“Lo siento por todo… pero siento más lo que esta por pasar.”
Honestamente si Max cree que es su culpa no lo voy contradecir, mi hermana desapareció por su falta de compromiso, pero también fue culpa de ella, sabia perfectamente en lo que se metía al estar con él.
Max me miro y luego a mi padre.
— Quiero saber exactamente que paso. — Dijo mi padre y el enojo salía de sus ojos.
— Bueno… — Antes de que yo pudiera decir una palabra él se acerco a Max y lo tomo por el cuello de la camisa.
— Quiero saberlo de ti, no de mi hija. — Dijo y lo levanto levemente. — Que le hiciste a mi hija.
— Hey tranquilízate Robert. — Dije antes de que hiciera una locura. — Ella también tuvo la culpa.
— ¿De qué hablas? — Logre que soltara a Max. — Lo que quiero decir es que, Max tiene aires de rompecorazones y todas caen ate sus encantos.
— ¿¡Qué!?
— Es la verdad, mala suerte la tuya por conseguir a un socio tan joven y guapo.
Mi comentario no le hizo nada de gracia a mi padre, pero tampoco se trataba de eso, para ser honestos Max es todo un mujeriego.
Mis hermanas y yo conocimos a Max antes que mi padre, durante un trabajo que teníamos que hacer, él nos atrapo al perecer no fuimos lo suficientemente cuidadosas, pero cuando nos descubrió era muy tarde para huir así que nos ayudo a escondernos.
Cuando pudimos llamamos a mi padre para que nos ayudara, pero Max no nos dejaría ir así de fácil, algo quería a cambio y cuando supo quienes éramos no nos dejo salir hasta que mi padre fue por nosotras.
Mi padre nos rescato de las garras de Max, nos llevo a la casa de Barcelona y ambos entraron al despacho de mi padre, y cuando salieron parecía que eran amigos de toda la vida.
— ¿Qué va a pasar ahora? — Pregunto Max y mi padre solo lo miro como si quisiera matarlo.
— Pues ahora, hay que buscarla. — Me miro y ya sabia a qué se refería.
Cuando nos enteramos de que se había ido, fuimos al único lugar que sabíamos que podía estar. La encontramos y lo único que pudimos hacer fue hablar con ella, pero seguía negándose. Si mi padre iba y la encontraba nada bueno saldría de ahí.
— Yo me encargo de encontrarla y traerla. — Dije antes de que mi padre levantara el teléfono e hiciera algo de lo que luego nos arrepentiríamos.
Nuestra conversación termino y todos salimos sin un solo rasguño, mi padre salió del despacho en busca de su bella novia, quién según él estaría enojad or lo que paso. Max y yo nos quedamos solos.
— ¿Qué pasa con Eris? — Le pregunte mientras me servia un trago de whisky del bar de mi padre.
— ¿De qué hablas? — Pregunto sorprendido pero siempre ha sido malo mintiendo.
— Vi como te miraba. — Me di la vuelta para quedar frente a él. — Dime que no la has tocado.
Se quedo en silencio un momento y suspiro, quería matarlo.
— Y si es así ¿qué? — Me estaba retando y no se lo iba a permitir. — Ella ya no es una niña.
No sé que estaba pasando entre ellos dos pero estaba dispuesta a proteger a mi hermana con uñas y dientes.
— Además tú la abandonaste, si no importo nada antes ¿porqué ahora si?
— Tu no sabes un carajo. — Dije y avente el vaso al piso cerca de él. — Te permite que dañaras a una de mis hermanas, pero con Eris no te metas. — Dije y salí del despacho azotando la puerta detrás de mí.
Existen mucha cosas de las que Eris no tiene ni idea y si se enterara el mundo se le vendría abajo. Nuestra. Intención nunca fue abandonarla pero al descubrir la verdad de quién es mi supuesto padre no podíamos quedarnos en esa casa y mucho menos después de saber lo que realmente había pasado con nuestra madre.
Eris tiene dieciocho años y aunque ya esta grande lo que ha pasado durante estos años la tumbarían, queríamos dejar a mi padre sin tener que dejarla a ella, pero sabíamos que el daño que le causaríamos sería peor y nuestra única salvación fue dejarla con él.
Queríamos desaparecer pero como no pudimos hacerlo sin ella, nos quedamos, mi adre nos amenazo a las tres y nos dijo que si nos íbamos y lo delatábamos no la volveríamos a ver, no es sangre de nuestra sangre pero la queríamos, así que para estar cerca de ella tuvimos que aceptar seguir a mi padre en todo lo que el quisiera.
Pero eso no lo sabe Eris y por ahora no tengo intenciones de que lo sepa.
*Narra Eris*
Me di la vuelta para pedir perdón por no terminar de comer y salí del comedor, camine hasta el despacho y cuando estaba a punto de abrir escuche un grito y sin duda era de mi padre, di un paso atrás y gire hacia las escaleras, la idea de entrar a ese lugar con mi padre enfurecido y con los otros dos en no se cuales condiciones, bueno la idea se fue fácilmente.
Tome la maleta que estaba al pie de la escalera y cuándo subí el primer escalón escuche la voz de Aris.
— Eris, querida. — «No por favor no me digas querida.» — ¿Porqué no vienes y te sientas con nosotros y platicamos?
Sé que estoy siendo demasiado egoísta y tal vez un poco infantil, pero la verdad es que no tengo intenciones de platicar con nadie por ahora.
Negué con la cabeza y seguí el camino escaleras arriba, recorrí aquel pasillo que pocas veces había recorrido en mi vida, pasando por recamaras en las que había estado pocas veces, hasta que llegue a aquella puerta blanca que tantos recuerdos traía.
Abrí la puerta como si al entrar a esa habitación encontraría a alguien capaz de hacerme daño, cuando me asegure que no había nadie solo yo, me acerque a la cama, todo estaba tal y como lo recordaba.
Me sentí en la cama mirando en dirección al closet, cuando era niña mi mamá solía traerme a esta casa de vacaciones de invierno, pero cuando falleció mi padre decidió clausurar por un tiempo esta casa, su luto solo duro un año porque al siguiente ya estaba haciendo negocios turbios aquí.
Abrí el closet y saque la caja de recuerdos. Ahí estaban las fotos, cada recuerdo, tarjetas de cumpleaños, regalos, las pulseras solo había dos mía y de mi madre. Y al final de todos los recuerdos, estaba el vestido.
Deje la caja en la cama y saque el vestido dejándolo extendido sobre la cama, cuando di un paso hacía atrás para admirarlo la puerta de la habitación se abrió.
— Ese vestido siempre fue para ti. — Faith se quedo al borde de la puerta admirando el vestido que estaba sobre la cama.
— Pensé que ya te habías ido. — Me cruce de brazos y solo la mire en advertencia.
— Tenemos que hablar. — Dijo y camino hasta donde yo estaba. Pero al ver que di un aso alejándome de ella se sentó en el otro lado de la cama. — Si no quieres hablar esta bien, pero me vas a escuchar. — Dijo dándome la espalda. — Mi intención nuca fue abandonarte de ninguna de las tres, pero hay tantas cosas que si supieras hubieras tomado la misma decisión de nosotras, extrañamos a mamá tanto o más que tú, eres lo único que nos queda de ella.
Su voz comenzaba a cortarse, me acerque y me senté al lado de ella.
— Papá no es quién tu crees que es o al menos con nosotras nunca fue lo que es contigo. — Sonaba tan sincera. — Siempre hay una historia obscura detrás de alguien tan famoso, pero esa es una historia que no nos toca contar a nosotras, pero si descubrirlo por nosotras mismas. — Suspiro. — Podemos ayudarte y guiarte a encontrar el camino y la verdad, pero no puedo contártela porque no me creerías, así que es tu decisión, solo quiero que sepas que pase lo que pase siempre estaré a tu lado.
Me tomo de la mano extendiéndola y soltando un pequeño dije. Era un conejito.
— Siempre serás mi pequeña conejita. — Me dio un beso suave y se levanto caminando hacía la puerta.
— Espera. — Dije y me levante de la cama de golpe. —¿A dónde vas? — Pregunte, era tan raro que un día pareciera y al minuto se volviera a ir.
— Hope desapareció y tengo que encontrarla antes de que mi padre la busque y cometa una locura. — Dijo y tomo la manija de la puerta. — Lo siento tanto, por todo lo que ha pasado, pero siento más lo que va a venir. — No entendí a que se refería pero solo corre y le di el último abrazo.
Se sintió como la última vez, pero esta vez sí había despedida, en un susurro le dije adiós y la puerta se cerró dejándome de nuevo con la soledad y obscuridad.
Tome el vestido de la cama y me lo puse al menos así sentiría que las tenia cerca. Es un vestido hermoso azul claro, con un pequeño pliego en la parte de arriba, la parte izquierda la tiene cubierta por una malla dorada que llega del brazo a la cintura, tiene una abertura de la pierna izquierda hasta la mitad de la cadera, es largo y entallado, ralamente hermoso, por la parte de atrás tiene un escote que llega al trasero.
El vestido que mi madre eligió para cuando cumpliera dieciocho años, pero que ella jamas podrá verme con el puesto.