“Un nuevo hogar” El camino duro al menos dos horas y media y nuestro camino no estaba nada claro todo, estábamos en medio de la nada, no se veía ni una señal de vida, no había civilización, solo desierto. Las camionetas se detuvieron en seco, en medio de esa nada, por un segundo miedo de lo que podría pasar, ni en mi propio padre puedo confiar, la piel se me ponía chinita con la insistencia de mi padre de que bajáramos de las camionetas. Al poner un pie en la arena las camionetas arrancaron con prisa y unas cuatrimotos aparecieron como por arte de magia, subimos en ellas de dos en dos, y manejamos guiados por mi padre hacía un destino desconocido. Llegamos a la entrada de una fortaleza enorme, al detenernos las puertas se abrieron con gran pesadez, podría decir que esa fortaleza es m

