿ellas dicen que soy hermoso? —ella asintió— pues está mal, no me deben decir eso, no es correcto. No quiero que ninguna mujer me diga que soy hermoso, solo tu. Ella soltó una risa suave, de esas que me gustan. No entiendo por que se ríe si debería estar molesta por que me llamen asi, odio que me quieran decir cosas que no me gustan, Freya es la única que debe llamarme asi, nadie más. Yo si me molesto, no entiendo por que ella no. —¿No te molesta que me digan esas cosas? —No. —¿Eh? —parpadeé un par de veces— ¿N-No te molesta? ¿Por que? ¿eh? —Por que no soy celosa —tomó mi mano—, estoy segura de que me amas asi como te amo a ti, no mirarias a otra mujer que no sea yo. —Es cierto. —Por eso no me molesta —sonrió—, yo soy tuya, asi como tu eres mio ¿Verdad? —Si, seré tuyo —la atraje a mi—, para toda la vida mi perla. —Me encanta oír eso —ella me dio un beso—, oye tu lenguaje ha mejorado, eso me gusta. Felicidades. —A mi no, odio hablar como blanco —hice una mueca. —Oh vamos Atuq, gracias a eso puedo entenderte mejor, no seas pesimista. —Como digas. —Prima —mire hacia donde venía la voz de la chica. Sus primas, que son hijas de los tíos de Freya, que son hermanos del padre de Freya. Es una locura pero creo que si lo entendí o eso creo. MIldred es bajita un poco más que Freya, de cabellos claros y ojos claros, de igual color de piel que el de Freya, aunque se viste un poco extraño. Amelia se parece un poco a Freya, mismo color de ojos, de cabello y piel, aunque ella tiene una pequeña marca en la cara que la hace lucir extraña. Y Sandra, quien es todo lo contrario a las otras dos, Freya dice que se parece a su madre así que tiene sentido que no se parezcan a las otras dos. Las tres están casadas con unos hombres que son de la nobleza o algo asi, los tres son sujetos blancos, como todos los de aquí, pero visten de una manera extraña, hablan muy extraño y son muy bajitos cosa que me causa mucha diversión, por que todos los hombres que he visto hasta ahora, han sido pequeños. Freya se puso a hablar con sus primas, yo no le quite la mirada de encima cuando se alejó de mi, no quiero perderla por un segundo por que no quiero que ningún hombre se acerque a ella. —Calma hombre, que Freya no se va a perder —mire al sujeto—, soy Richard, esposo de Mildred. —Orlando, esposo de Amelia. —Charles, esposo de Sandra. —Atuq, esposo de Freya. —Ya lo sabemos hombre —el que se llama Richard soltó una risa—, vaya que jamás habíamos visto a un hombre tan alto como tu, a excepción de los esclavos. —¿Esclavos? —pregunté. —Si ya sabes, los negros que usan para que sea la servidumbre, oh, es cierto que William no es esclavista —todos ellos rieron—, algo muy estúpido de su parte. —¿En su pais hay esclavos, Atuq? —pregunto Orlando. —No, somos personas libres. —¿Y quienes cocinan, lavan o hacen todo? —Nosotros mismos, nos sabemos la de trabajar para poder comer —dije—, asi son nuestras costumbres. —Pues que atrasados estan —volvieron a reír—, yo traje a uno de mis esclavos, lo compre en una casa de subastas en Manchester, son de la mejor calidad, es quien trae lo que necesito, son así como el —me señaló—, grandes y muy resistentes por cierto. —¿De verdad lo trajiste? —Richard, sabes que William no permite eso aquí... Si el lo ve.. —Eso no me importa, allá el si no usa esclavos, yo si. Miró hacia un lado y alzó la mano. De las personas venía saliendo un hombre joven, un poco más joven que yo, en sus manos traía una botella y una copa, su ropa estaba limpia pero el no se veía así, además de que tenía el cabello corto, se nota que se lo cortaron muy mal, además de la cadena que estaba en su cuello. Su mirada, en su mirada podía ver sufrimiento, tristeza y hambre. —Vaya que si es muy parecido a Atuq —opino Charles— ¿De donde viene? —No lo se, solo se que un barco de Francia los trajo hace poco, me salió un poco costoso, pero vale la pena. —¿Cuánto? —Diez monedas de oro. —¿Tanto? —Si, es muy útil... Ellos siguieron con la conversación, yo, no dejaba de ver al muchacho quien no dejaba de mirar la mesa detrás de mi, que estaba repleta de comida. El muchacho ni siquiera tenía zapatos puestos. El tal Richard le pidió una copa y el la sirvió rápidamente, pero la copa cayó al suelo y llenó los zapatos de el con el líquido, caminé hacia el cuando vi que iba a darle un golpe, le sostuve la muñeca con mi mano y comencé a apretar esta con mucha fuerza. —Ni se le ocurra —murmuré. —¿Que hace? ¡Suélteme! Lo solté de manera brusca, el se hizo a un lado y yo, me acerqué al muchacho que estaba de rodillas y temblando. Estaba hablando en un idioma que desconocía pero no demasiado, se escuchaba como el idioma de las tribus del sur, que están muy lejos de las mías, mi padre me habló de ellas hace tiempo, ellos fueron esclavizados. Ellos hablan casi que el mismo idioma que nosotros, mi padre me lo enseñó así que le pregunté. —ʻO wai kou inoa? (¿Cómo te llamas?) —pregunté en