El nuevo convenio familiar contra el Diablo

1575 Words
Las pruebas de sangre en esta época era algo de lo más usual, en muchos casos era muy usual para identificar a las victimas de homicidios, pero también permitía saber sobre los vínculos sanguíneos; algo común y corriente para todos los demás simples mortales en el mundo, no obstante, los resultados que saltaron en aquel examen entre Simón y Beltrán lo dejarían sin palabras. Un puntaje mas alto del 90 porciento era un signo de hermandad biológica y sin discusión entre aquellos desconocidos que apenas se miraban las caras, pese a no tener ni un solo rasgo más que el del color de cabello similar, era una absurda forma de girar los hechos en ese preciso instante. El mafioso dueño del callejón “s” sonrió como si no creyera el resultado en sus manos, con un suspiro disimuló el desconcierto mientras devolvía la mirada e intentaba una vez más congeniar con su hermano recién descubierto. No podía creer que tenía uno de los doce hijos frente a él y mucho menos uno que consiguió escapar de la cacería de Damián, era mucho mejor de lo que se imaginaba, después de todo el rencor que guardaba tanto rencor por el hombre que envió a matar a su madre y el hermano que lo rebajó a un simple esclavo. Beltrán por su parte, apretó los puños mientras sus ojos recorrían el rostro de quien decía ser su hermano mayor, buscando algún rastro de familiaridad, algún vestigio de la sangre que los unía. No lo encontró. Para él, aquel hombre seguía siendo un extraño, una amenaza, alguien que había vivido en la oscuridad de la mafia y ahora pretendía forjar un lazo solo porque el destino lo había decidido. Pero la sangre no lo era todo. No para aquel hombre que había sido criado en un prostíbulo donde el engaño era el rey de las maldiciones y los placeres más íntimos. En ese momento solo una cosa pasaba por su cabeza, una madre que lo crio los primeros años y luego se entregó al olvido entre cada noche compartía con un hombre diferente, la imagen de verla después postrada en una cama y agonizante pidiendo perdón por no entregarle una mejor vida se repetía mientras una frase se le cruzaba en su mente “¿esta es la vida que me querías entregar?” sintió un nudo en su garganta mientras el odio crecía lentamente. Desde un inicio su vida no habría tenido algo mejor, no siendo familia de la mafia, siendo uno de los herederos del primer mafioso que creó este mundo tan retorcido. Simón, por su parte, no dejaba de sonreír. A pesar del desconcierto inicial, había algo en él que disfrutaba del caos. Siempre lo había hecho, era parte de su día a día; ya estaba acostumbrado. La vida en las calles y los negocios turbios lo habían enseñado a sacar provecho de las situaciones más inverosímiles, y encontrar a uno de sus hermanos, después de todo ese tiempo, era una oportunidad que no pensaba desperdiciar. — Beltrán Cold, ¿verdad? Pareces sorprendido... — dijo, con un tono que no encajaba con la gravedad de la situación, arqueó una ceja notando la rabia que contenía el hombre frente a él, como si sus palabras fueran solo un juego decidió continuar con su discurso — Ah, el rencor... Siempre es el rencor lo que nos une, ¿no? Incluso ahora que sabemos que somos familia, pensamos en como nuestras madres fueron una víctima más, como tantas otras. No lo olvides, pero tampoco te aferres a lo que ya no puedes cambiar. — No sé qué juego estás intentando jugar ahora, pero si crees que voy a ser parte de tus planes, estás muy equivocado. — Este mundo no es blanco y n***o. —esquivó la mirada por un momento mientras trataba de mantener el semblante alivianado que lo caracterizaba— No puedes sobrevivir aquí sin ensuciarte las manos. Las personas que maté, lo que hice contra otros, lo hice para seguir con vida. Y si estás aquí ahora, es porque tú también has aprendido a vivir con esas sombras — devolvió la mirada y con sus ojos negros sin vida se proyecto frente a Beltrán — de hecho, has conseguido sobrevivir de forma tan astuta que incluso el mismísimo Diablo no te pudo encontrar sino hasta ahora. Beltrán sentía demasiadas dudas sobre lo que estaba ocurriendo, pero un vago presentimiento le hacía sacar conjeturas, su cabeza estaba siendo perseguida ahora quizá por la muerte de Castells, o gracias a Marco Gard, pensó detenidamente en que nadie podría saber de su pasado dado que su mentor en vida se encargó de desaparecer ese origen tan humildemente turbio del que provenía, sus opciones solo se reducían cada vez más hasta que Simón se levantó de su asiento y se inclinó hacia él, sus ojos brillando con una mezcla de advertencia y desafío. — Tienes dos opciones: — advirtió sabiendo que ya lo tenía entre sus manos — me aceptas como tu hermano y sobrevives —sacó de su bolsillo un pequeño palillo de dientes y con fuerza lo rompía por la punta frente a la mirada aun desafiante del hombre— o me enfrentas... y mueres, como los demás. Piensa bien en lo que eliges. No todos tienen una segunda oportunidad en este mundo. — Si acepto — impuso la condición con el objetivo de averiguar el plan concreto que pretendía su ahora familiar — ¿qué querrías de mí? — Algo muy simple… — respondió restándole la importancia a la pregunta — tan solo quiero vengarme, y con tu ayuda eso me será sencillo. Solo debes permanecer con vida un tiempo, no te preocupes te permitiré que sobrevivas hasta entonces Con el odio quemándole el pecho y la garganta, sabía que las palabras de Simón eran una trampa de la cual no podría escapar, pero una parte de él también comprendía la cruda verdad. Este nuevo "convenio familiar" no era solo una revelación de sangre compartida, era una cadena que lo ataba a un pasado lleno de muerte y traición. La pregunta ahora era... ¿qué haría con ese vínculo? Con un último vistazo hacia Beltrán, Simón tomó una decisión, decidió que Beltrán sería el señuelo perfecto mientras buscaba alguna información que le indicara porque Damián lo atacaba incesante. Incluso consideró a Mila como parte de su plan, cuando un sonido interrumpió la reunión, un terrible movimiento en los suelos se vio envuelto seguido de una explosión, bien podría ser el distrito o los hombres del diablo sus planes en ese momento se complicaban ya que nadie nunca había cometido la tontería de querer atacar su bello callejón. Se acercó levemente hacía la ventana y a lo lejos notó una saliente de humo y destellos rojizos que continuaba creciendo seguido de gritos aullantes que no parecían tener fin. Una segunda explosión resonó por todo el callejón, de nuevo un sonido que parecía sacudir el mismo suelo bajo sus pies. Simón frunció el ceño mientras observaba a través de la ventana como las llamas comenzaban a elevarse a un costado de la primera explosión, y los gritos desesperados se filtraban en el ambiente como un susurro constante. Aquel lugar, su refugio, su pequeño imperio en las sombras, estaba siendo atacado. Nadie, hasta ahora, había tenido la osadía de desafiarlo de esa manera y eso le fastidiaba ya que sabía quién podría ser. —Parece que la fiesta ha comenzado —dijo Simón, con una sonrisa torcida. Su mirada se posó sobre Beltrán, quien no había dejado de observarlo, atento y con desconfianza. Beltrán se levantó lentamente, sus ojos verdes brillaban mezclando en su reflejo los colores naranjas en su mirada, la confusión de la situación lo hacía tener tenso el cuerpo por completo casi sin poder moverse. Sabía que esto era algo grande, más allá de las típicas escaramuzas entre pandillas. La pregunta era, ¿Por qué motivo, a quién estaría detrás buscando como si un trofeo se tratase? — ¿Quiénes son? —preguntó Beltrán, su voz afilada por la tensión, la vista cada vez se tornaba en rojo vivo entre que Simón ordenaba a todos mediante un comunicador que se prepararan. Simón sacudió la cabeza fúrico de lo que estaba sucediendo, envió al doctor de inmediato a que revisara a su pequeño ratoncito herido, las acciones que Beltrán miraba con detenimiento no parecían a las del psicópata que hace tan solo unos minutos parecía amenazar su vida, realmente parecía un humano dispuesto a pelear por los suyos. — Aún no sé quiénes son esos tipos, pero me aseguraré de averiguarlo. — dijo en voz alta para luego dirigirse a Beltrán— Esto cambia las cosas... —se dio la vuelta y lo miró directamente a los ojos— Ahora, más que nunca, necesitamos unirnos. Sea quien sea, han venido por ti, quieren matarte y si te encuentran también vendrán por mí. — Ambos estamos en el mismo saco — respondió como si entendiese todo lo que trataba de decir Simón. — Ahora ambos luchamos contra la muerte, si quieres unirte tendremos mas oportunidades, si no lo haces morirás tan pronto como salgas de aquí. — Lo entiendo — afirmó asintiendo y posteriormente volviendo a mirar hacia la puerta, sabía ahora que en cuanto saliera de esa habitación su vida estaría mucho mas ligada a la mafia y ese riesgo ahora era de vida o muerte.
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