I
Los días pasaban lentos para él, a veces daba uno que otro bocado, su obsesión por buscar el modo de estar con ella lo tenía enloquecido, tarde o temprano lo encontraría, tenía toda la eternidad para eso.
Pero los dioses tienen maneras extrañas de mostrarnos la verdad, a veces con sufrimiento, a veces con benevolencia.
- Lo encontré –grita con júbilo, al fin lo había encontrado, después de siglos por fin podrían estar juntos.
Sin más sale corriendo, Elek detrás de él, su señor solía hacer muchas cosas locas, a veces terminaba herido de gravedad.
- ¡Señor! –grita al verlo entrar al laberinto, tendría que cortarlo de nuevo para poder llegar a su señor, si aún vivía y tenía energía era gracias a sus adeptos, aunque eso era decir mucho sobre estar vivo.
- ¡Lo encontré! –grita con júbilo cuando llega a la fuente, comienza a recitar el encantamiento, siente algo electrizante recorrerle y entonces, grita cuando siente cómo es lanzado por los aires, se cubre sintiendo el viento golpearle en el rostro, chilla aún más cuando siente estrellarse contra algo duro, que él intuye es el suelo, lo siguiente que sintió fue un mareo y después nada, sólo un n***o absoluto.
***
Un grito les había alertado de un nuevo visitante, era común que llegaran así, un paso más para ser ayudados.
Se acerca con paso tranquilo, incluso saludaba a unos cuantos aldeanos, de ser un pequeño templo/sanatorio, y ahora había mucha gente queriendo vivir ahí, eso le daba gusto, aunque implicará un poco más de trabajo.
- Señor –fue un susurro bajo, se acerca con rapidez al hombre, esto debía ser un error, el Dios del dolor y la desesperación no podría haber caído preso del encantamiento de su maestra–. Vamos –le mueve suave, las personas solían despertar tras unos minutos, al ver que no reacciona, llama a unos lugareños para llevarlo al templo, se veía muy deteriorado, diferente al imponente y elegante Dios que recordaba.
- ¿Al templo? –pregunta uno de los hombres, ella asiente guiándoles, su señora sin duda se sorprendería, cuando volviese de sus vacaciones seguro que lo haría.
- Gracias –dice con una sonrisa, incluso lo habían acostado en la cama. Comienza a revisarle, salvo unos cuantos raspones y malnutrición, estaba bien. Si no se había despertado es porque quizás su cuerpo necesitaba ese descanso–. No se preocupe, aquí lo ayudaremos –dice comenzando a limpiar su rostro y heridas, les pondría un ungüento para los cortes y le dejaría dormir, debía ver a los otros pacientes.
Cuando Kaled al fin despertó, habían pasado unos cuantos días, la habitación no le era conocida, tampoco el murmullo ni el canto de las aves fuera de la ventana, ¿cuándo había sido la última vez que los había escuchado? Había pasado tanto tiempo en la oscuridad que la luz le parecía un sueño.