Capítulo 6

2183 Words
He salido con el del restaurante a pedido de Leila quien me ha advertido comportarme y evitar decir algo estupido. Injusto a mi punto de vista, este tipo me ha llamado prostituto sin el menor de los titubeos y joder, tambien ha sido él quién me abordo en los baños provocando una situación bastante incomoda. ¿Por qué me toca de esa manera? ¿No es ilegal tratar a un hombre de esa manera? Si este tipo trata de atacarme otra vez iré corriendo a ponerle una denuncia, no voy a permitir que un hombre abuse de mi y me importa un carajo si es mi maldito patrocinador. Si hubiera sabido que este tipo era el patrocinador del que Leila tanto ha hablado jamás, ni de lo mas ebrio y drogado me hubiera atrevido a dejar que me hiciera un handjob. ¿Por qué no lo note? Leila tiene razón y la mirada de este tipo es impresionante, también su presencia es imponente y tiene buena cara, soy hombre, no soy gay pero tengo ojos y no puedo negarlo. El tipo es un un buen partido, interesante que un hombre como el tire para ese equipo... ¿Y su prometida? ¿Debería de preguntarle qué rollo tiene con Fiorella Machado? Si él no la quiere... Kasper Allangerd esta dispuesto a cuidarla por unos días. —¿Te encuentras bien? —mueve una mano dejándola sobre mi pierna. Le empujo horrizado y estoy seguro que voy a denunciarlo por acoso, no estoy dispuesto a dejarme manosear un tipo como Fausto Lazzarini. Suficiente fue esa noche y es mejor dejar las cosas en el pasado, es decir lo que sucedió ayer solo fue producto de mi mente confundida por las drogas o lo que sea que fuera esa cosa. Espero que mi polla lo piense de la misma manera porque me duele. —Kasper tengo que saber si estas bien. —Lo estoy, ¿por qué insiste, señor Lazzarini? —Fausto, puedes llamarme Fausto. —una media sonrisa aparece en su rostro. No sé si es una sonrisa o una mueca, para ser honesto este tipo tiene un esquema frío por naturaleza, es bastante serio aunque lo unico que le he escuchado decir son puras estupideces. —¿Tengo algo en el rostro? —pregunta. Me percato que he tenido la mirada fija en el por largos minutos, ni siquiera puedo decir en que momento comencé a verle y me he visto como todo un imbecil. He desviado la mirada en segundos, justo cuando me ha mirado. ¡Eres un imbecil Kasper! —¿A dónde vamos? —desvió la conversación a mi favor. —No estarás intentando hacerme algo, ¿cierto? —¿Hacerte qué? —responde con otra pregunta, por la sonrisa se que entiende lo que estoy diciéndole. No pienso responderle, no voy a darle ese gusto a este tipo. —Porque en mi cabeza hay muchas cosas que podría hacerte, Kasi. ¡¿Kasi?! ¡Me ha llamado Kasi! —Mi nombre es Kasper. —gruño. —Y he dicho que no soy gay, ¿no tienes una prometida? —la pregunta se me escapa de entre los labios. ¡Está haciendo esa sonrisa de satisfacción otra vez! ¡No hay forma en que este tipo y yo nos llevemos bien! —No es mi prometida. —lo dice de una manera extraña, no entiendo que quiere decir. —Pero hablemos de ti, Kasi, ¿estas saliendo con esa chica Leila? —¿Por qué? ¿Crees que acostarme con ella es mi pago por ser mi manager? —me ha ofendido de la peor manera, no tengo la culpa que ciertas mujeres terminen en mi cama. —¿No es así? —maldigo, este cabron. —Es la reputación que te has dado. —No entiendo porque quieres ser mi patrocinador si crees que soy un maldito puto. —joder, que este tipo es un dolor en las bolas. Literal. Las bolas me duelen. —Te he visto correr, eres un gran piloto y tienes el potencial para convertirte en más que solo un corredor. Sin embargo, no puedo arriesgarme a dañar la imagen que tiene mi empresa. No me gustan las infidelidades. —resopla al final. ¿No le gustan las infidelidades? Ha. ¡¿Soy el único que siente la ironía?! —No soy infiel, señor Lazzarini, no tengo ningún tipo de relación con nadie y menos pretendo tenerla. —Fiorella no es mi prometido, es un asunto