un susurro. —Dwe —me miró— ʻŌlelo ʻoe i kaʻu ʻōlelo? Akā pehea? Inā ʻaʻahu ʻoe e like me lākou (¿Hablas mi lengua? Pero ¿Como? Si vistes como ellos) —ʻAʻole wau e like me lākou, e haʻi mai iaʻu, ua ʻai anei ʻoe i kekahi mea? No hea mai ʻoe? (No soy como ellos, dime ¿Has comido algo? ¿De donde vienes?) —ʻO ka ʻohana hema, ʻaʻohe meheu o mākou, ua noho ʻia ka mokupuni e nā keʻokeʻo, ua hoʻokaʻawale lākou iaʻu mai koʻu makuakāne. (La tribu del sur, ya no quedan rastros de nosotros, la isla ahora está habitada por blancos, me separaron de mi padre) El muchacho comenzó a relatarme de donde vino, de cómo llegaron a destruirlo todo los blancos y de cómo ha sufrido desde que llegó. Me puse de pie y camine hacia la mesa, las miradas estaban puestas sobre mi, tome un plato y puse todo lo que vi en el para darselo a el quien no tardó en comenzar a comer, muchos de los invitados hicieron sonidos de asco al verlo. —¿Como te atreves? —miré a Richard— ¡Es mi esclavo, no tienes derecho! —¿Como puedes matarlo de hambre? —dije con rabia— ¿Qué clase de humano eres tu? —Atuq —Freya llegó hasta mí—, no.. —Eso, mantén a tu esposo lejos de mi esclavo. —Cuida tu lengua —lo señalé—, que de donde vengo, se las cortamos a los hombres que le alzan la voz a mujeres ajenas. Y la última persona que se metió con ella, se la estan comiendo los gusanos. Todos murmuraron, yo estaba realmente molesto por lo que estaba viendo ¿Esto es lo que hacen con nosotros? De esto me hablaba Frederick cuando decía que los blancos eran demonios que vivían en la tierra y dañaban todo a su paso. Ahora entiendo por que los odio tanto. —¿Que esta pasando aqui? —el padre de Freya apareció y miró al muchacho— ¿Que es esto? Richard, te he dicho que no acepto esclavos en mi casa, sabes lo que sucede si uno de ellos entra a mi casa. —Pero.. —Pero nada, mi acuerdo con su majestad el Rey era que si yo, Sir William Smith servía a su corona, todo esclavo que pisara mi casa o mis territorios, sería de mi propiedad. —¡No puedes hacer eso! —exclama— ¡Pagué mucho dinero por el! —Eso debiste pensarlo antes de traerlo a mi casa y presumir tu adquisición, quiero que tomes a tu esposa y te vayas de aquí ahora. El hombre me miró con odio, yo sonreí al ver que el muchacho se quedara aquí, donde estara bien cuidado y sera bien tratado, el solo se fue junto a su esposa que es tal para cual. —Les pido disculpas a todos los presentes por el pequeño inconveniente, la reunión seguirá. La música sonó y el muchacho fue llevado al otro lado de la casa, no sin antes darme las gracias por haber hecho algo por el, puede que esto haya terminado bien, pero yo sigo teniendo rabia encima por lo que vi, ninguno de mis hermanos o cualquier se humano que respire no merece ese trato. Es inhumano. Yo camine hacia la salida del salón que daba al jardín, necesitaba aire fresco por que sentia enjaulado allá adentro. —Atuq.. —Ahora no Freya, Atuq está molesto. —Lo se y lo siento... No pensé que Richard haría algo como eso. —Dime algo ¿Todos los blancos hacen eso? —la mire— Responde. —Si Atuq, todos los dueños de casas, haciendas, tierras, tiendas, todos tienen esclavos —bajo la mirada. —Ma na akua e noho nei, hoino au ia lakou a pau (Por todos los dioses existentes, los maldigo a todos) —masculle. —Atuq, se que estas molesto, pero esto es algo que no podemos cambiar —la mire—, ellos son más. —Lo se —susurre—, nosotros siempre fuimos libres, desde que nacemos hasta que nos unimos a la tierra ¿Por que hacen eso? ¿Por que? Si no le hacemos daño a nadie. —Yo quisiera saberlo tambien —se acercó a mi—, por eso mi padre no hace eso, no es esclavista y trata a todos bien. Por eso lo odian. —Pero uno no hace la diferencia —dije. —Lo se. —Me quiero ir —le dije—, quiero regresar a nuestra tribu, Atuq no quiere quedarse mas tiempo aqui. —Esta bien, nos iremos.. —ella asintió—, yo quiero regresar a la tribu. —Lo siento, no debo hablarle asi a mi perla, eso no está bien. Atuq no debe hablar así con su perla. —Esta bien —me tomó el rostro—, está bien, todos tenemos derecho a molestarnos de vez en cuando, tienes un enorme derecho a estarlo y es entendible, lo que hiciste allá adentro fue muy valiente, eso me hace sentir orgullosa de ti mi amor. Aquello me hizo calentar el corazón cual llama en una fogata, me calme mucho para poder seguir. —He mea nui ʻoe iaʻu. (Te amo mi perla) —ʻo wau kekahi (Yo también) —me sonrió. —Espera ¿Hablaste mi idioma? —me agaché un poco para mirar su rostro—, se lo que oí, Atuq se lavo las orejas, lo juro. Ella soltó una suave risa que me hizo sentir el hombre más valioso del mundo. Creo que ni todo el oro o las riquezas que existan me harán sentir valioso así como ella lo hace con solo mirarme y sonreirme de esa manera. La amo demasiado. —Freya, ¿Podemos hablar? Y así, en un segundo mi buen animo se habia ido, este sujeto había llegado a nosotros.
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