“Dónde quedamos nosotros?” Unos segundos después María entró a mi habitación interrumpiendo mis pensamientos y se dejó caer al lado mío sobre la cama. Ella tiene la costumbre de quedarse conmigo, cuando no puede dormir, o no está del todo bien, no dijo nada y espere unos segundos al lado de ella hasta que se quedó dormida. Me bajé de la cama muy silenciosamente, para no despertarla y subí hasta la azotea. Saque un helado de vainilla del congelador que había y tomé asiento en mi silla, la idea de tener que matar en algún momento a mi hermano venía a mi mente una y otra vez, era como una máquina reproductora descompuesta, gire para ver las luces de la ciudad y era la vista más hermosa que había tenido jamás. Tenía un dolor en el pecho inexplicable, que en algún punto el corazón se me iba