diferente. —explica como si se lo hubiera pedido. ¡Me importa una mierda! —A mi que me importa. —me cruzo de brazos viendo hacia la ventana. Le escuchó reír. De reojo puedo ver como niega con la cabeza y sonríe, joder que tiene una buena sonrisa. ¡Kasper concéntrate! Este encuentro no será como esos en los que un hombre cien por ciento heterosexual, termina cayendo poco a poco en la homosexualidad. No es que hoy seré un cinco por ciento gay porque me ha dado un buen handjob, esa mierda no es así, no existe y menos será porque el tipo tiene una mirada atractiva y es guapo. Ha. Eso no es lo mío. —Kasper Allangerd. —me llama, le vuelvo a ver desinteresado. —Es un placer volver a verte, no te imaginas cuanto. Ruedo los ojos. No quiero ni imaginarlo, esta mañana he escapado de su estúpida habitación de hotel y lo que menos quería era volver a verle. No me va toda esa mierda y quiero ser profesional, mi carrera es importante y me quiero mantener concentrado. —Lo mejor para ambos es que olvides lo sucedido, fue un error de una noche y no estaba en mis cinco sentidos. —lo mejor es dejárselo claro, no quiero malos entendidos. —Seamos profesionales y dejémoslo en el olvido, ¿bien? —Profesionales. —recita la palabra contemplándola. Detiene el auto, hemos llegado hasta un portón n***o que se abre casi al instante. Espero que lo ponga en marcha otra vez pero no lo hace, vuelve la mirada hacia mi. La mirada gris fantasma que tiene arremete contra la mía y por unos segundos creo que estoy por desviarla pero me niego internamente a hacerlo. —¿Qué? —¿Quieres una relación profesional? —No mencione la palabra "relación". —Lazzarini sonríe. —Pero si le quieres poner nombre, sería una relación completamente profesional y... —Duerme conmigo. —me interrumpe. —Quiero tener sexo contigo. Las palabras resuenan en mis oídos como si estuvieran repitiéndose una y otra vez. ¡¿Sexo conmigo?! ¡Que mierda está diciendo! Este tipo... Ni siquiera nos conocemos... ¡Y ese no es el punto! ¡Somos hombres! ¡Jamás se la metería a otro hombre! Solo pensarlo me hace reír, niego con la cabeza incapaz de responderle. Lazzarini sonríe como si estuviera contándole un chiste. —Ni por un millón de dólares se la metería a otro hombre. —me carcajeo por su estupida solicitud. —¿Cuantos millones necesitas para que otro hombre te la meta a ti? —pregunta con seriedad. ¡Que mierda! La risa de burla que tenia se desvanece dejando una sombría llena de horror. —Ni en mi otra puta vida dejaría que metieras tu cosa en mi trasero. El tipo asiente, no estoy bromeando con lo que estoy diciéndole. Espero que no se le cruce ni por un segundo en su cabeza que lo sucedido ayer nos puede llevar a eso, maldición, está enfermo si piensa que me acostaría con él. ¡Nunca en mi vida me acostaría con otro hombre! Pone en marcha el auto otra vez entrando a lo que parece ser una mansión enorme, joder, creo que más grande que la casa de mis padres. —¿Dónde estamos? —preguntó en lo que vamos pasando un enorme sendero lleno de árboles gigantes. —Mi casa. —¿Por qué me has traído hasta aquí? —Necesito saber que estas bien. —mueve la mano señalando mi entrepierna. —Que eso está bien. Me cubro con ambas manos como si me sintiera expuesto, pero ahora puedo tener derecho... ¡El tipo quiere profanar mi trasero virgen! —Si haces algo, te juro que... —Un médico está esperándonos, quiero verte correr mañana así que necesito asegurarme que todo saldrá bien. Frunzo el ceño. —Creí que querías verme correr hoy por eso me has traído. —¿Prefieras decirle a la señorita Leila lo que sucedió anoche? —inquiere con un tono poco más pesado. —¡Me mataría! Incluso con decirle que me puse un poco de copa me ha enviado lejos. —Leila tiene un carácter explosivo que a veces duele. —¿Tienes una relación con ella? —pregunta otra vez. —No es algo que debería interesarte Lazzarini. —puedo verle sonreír. Si él no ha querido aclarar su relación con Fiorella Machado, no hay razón para que yo deba hacerlo. Frente a la puerta principal del lugar, una chica vestida con un uniforme sexy se apresura a abrir mi puerta. Venga. Este tipo tiene todo un servicio a su disposición. —Bienvenido señor Allangerd. —saluda con una especie de reverencia. Le saludo con cordialidad, Lazzarini se acerca y la chica se pone nerviosa al verle. Venga, que estupidez. No sé qué demonios hablan, usan un dialecto que no puedo entender, sé un poco de italiano pero no soy precisamente un experto. —Vamos. Lazzarini me invita a pasar y olvidándome por unos segundos de sus estupidas palabras, le sigo sin apartar la mirada de todo el enorme lugar y la chica que nos sigue. ¡Kasper concéntrate! El lugar por dentro resulta ser tan impresionante como lo es por fuera, un lugar muy lujoso para un tipo como él. Llevo la mirada hasta Lazzarini, puedo decir que el lugar está pulcro como lo es él. Es un lugar enorme pero es pijo, igual que él. —Espera aquí. Pide señalando un enorme sillón en la sala de estar, supongo que es la sala de estar. Él se va en otra dirección, no estoy seguro porque lugar se va pero si desaparece en segundos. Me limito a checar con la mirada cada punto del lugar, me pongo de pie quejándome de una punzada en la entrepierna pero continuo cuando unas fotografías llaman mi atención. En una repisa sobre la chimenea hay varios retratos de él con dos mujeres y un niño... ¿Lazzarini tiene hijos? No podría decirlo aunque es un hombre un poco mayor que yo no le veo siendo papá, no nos conocemos lo suficiente pero ese perverso no lo parece. Las dos mujeres llaman mi atención, las dos son jóvenes por lo que no sé si son hermanas, incluso el niño podría ser su hermano. ¿Lazzarini tiene hermanos? Unas voces parloteando en italiano se acercan, una mujer y la otra es Lazzarini. No quiero pensar que puedo reconocer su voz con tanta rapidez. Regreso hasta el sillón tirándome en el esperando no ser descubierto. Lazzarini aparece junto a otra persona, una mujer que si no fuera por su cabello hasta los hombres podría confundir con un hombre. Es atractiva. —Kasper, ella es la doctora Selin. Me pongo de pie para acercarme a ella y saludarle. —Kasper Allangerd. —saludo, la chica sonríe afectiva. —¿Hablas italiano? —Solo un poco. —sonrío. Puedo ver como la mirada de Lazzarini se fija a en mi con cierto interés. No dice nada. La doctora Selin me lleva hasta una habitación donde el cabron quiere entrar para supervisar pero no se lo permito. La doctora no pide explicaciones de lo sucedido, es profesional al momento de pedirme que baje mi pantalón y revisarme. Estoy acostumbrado a este tipo de exámenes, cuando compites tienes que estar constantemente asistiendo a chequeos médicos por lo que esto no me molesta en absoluto. —Está muy inflamado. Escucho que dice mirándome el pene, frunzo el ceño. —Tienes la piel irritada, ¿Con que frecuencia tienes sexo? —Muy frecuente. —respondo orgulloso. —¿Te masturbas? —No por mi mismo. —sonrío. —Te recomiendo que dejes de hacerlo por unos días hasta que la inflamación baje, de lo contrario podrías lastimar el prepucio y generar una infección. Te dejaré medicamento, tómalo una vez al día después de tu primera comida y en unos cinco o siete días estarás mejor. Qué demonios... ¡¿Siete días?! —Tienes algo bueno aquí, sería una lástima si dejara de funcionar así que evita que se ponga erecto por lo menos en tres días. —Lo intentaré, gracias. Resoplo pensando que todo esto pudo evitarse si no hubiera ido a ese maldito bar, o por lo menos si hubiera pensado con la cabeza clara no me hubiera ido con cualquier chica y evitar terminar en mi auto con Lazzarini masturbándome hasta matarme. Maldición. Si no hubiera pensado con la polla, me hubiera evitado amanecer en la cama incorrecta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD