VI

940 Words
La noche había terminado sin más, había sido agradable todo, para él había sido algo nuevo y emocionante, para ella, era algo hermoso de ver pero al haberlo visto antes, no tenía mucho encanto ahora, aunque claro, lo que había pasado sin duda había sido algo nuevo, se había puesto tan nerviosa que no se dio cuenta que él quería pararse, al hacerlo choco con él, lo único que se le ocurrió fue reírse de los nervios, gracias a los Dioses él se había reído también, así que se había sentido menos apenada. - Muchas gracias –dice ella haciendo una leve reverencia, él la imita. - Ha sido un placer estar aquí esta noche, gracias por su hospitalidad –dice él, no sabía si le entenderían, esperaba que sí. - Dicen que ha sido un placer, y esperan tenerle para la próxima –a veces olvidaba tutearme–, también dicen que esperan baile con algunas más –la veo ocultar una risita, reprimo el impulso de rodar los ojos. - Será un placer –digo más por cortesía que por gusto, ellas se remueven emocionadas, quizás esto de bailar no me era tan llamativo. - Con su permiso –dice ella antes de comenzar a caminar, volveríamos por la misma ruta, así que me limito a seguirla–. ¿No te duele la frente? –pregunta a medio camino, niego, luego recuerdo que no puede verme. - No, ¿y tú? Creo que tu golpe fue en una parte más expuesta –digo colocándome a la par de ella. - Quizás mañana, aunque estoy segura que con la medicina de las hadas, no dolerá –me mira de reojo, asiento. Tras unos minutos más llegamos al templo, cada quien camina a su habitación, me acuesto en la cama recordando cada detalle de la noche, justo me quedaba dormido cuando el recuerdo de sus ojos verdes llega a mí, no era el verde intenso de Scarlett, ni el verde oliváceo de Dilruba, era un verde mar, suave pero también embravecido. Con ese pensamiento, me quedo dormido. Por la mañana, unos incesantes gritos logran ponerlo en alerta, me pongo de pie con rapidez, me visto y salgo corriendo, al llegar a la entrada, puedo ver a un hombre retorciéndose en los brazos de algunos aldeanos, gritaba como loco, lo veo lanzarse contra Sky, me muevo rápido y lo tomo del cuello. - Cálmate o te haré daño –digo con furia contenida, él lucha por soltarse, pero mi agarre es férreo, no iba a dañarlo, Sky me regañaría, pero esperaba poder calmarlo un poco, y porque no, hacerle pagar por quererla dañar. - Kaled, no le lastimes –dice ella acercándose a mi lado, me muevo intentando que no se acerque, este imbécil podría darle un manotazo o una patada, ella entiende el mensaje y se queda quieta. A los pocos segundos veo como comienza a perder la fuerza, una vez que deja de pelear lo dejo en el suelo, los hombres lo levantan y lo llevan a una camilla, no me separaría de ella en caso de que ese loco se pusiera violento. - Al fin –digo cuando lo veo dormir, había costado mucho trabajo lograrlo. - Esta muy dañado, sólo queda ayudarlo –dice bajo, sus ojos parecían 2 pozos de agua azul cristalina, casi podría jurar que era capaz de ver en lo más hondo de tu alma, y no me parecía tan irreal la idea, teniendo en cuenta lo buena que era rehabilitando personas, él incluido. - Eres la experta en eso, así que no lo dudo –ella se gira a verme con sorpresa, ríe negando, sus ojos habían cambiado a un azul un poco más intenso. - Gracias por contenerlo, pensé que si me dañaría –dice bajo, si debía ser sincera con ella, había tenido bastante miedo, porque este trabajo lo daba algunas veces; Kaled jamás sabría lo agradecida que había estado cuando salto frente a ella y detuvo al sujeto. - Claro que no iba a permitir que te dañará, así que tranquila, aquí estoy para cubrirte la espalda –le guiña un ojo, eso la toma por sorpresa, parpadea un par de veces sintiéndose tímida, su corazón da unos cuantos saltos, intenta calmarse. - Ahora puedes ir con los demás, tardará un rato en despertar, por lo pronto, curaré sus heridas físicas –se gira a tomar algunas cosas, sabía que las más difíciles de sanar eran las heridas que no se veían, esas dejaban cicatrices profundas, a veces, abiertas por quien sabe cuánto tiempo. - ¿Segura? Puedo quedarme hasta que te sientas segura –ella niega con una pequeña sonrisa. - De verdad, todo va a estar bien, ve –le empuja suave por la espalda, él ríe bajo y sale de la sala de recuperación. Ella suspira, el hombre la ponía nerviosa, y no sabía si era por lo que era o porque era Kaled siendo un hombre común y corriente, aunque sabía que eso duraría poco, él se recuperaría y se iría de ahí, tenía obligaciones, al igual que ella, su sitio era este, el de él era un mundo distinto, además, estaba seguro que no olvidaba del todo a su señora en sus vidas pasadas, niega, sus pensamientos no debían ir por ese rumbo, porque sabía que todo acabaría en una enorme decepción, y ella sabía lo difícil que era salir de ahí, lo mucho que dolía hacerse expectativas de algo sin tener la certeza de que era real. Niega y se concentra en preparar los ungüentos que necesita, era mejor no tener esperanzas.
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