Amor y odio.

1498 Words
Simón el día que reclutó a su ayudante infaltable era tan solo un joven de 19 años, su semblante era un tanto más pálido pero aun mantenía un desdén por la vida bastante deprimente, su misión se basaba en hacer caso a las exigencias de su hermano mayor con tal de seguir vivo, no conforme con ello, debía siempre mantenerse por debajo del hombre con mascara de demonio para que este no sintiera la necesidad de atacarlo, aun así, sabía que en cuanto hubiera oportunidad lo apuñalaría por la espalda sin dudar. Aquella tarde debía hacer limpieza de una de las tantas travesuras de Silvia, la joven asesina que resguardaba del Diablo y hacía a su antojo toda clase de crímenes incluso fuera del conocimiento del distrito. ¿Cómo conseguía evitar a tan terrorífica entidad? Nadie lo sabía, solo conocía que en ese momento debía de hacerse cargo de un pequeño departamento con una pareja como victima de sus fechorías. Solitario, el joven caminó por el edificio vacío casi sorprendiéndose por como este se encontraba vacío, supuso que Silvia se habría encargado de todos los residentes; no le importaba, solo debía hacerse cargo de una pareja en específico, según ellos eran deudores de un préstamo con intereses altísimos ¿Quién en sano juicio aceptaría semejante trato? Pensó en su camino hasta que llegó a la pequeña habitación, su pregunta quedó en el aire entre que sus pasos continuaban sin importar que sus zapatos se ensuciaran con la tanta roja desparramada por el lugar, la forma en que se había encargado la mujer era siniestra y en cierto modo asquerosa, ya que los cuerpos, aunque yacían en el suelo juntos, dejaban un rastro sangriento en todo el lugar como si hubiera jugado con ellos antes de haberse deshecho, eso tampoco lo emocionó hasta que un sonido consiguió llamar su atención, un pequeño ruidillo de alguien intentando no gemir, se dio cuenta instantáneamente que era un niño, caminó un poco buscando hasta que encontró un pequeño portón en el suelo, en cuanto lo abrió vio a un niño tratando de no llorar, sus ojos estaban hinchados y enrojecidos hasta mas no poder, sus pequeñas manos se notaban en puños rojizos deslizándose en liquido como si hubiera apretado los puños hasta herirse, su boca estaba herida del labio inferior notando que aguantó las ganas de llorar como nunca. La imagen era conmovedora y triste, pero ni siquiera consiguió emocionar a Simón quien sin pestañear levantó sosteniendo de la cabeza al niño mientras este pataleaba desesperado, su semblante frio y calculador apenas mostraba brillo en sus ojos y a punto de tirarlo contra el suelo para finalmente acabar con su existencia sintió como su cuerpo se desequilibraba hasta caer. Su visión en un parpadeo cambió de ver fijamente al niño sufriendo a ver el suelo manchado de sangre, sintió como su enorme camisa blanca se tenía de los rastros de sangre del suelo, pero su cuerpo dolía demasiado para ser tan solo un resbalón ¿Cómo fue posible? Se pregunto seguidamente de un vistazo a su alrededor, de inmediato notó a una niña con cabello desordenado y ojos llorosos, sus rodillas estaban raspadas y su cuerpo temblaba ¿Cómo lo hizo sin que yo lo notara? Dijo para si mismo, entre su sorpresa sus ojos se posaban firmemente en la pequeña, alguien capaz de moverse así de rápido y sin ser detectada, la pequeña adolescente tenia un potencial impresionante que en menos de un segundo encendió un brillo en los ojos de Simón. Un rastro de esperanza se posó en su interior adicto y ansioso por fin ser liberado de su sentencia impuesta, la niña solo se fijaba en la protección de aquel niño que inconsciente respiraba errático, tras notarlo, se dio cuenta de una debilidad que ella tenía, y estaba dispuesto a explotarlo con tal de que ella fuera suya, su corazón latía de emoción mientras se levantaba en busca de una silla y estratégicamente la colocaba frente a la chica que solo podía sostener en sus brazos al pequeño niño, su rostro esbozaba un enorme sonrisa de ver como la niña tan débil y temblorosa lo miraba fijamente determinada a matar si se le acercara si quiera. Simón entonces extendió su mano a aquel gato callejero que no dejaba de gruñirle con su pequeño hermanito en brazos, su cuerpo reposaba en la silla disimulando el dolor que le costó aquel descuido, su mente en ese momento solo pensó en que la niña podría servirle, incluso más cuando notó la belleza salvaje que vertía la joven llena de moretones y raspones. — Ese niño ¿quieres que siga con vida? — interrogó extendiendo la mano esperando que la chica asintiera, sus engaños estaban por comenzar a actuar — si te quedas conmigo, te cuidare — propuso de inmediato. — ¿nos matarás? — preguntó con voz temeraria — hiciste eso con mis padres ¿Por qué intentas negociar? — continúo impresionando al joven, nunca había visto a alguien que no temiera la muerte. — Me interesas, niña — respondió — tus padres, no son mi problema, pero tú me gustas — señaló con su mano al niño que sangraba en los brazos de la muchacha — Si no te interesa vivir a ti, perfecto, cuando te mate, puedo hacerte mía — sonrió casi al punto de soltar una carcajada, sus ojos afilados no dejaban de atemorizar a la niña. — ¿Entonces? — preguntó curiosa manteniendo su mirada fija al joven que no dejaba de mofarse de ella, su sonrisa tonta solo le producía asco y cada vez sentía mayor rabia, el miedo se estaba transformando en un odio tan terrible mientras que por su parte Simón solo sentía mayor atracción ante la actitud de la joven. — Ese mocoso te interesa ¿verdad? — acertó dejando helado el cuerpo de la pequeña quien comprendió al instante lo que el hombre pretendía, era su vida a cambio de la de su hermano, un trato que la ataría por siempre al hombre sin objeciones. — se mía, y la vida del niño será tu recompensa, no quiero nada más, solo tu lealtad, tu amor, tu fidelidad, tu alma, te quiero solo para mí. Tales palabras se marcaron a fuego en el corazón de la colegiala que no tenía muchas alternativas, la sangre seguía escapando de la cabeza de su hermano y su pequeño cuerpo estaba comenzando a enfriarse, tras el joven desconocido había cuerpos degollados de quien alguna vez llamó padres, la habitación era un desastre completo comparado a las ropas casi impecables del hombre que tranquilamente posaba sobre aquella silla. — Soy Emilia — se presentó dejando el cuerpo de su hermanito en el suelo y acercándose a tomar su mano — estoy a sus órdenes. — Soy tu dueño, Simón — se presentó tomando la mano de la mujer tirando de ella y robándole un beso que pronto Emilia separó para cubrirse el rostro con rabia intensa — ese beso es una muestra de tu valor para mí, cada vez que lo haga tú deberás mostrarte agradecida, por que significará que estoy dispuesto a protegerte de todo siempre y cuando tu estés dispuesta a seguirme sin dudar. — se levantó para luego tomar al niño y cargarlo en su hombro, frente a la muchacha asustada el hombre caminó hacia la puerta para luego llamar a su nueva subordinada — por cierto, tu nombre es muy largo para una mascota, serás ahora Mila, mi ratoncito. — Si, Simón — respondió con aquella mirada mientras que Simón solo lo permitía en silencio. Así el pacto definió una relación de amor y odio que duraría hasta esa noche de caos y conflicto, Mila sería la única capaz de llamarlo por su nombre desde entonces al mismo tiempo que en la agencia de la mafia ella sería considerada la mujer de Simón, intocable al mismo tiempo que servidumbre en una especie de circulo vicioso que exigía amor y odio profundo entre ambos, Simón la convirtió en su ayudante perfecta y Mila se limitaba a obedecer por continuar con su vida, ninguno jamás demostró cariño, solo obsesión el uno por el otro al mismo tiempo que sumisión constante. Aquella noche Simón recordó por que era Mila su favorita, la mujer estaba gritando a toda potencia su nombre entre que él junto a su hermano caminaba en dirección a donde se encontraba ¿ye te despertaste? Pensó con una sonrisa dibujada en su rostro completamente en silencio, la satisfacción y orgullo que sentía por ver a la pequeña bestia despierta y lista para contraatacar le devolvían a demostrar por que la escogió. Acercándose en pleno silencio ambos conectaron sus ojos seguido un robo descarado de Simón, un beso robado dejaba a todos atónitos, Mila ya estaba acostumbrada, aunque el desconcierto no lo podía evitar no importa cuantas veces pasara. Entonces recordó las palabras de aquel día, en efecto, ambos iban a luchar y debían protegerse mutuamente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD