Mila el asesino rompecorazones

1557 Words
Mila había sido capacitada en diferentes áreas desde que fue adolescente, a los 16 en una tarde lluviosa ella llegó de su instituto solo para encontrarse con su pequeña habitación de departamento donde vivía con su familia, la sangre dejaba un camino rojo carmesí por doquier mientras que los gritos de su hermano comenzaban a escucharse en el pasillo, la pobre niña soltó su mochila y un pequeño chocolate que con mucho esfuerzo había conseguido comprar, al llegar solo pudo ver a un joven Simón sosteniendo de la cabeza al infante mientras este lloraba sin cesar. Aquel momento fue suficiente para que ella saltara disparada al hombre embistiéndolo y consiguiendo soltar al pequeño niño de tan solo 4 años, rápidamente la niña se levantó ágilmente consiguiendo ponerse como un escudo entre el niño y aquel sujeto misterioso. En ese momento, ella pensó todas las posibilidades que podía para poder escapar con la única familia que le quedaba, su cuerpo temblaba por el esfuerzo que hizo al mismo tiempo que los escalofríos no dejaban de atacarla como si el frio mismo se hubiera apoderado de su alma, sus ojos temblaban y ardían en llanto contenido por ver los cuerpos sin vida de sus padres, sus piernas no dejaban de temblar. Estaba destruida por dentro pero no podía permitirse ni siquiera secar sus lagrimas debido a que si se movía se quedaba en total desventaja del hombre que la miraba impasible. Unos minutos pasaron para que en una sonrisa siniestra el hombre comenzara a reír en carcajadas, se dio media vuelta, momento que la pequeña aprovechó para revisar a su hermano inconsciente, notó como un hilo de sangre se deslizaba de su frente mientras lo abrazaba y revisaba su condición, ella nunca había estado cerca ni siquiera de un mínimo accidente, pero en ese momento su determinación la hacían abrazar a su hermano con todas sus fuerzas mientras sus lagrimas se negaban a quedarse encapsuladas en su interior. Simón arrastró una silla y tomó asiento, en ese entonces el joven dueño del callejón “S” ya tenía fama de ser cruel y despiadado, pero en ese momento no parecía tener ganas de sacrificar a los hermanos, bajo un atardecer sombrío de lluvia y tormenta, el hombre tan solo extendió la mano y en un “hagamos un trato” selló el compromiso que la ataría como su esclava de por vida. Mila abrió los ojos de pronto, su cabeza aun daba vueltas por la anestesia, tan pronto como vio el techo reconoció que estaba en su habitación, sus memorias eran ligeramente confusas, pero recordaba todo en cuanto a lo sucedido, no tardó mucho antes de que un pequeño flashback se le atravesara recordando el momento exacto donde su vida cambió, el trato con Simón a cambio de la vida de su hermano. Aun se preguntaba si lo que había hecho ese día era lo correcto cuando un estruendo la alertó obligándola a levantarse; el aroma a humo se hacía evidente y los sonidos del caos le advertían que no estaba segura, de pronto sintió la misma sensación que cuando era pequeña, un presentimiento de que algo andaba mal y que se transformaría en algo letal, era como un detector de peligro para ella, como si su inconsciente le dijera que debía salir de allí lo mas pronto posible, sin embargo, al querer levantarse de su cama una punzada la detuvo en seco. Su blusa estaba manchada de sangre y bajo un corte cuidadoso se notaban vendas recién nuevas sobre su piel; recordó que había sufrido daños por el escape de Beltrán, pronto se preguntó en donde se hallaba al mismo tiempo que le intrigaba saber sobre Simón ¿Qué relación tienen? Se preguntó a sí misma intentando levemente volver a levantarse, al ver la ventana miró el desastre mismo haciéndose presente, una mezcla del infierno y el caos en un solo sitio se notó a lo lejos, la escena era un naranjas y rojos centellantes. Rápidamente olvidó su dolor para caminar tan rápido como se lo permitía su cuerpo hacia su armario, de allí sacó una chaqueta de cuerpo y un par de pantalones anchos, se los puso para luego dirigirse a la armería donde se encontraría con varios de sus colegas en ese momento tomando todo lo que podían sin siquiera preguntar para que servía, solo les interesaba salir a la guerra que ocurría afuera. — ¿Qué esta sucediendo aquí? — preguntó a todos mientras notaba como era ignorada hasta que alguien la escuchó, era Jane una de sus compañeras experta en disfraces. Jane era una