“No te abandone”
Aquella palabra que salía de su boca me dio escalofríos, jamás la había dicho tan fríamente como ahora. No solo fue la palabra la que me hizo temblar, también fue el hecho de que estaba frente a mí, era como si hubiera visto a un fantasma.
— ¿Qué no hay abrazo para mi? — Dijo y al instante me abrazo, no pude moverme, seguía asustada y un poco conmocionada.
— Querido. ¿Quién es ella? — Pregunto Aris-
— Uy golpe bajo. — Dijimos las dos al mismo tiempo y miramos a mí padre. — Ahora resulta que no soy nadie, lo peor de todo es que me viste llegar y ni siquiera valor de presentarme tuviste.
— Cariño.
— ¿Cariño? — Repitió Aris un poco enfadada.
— No te preocupes Aris. — Dije y me acerque un poco a mi padre. — Ella es Faith, mi hermana mayor. — Quise sonreír pero no pude, tenia que contener las lágrimas que amenazaban con salir. — No tenía idea de que estabas aquí.
— Conejita. — «Otra ves no.» — Me da gusto saber que estas bien, pero lamento decirte que no estoy aquí del todo por ti.
— Me lo esperaba, ahora resulta que a nadie le importa mi existencia. — Quise alejarme un poco pero la mano de Arlo me detuvo.
Esto se había convertido en una plática un poco intensa en cuanto problemas familiares que no involucraban a Arlo ni a su madre. Le dirigí una mirada de auxilio a Arlo que entendió a la perfección y justo cuando estaba a punto de huir con Arlo al lado mío el misterioso Max que había desaparecido por un pequeño momento regreso.
— Robert. — Dijo y se detuvo en cuanto noto la presencia de alguien más ahí. — Hola, perdón no sabia que seguían en la reunión familiar. — Note que quería reírse pero se contuvo.
— Vaya el guapo socio de papá también esta aquí. — Dijo Faith mientras se acercaba muy seductoramente a Max. — Hola lindo. — Algo en mi interior quería matarla, eran esos celos estúpidos que odio tener.
— Hola. — Max solo se limito a saludarla con un beso en la mejilla pero en sus ojos se veía el deseo.
Para ser honestos, el hecho de que haya dicho que no venia por mi fue doloroso, es mi hermana y por mucho tiempo fue mi mejor amiga, pero ya sé que no podemos tener todo lo que queramos pero entones ¿Cómo funciona la vida? Bueno eso no importa ahora, realmente tenia curiosidad de saber la verdadera razón de que Faith estuviera en esta casa, si no era por mi entonces ¿Por quién?
— Bueno porque no vamos a comer y luego seguimos con esto queridas. — Mi padre tiene cierta manera de llamarnos a Faith y a mí, pero a veces se avergüenza de ello.
— Bueno, si no me presentaste con tu novia, lo menos que puedes hacer es invitarme a comer. — Faith camino hasta el comedor con ese aire de superioridad que la caracteriza y yo solo la miraba.
— ¿Vamos? — Susurro Arlo pero yo estaba perdida en ver como Max la seguía como perrito obediente. — Eris!
— Ah!, mande. — Conteste al grito de Arlo que me devolvió a la realidad.
— ¿Vamos?
— Sí, claro. — Respondí y caminamos juntos hasta el comedor.
Al llegar pude notar que todos habían tomado su lugar. Mi padre se sentó a la cabeza de la mesa, de su lado derecho estaba Aris, Faith y al lado de ella MAX. «¿Qué ahora no te puedes mantener lejos de ella?» Quería gritarle a Max pero me contuve, no tenia razones para ponerme celosa, pero lo estaba, debo de admitir que mi hermana es demasiado hermosa.
Arlo y yo nos sentamos del lado izquierdo de la mesa y durante toda la comida no podía dejar de ver como Faith se le insinuaba a Max, pero bueno así es ella y es lo que más me molesta.
Faith es mi hermana mayor por siete años, cuando vivíamos juntas era mi mejor amiga, siempre estaba cuando más la necesitaba, nunca me dejo sola, pero cuando mi madre murió las tres se alejaron. Faith es parte de unas trillizas ella es la mayor, las otras dos son Hope y Charity también eras muy cercanas a mi, pero me llevaba mejor con Faith, las tres desaparecieron en cuanto enterramos a mi madre, ¿A dónde fueron? No lo sé.
Debo de admitir que ellas son la verdadera razón por la que me acepte trabajar para mi padre, resulta que cuando yo tenía cuatro años y ellas doce, mi padre las envió a una academia, donde les enseñaron de todo para poder ser las mejores asesinas de todo el mundo y por un lado siempre quise ser igual a ellas. Solía ver como mi padre las llenaba de elogios, regalos y mucho cariño, pero parecía que para mi no había nada, así que pensé que si me convertía en algo similar a ellas mi padre pensaría diferente de mi y me amaría como a ellas.
Luego descubrí que no era necesario, peor entonces se volvió una meta para volver a verlas, si se habían ido mi padre era el único que sabría de su paradero, pero jamás me lo diría y si trabajaba para él talvez algún día volvería a verlas.
Más temprano que tarde una de ellas volvió pero quería saber más de ella, pero eso seria un poco difícil.
— Y ¿Cómo estas pequeña conejita? — Pregunto Faith.
— Si no estas aquí por mi, no tendría que importarte. — Conteste tratando de no sonar molesta, pero no lo logre.
— Ay! Por favor Eris. — Dijo mi padre mirándome fijamente. — No seas grosera.
— No estoy siendo grosera estoy siendo realista. — Dije y avente el tener al plato. — Si no le importo mi salud ni mi vida en estos trece años ¿Porque te importa ahora? — Alce la voz, ya no eran los celos, ahora era la rabia la que hablaba.
— Siempre me has importado. — Dijo tan tranquila que me hizo enojar aun más. — Pero no podía buscarte.
— Claro, no podías buscarme por era peligroso. — Dije y sentí como la sangre empezaba a hervirme. — Me abandonaste con un hombre que rara vez se acordaba de mi, te largaste con las otras dos a vivir una vida lejos de aquí, te necesitaba y tu te fuiste. — Agache la cabeza y sentí la mano sobre la mía y solo lo mire.
— No te abandonamos…
— Entonces como le llamas a lo que hicieron, irse de la noche a la mañana sin avisar, sin decir adiós. — Dije antes de que ella pudiera decir algo más.
— Basta! — Grito mi padre y se levanto del asiento. — Esto no es para que Arlo y Aris estén escuchando sus problemas. — Nos miro fijamente a las dos y opte por sentarme y quedarme callada.
Hubo un silencio incomodo, quería gritarle y reclamarle todo lo que no había podido reclamarle, pero también quería contarle todo lo que había vivido, porque aunque no lo pareciera la extrañe.
— Eris. — Aris rompió el silencio y levante la mirada hacia ella. — Dijiste “Tú y las otras dos” ¿Hay más?
Mire a mi padre, a quien una vez más se le había bajado la presión, y luego mire a Faith sabía que si yo no decía nada ella lo haría y no de la manera más sutil posible.
— Sí, hay tres ella. — Fije mi mirada en Faith. — Son trillizas, Faith, Hope y Charity.
Aris miro a mi padre pero él tenía la mirada clavada en el plato. Las cosas no terminaron muy bien entre mi padre y ellas y por eso se fueron, nunca supe qué paso, pero algo bueno no fue.
— Vaya así que ahora somos unas desconocidas para ti. — Pude ver la decepción en sus ojos y mi padre solo la miro.
— Faith… — Dijo y pude sentir la culpa consumiéndolo.
— No importa. — Dijo y soltó un suspiro. — Igual tampoco vine por tí. — Dijo y se giro a Max. — Vine por él. — «¿¡Qué carajos?!» — Pero implica que tú también vengas.
Los tres se levantaron de la mesa y yo detrás de ellos, sabia que no me iban a dejar entrar a su reunión así que solo me limite a verlos perderse en el pasillo.
— Eris, termina de comer. — Dijo Aris pero decidí ignorarla.
*Narra Faith.*
Ver a mi pequeña hermanita a sido lo mejor que me ha pasado en años, pero si Eris supiera la verdad de tantas cosa su vida cambiaria por completo y ella aún no merece eso.
No me sorprende que mi padre no dijera nada de nosotras pero no me importaba la verdad, ahora solo quería resolver un par de cosas.
— De ¿Qué necesitas hablar? — Pregunto mi padre mientras se sentaba en su silla como todo un magnate.
— Es tu hija, Hope. — Dije y mire a Max a quien esto también le incumbe.
— ¿Qué pasa con Hope?— Preguntó Max y aunque pude ver la preocupación en su cara no le creí.
— Eres todo un rompe corazones. — Respondí.
— Faith déjate de tonterías y dime que pasa con tu hermana.
— Esta bien. — Respondí y me senté en el borde de la ventana. — Hace unos días terminamos la misión que nos diste a cada una, quedamos de vernos en Lisboa al terminar, las tres, cuando llegué solo estaba Charity esperando en el lugar. — Me acerque a ellos. — No había rastro de Hope, fuimos a casa a esperarla, pensando que se había atorado con algo, pero ese mismo día encontramos una carta en la casa sobre su cama. — Saque la carta de la bolsa que traía y se la extendí a mi padre.
*La carta*
Queridas conejitas.
Siento tanto no poder estar con ustedes pero creo que es momento de empezar de cero, iré a buscar a aquella persona que siempre estuvo para nosotras. No puedo soportar ver a Max con mi padre y no correr a sus brazos, espero que lo entiendan, recuerden que siempre estaré para ustedes.
— Hope.
— Se fue, y no sabemos a dónde.
— Fue mi culpa. — Dijo Max y yo solo asentí.