La tragedia del diablo (última parte)

1235 Words
El grupo de asesinos se acercaba con cautela por las calles desiertas, su caminar era ligero, apenas perceptible para alguien común, su capacidad de movimiento era muy similar al de un espectro en la noche. Pronto llegaron a su objetivo. Uno de sus compañeros yacía muerto, por obra de un disparo mientras que otro había conseguido activar la bomba de luz, revelando la presencia de su enemigo. “El rompecorazones estaba cerca”. Demasiado. Concluyó uno de los soldados. Sin pronunciar palabra alguna, son señas silenciosas, intercambiaron la información del descenso de sus colegas y ordenaron la inspección del área. Debían tener mucho cuidado de ahora en adelante para poder encontrar a Mila. Entonces, un sonido ligero irrumpió el silencio desolador: el disparo de un arma con silenciador, apenas perceptible pero igualmente notorio, era un sonido bastante ligero por lo que se deducía lejano, pese a la atenuación del ruido, el grupo pudo percibirlo, era el arma de Mila, aunque sin identificar su posición exacta. Aunque el sonido la delataba no se conseguía dar con el enemigo, tan solo el resultado de su obra: Su víctima colapsando ante la incredulidad de todos, el sonido de su cuerpo chocando con el suelo solo acaparó mayor atención cuando otro cuerpo le siguió al anterior instantáneamente. Es imposible. Dos disparos perfectos ejecutados en diferentes direcciones y sin una fuente visible, que alguien consiguiera ese nivel de precisión en dos ocasiones completamente distintas ¿Dónde se encontraba? Se miraron entre sí, nerviosos se preguntaron todos mientras sus rostro se miraban y en muchas otras direcciones al mismo tiempo. Todos buscando respuestas que nadie podía otorgar. El primer disparo había sido a un costado del grupo que dio la orden de avanzar, mientras que otro estaba en un sitio completamente opuesto a la posición del caído ¿Cómo lo hizo? Era un impacto imposible de lograr y aun así lo estaban viendo en aquel momento, todos eran testigos de lo impensable. De nuevo el silencio amenazó sus vidas, ya no sabían si era seguro mantenerse callados, pero permanecían así apuntando en diferentes direcciones. Otro cuerpo completamente lejano a los otros dos cayó contra el suelo. Esta vez era mucho mas lejano a los anteriores. El pánico se apoderó de todos como un vil demonio obligándolos a resguardo inmediato. ¿Estará en alguno de los techos? Pensó Ben, el líder del grupo y el más inteligente entre ellos. Sus ojos recorrían en entorno con desesperación, tanto que incluso parecían temblar por doquier sin creer en lo que estaba pasando. Incluso estando, resguardándose de los disparos, estos caían certeros en sus objetivos, seguían impactando con una precisión casi quirúrgica, no había un patrón aparente o al menos alguna pista que declarara la ubicación de la asesina, solo las victimas que caían una tras otra. Entonces la vio. Era una sombra en el suelo que se desplazaba con rapidez, alzó la mirada y finalmente la descubrió. Saltaba de edificio en edificio sin temor alguno, una agilidad terriblemente increíble, sujetándose con una pistola de arnés que disparaba y retraía el cable con fluidez, parecía una danza aérea del más temerario de los acróbatas jamás antes visto, constantemente, en pleno aire la mujer se balanceaba, con su otra mano apuntaba con precisión letal y eliminaba sin piedad con uno de sus ataques a uno de los soldados que corría en busca de refugio. La humillación ardió en el pecho de Ben, su sangre hervía al presenciar aquel espectáculo imposible. Nadie que conociera podría recrear semejante acto incluso si lo intentara el más experimentado en combate. De solo pensar en aquella acción de la mujer que se balanceaba sus ojos no se permitían ver absolutamente nada más. Apenas había ruido, y aun así, cada caída de sus víctimas, se convertía en una oportunidad para ella. Era una escena sacada solo de la ficción más exagerada. Pero no, no era ficción. Aunque rompía toda lógica que él antes hubiera refutado con habilidad, lo sabía muy en el fondo, eso era algo que solo la mujer frente a él podría hacer. Ben tragó saliva “verdaderamente es el asesino rompecorazones” intuyó antes de que aquella rabia contenida finalmente explotara. Apuntó su arma al cielo haciendo que disparara sin cesar con la esperanza de que acertara al menos una vez. Las posibilidades de sobrevivir se desvanecían con cada segundo. Los soldados, desesperados, imitaron la acción frenética de Ben con tal de deshacerse de la asesina que se columpiaba entre las ventanas de los edificios. Entonces, los disparos cesaron. Un silencio denso y aterrador se apoderó del ambiente. La cruda realidad los golpeó de inmediato: las municiones se habían agotado. Tenían menos de un segundo para recargar antes de que su enemiga retomara el ataque. Era absurdo. Eran casi cuarenta soldados antes de ingresar en el territorio. Con dos edificios derrumbados su número se había reducido a cerca de treinta. Ahora, quedaba poco menos de quince. En menos de tres horas, “todo en menos de tres horas” recalcó Ben. Y los más increíble: una sola persona lo había logrado. Un solo asesino había acabado con más de la mitad de los mejores soldados. Una acción poco creíble, pero cierta. Era una verdadera odisea enfrentarse a Mila. No era un combate. Era una ejecución. Y lo peor de todo es que ellos mismos se habían condenado sin darse cuenta. Nuevamente, los disparos se dieron al aire, el miedo se estaba apoderando de su juicio y ya no se permitían pensar con claridad. Sus pensamientos les nublaban el juicio a tal punto que incluso gritaban de desesperación como si quisieran espantar a una bestia con ellos. Hasta que un disparo heló a todos. Esta vez, no era desde el cielo, había sido desde tierra ¿Cuándo sucedió? Nadie podía responderse, rápidamente todos se posicionaron a espaldas para cubrirse mutuamente, se reagruparon torpemente pero igualmente lo hicieron, pero a sorpresa de todos. Otro disparo, de nuevo un caído. Esta vez, había dado justo en el pecho. Un impacto directo y de frente. Imposible. De nuevo una acción fuera de toda lógica, su forma de ser era así, entonces, si Mila estaba allí… ¿Por qué nadie se dio cuenta? ¿Por qué nadie la había visto? Ben se mordía los labios desesperado por alguna respuesta. Ya nadie ponía resistencia, sentían escalofríos y sus armas sonaban debido al temblor en sus manos, otro disparo sonó esta vez sin impactar a nadie, todos consternados dirigieron sus armas hacia el origen de aquel proyectil. Grave error. Otro impacto acertó el costado de otro soldado. Atemorizados comenzaron a disparar nuevamente hasta agotar sus municiones, cuando lo notaron apareció Mila. Su cuerpo bañado por la luz de un poste que intermitente le daba un aspecto aun más aterrador, disparó nuevamente acertando a uno de ellos mientras que otros solo podían quedarse inmóviles, es su hazaña quisieron correr hacia ella y atacar, pero su torpe actuar por el trauma ocasionado solo le permitió a Mila acertar nuevamente. Hasta que solo quedó Ben. Sus ojos se cruzaron, Mila fijamente notó como temblaba en el suelo, arrodillado y murmurando algo inentendible. Hasta que disparó de nuevo esta vez a la cabeza del hombre, Mila suspiró, su tarea estaba hecha, pero a un precio terrible, su herida se había abierto una vez más y sangraba. Aun así tenía una misión pendiente, la de ver a Beltrán y Simón.
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