de sus mejores aliadas, dentro del campo de entrenamiento había demostrado tener habilidades de infiltración y robo de datos, ella junto con Julia y Mila eran un equipo de alto nivel imposible de vencer, pero no siempre permanecían juntas ya que los oficios regularmente eran mas de encargos que de robo, Jane pese a ser baja y de contextura fuerte se destacaba por ser la mujer “mil caras” en el mundo bajo y muy rara vez era descubierta, sus ojos como los granos del café eran muy engañosos como para engañar a cualquiera mientras sonreía con sus labios rojos carmín al mismo tiempo que su cabello rizado. — ¡Por Dios! — dijo impresionada de ver a su amiga de pie frente a ella — creímos que estabas muerta. — No exageres— contestó pensando que seguramente era una de sus tantas bromas, se acercó fingiendo que el dolor le impedía moverse y con facilidad tomó varias navajas y dos pistolas para armarse— sabes que no es gracioso. — No ¡definitivamente no estoy bromeando! — reaccionó sujetando por los brazos a Mila — te vimos llegar bañada en sangre ¡el medico no podía frenar la herida! — le gritó haciéndola entrar en razón para luego bajar su rostro y apoyarlo en su pecho — ¿sabes cómo me sentí en cuanto te vi? Jamás me había horrorizado tanto y soy una asesina. La mujer consternada no podía creer lo que estaba escuchando, su cabeza aun daba vueltas y no recordaba mucho desde la última indicación que le dio a Beltrán para llegar al callejón “s” su cuerpo claramente le dolía demasiado para soportarlo y no podía ver el rostro de su amiga pero sabía que realmente estaba preocupada, sus ojos se arrugaron ligeramente mientras en un minuto de reparo alejaba a su amiga para consolarla, no necesitaba decir mucho solo una sonrisa fingida de que todo estaba bien con ella fue suficiente. Ambas habían estado juntas desde los 16 años, ya se consideraban familia, no obstante, el trabajo en el que estaban envueltas no era para tener vínculos de ese tipo, Mila se lo recordó con aquella falsa sonrisa y Jane no tuvo mas opción que fingir aceptar la dura verdad, eran muy buenas mentirosas como para identificar a otro mentiroso frente a ellas. — Es ese tipo, Furer — respondió volviendo a ver como todos corrían desesperadamente de lado a otro intentando hacer lo imposible por resolver el conflicto — Pero la cosa no acaba solo con eso, también están los hombres del Diablo — miró a Mila, su semblante era bastante serio como para ser una broma de mal gusto — ambos te quieren muerta. — A mi no. —respondió cortante como si la explicación simplemente hubiera sido un cuento para niños — buscan a Beltrán Cold ¿Dónde está? — Fue con Simón hacia una de sus habitaciones, quizá se encuentran charlando… no lo sé. Mila en ese momento decidió tomar uno de los teléfonos para llamar a Simón, pero la llamada no dejaba tan solo de sonar constantemente, era como si no quisiera responder, intentó un par de veces más antes que en un acto de furia colgara el teléfono con fuerza “maldito mimado” gritó con todas sus fuerzas convirtiendo el salón en un silencio absoluto. La mujer entonces se acercó a uno de los micrófonos de comunicación y en un inhalo profundo soltó un gritó tan potente que todos asombrados tapaban sus oídos, era una mezcla entre temor y admiración hacia la mujer que gritaba constantemente a al dueño del callejón “S”, fu en ese instante que alguien la reconoció. — ¡es el rompecorazones! — dijo con sorpresa, la emoción de reconocerlo hizo que todos se impresionaran al punto de estar enloquecidos. — ¡Simón! — gritó una vez más con todas sus fuerzas generando un pitido inaudible en el micrófono — ¡malnacido imbécil! — provocó terror entre el público — ¡sal e una maldita vez y contesta tu estúpido teléfono! — pasó de golpe para recuperar el aliento y se sujetó el vientre al disimulo, sus heridas quemaban y le costaba pronunciar palabras, aun así no se iba a quedar de brazos cruzados ante el caos que se estaba ocasionando y mucho menos sin conocer el motivo de ello. Estaba a punto de volver a gritar nuevamente cuando entre la multitud un camino se abrió dejando pasar a Simón y Beltrán, el mafioso con cara claramente irritada intentando contener su rabia con una mueca que parecía ser la de una sonrisa mientras que el millonario solo podía sentir su temperatura bajar rápidamente ante las agallas de aquella mujer.
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