El callejón “ s" era una propiedad extensa pero lleno de edificios con habitaciones y departamentos específicos para el trabajo del la agencia mafiosa de las “lilas" Simón había decidido construir un barrio completo para su beneficio, siendo este su territorio era imposible que alguien amenazara con ingresar sin antes encontrarse con miles de asesinos que parecían personas comunes y corrientes. El lugar a siempre vista parecía una ciudadela común pero, incluso los vagabundos guardaban un arma debajo de sus ropas, todos eran peligros andantes, peligrosos sujetos que habían sido seleccionados cuidadosamente por el mismo Simón y pese a ello, todos tenían un miedo en común, al asesino “ROMPECORAZONES” Mila quien en cuanto caminaba por el lugar y provocaba un terror indescriptible.
Aquel día nadie podía creer que el asesino mejor conocido en el callejón “s" y quien los había entrenado ahora estaba siendo cargada apenas respirando y llena de golpes y una herida abierta en su costado. La sangre no parecía detenerse incluso cuando fue llevada a una de las habitaciones para ser tratada.
El doctor encargado de cuidar a los heridos era uno de los mejores en su área, pero su pensamiento estaba igual de distorsionado que cualquiera que trabajara en aquel callejón, era conocido como el mata sanos del lugar siendo un ex condenado a muerte por intento de homicidio fallido, no obstante, nadie conocía a quien intentó asesinar y el hombre tampoco quiso revelarlo como si un secreto a voces fuera, el hombre de mediana edad era una leyenda imposible de creer. Incluso con todos sus años trabajando para Simón, nunca había visto una herida tan profunda en el cuerpo de Mila, siempre habían sido heridas de bala leves o cortes meramente sencillos de tratar tan solo con aguja e hilo, pero en ese momento estaba lidiando con un balazo en su costado que aunque no había provocado daño interno de gran importancia, impedía que la sangre se detuviera. Habían pasado dos horas intentando detener el sangrado y por primera vez sintió el peso asesino de su jefe tras su espalda, el escalofrío era casi insoportable para el hombre que continuaba con su labor hasta que finalmente la cumplió y salió de la habitación para dar el informe a su jefe.
— La herida parece profunda, pero se recuperará — comentó escéptico incluso de su propio comentario — es fuerte, pero necesita de un reposo de al menos 48 horas.
El médico miró un momento a la paciente y con cautela se despidió del jefe para después dejarlos solos, sabia que la relación que tenían esos dos era complicada, una mezcla constante de vino y aceite que se negaba constantemente y se mezclaba cuando era agitado. Sabia que Simón estaba locamente obsesionado con Mila desde que la conoció y haría todo lo posible por que ella permaneciera a su lado incluso si eso significaba enjaularla, mientras que Mila mantenía una pared invisible entre ambos y se resistía a esa obsesión como un cruento y tortuoso dolor que no podía curar. Simón miró a la mujer inconsciente en la cama adornada por una serie de implementos médicos que la sostenían en vida, por un momento sintió un ardor en su corazón, pero pronto se apagó como si un balde de agua le hubiera caído encima, se acercó lento y en un impulso rápido besó a la durmiente para luego retirarse.
La habitación en la que se encontraba Beltrán era oscura y bastante sencilla, los recuerdos de su infancia venían a la memoria con aquel lugar, un sitio grisáceo y poco amoblado, apenas una cama delgada y una silla de madera para tomar descanso, los recuerdos de su antiguo hogar flotaban en el aire hasta que uno le llamó su atención; el ultimo aliento de su madre, de pronto la imagen de la mujer que lo había ayudado a escapar de aquella odisea le devolvió a la realidad, se recostó un momento en la cama y cerró brevemente sus ojos, aun podía sentir el perfume delicado y sutil de la dama al mismo tiempo que recordaba sus ojos oscuros, sus labios eran delicados al mismo tiempo que sus facciones bastante definidas, a primera vista no lucía como alguien hermosa; no, en realidad tenía un atractivo peculiar, se podría decir que desbordaba cierta sensualidad enigmática que atrapaba a su presa en ese peligroso sexapil. Quizá la razón era esa mirada tan aguda y acusante, o tal vez aquel tono de voz como si denigrara en vez de comunicarse, su desinterés era un encanto bastante similar a la de un gato agresivo y bello en ese mismo salvajismo.
Se incorporó quedando sentado sobre la cama mientras escuchaba a alguien acercándose, su instinto había vuelto a la realidad, sabía que era el hombre que se llevó a la mujer y como lo dijo ahora estaba en la puerta frente a frente con Beltrán, su mirada se endureció, notaba que ese sujeto estaba con intención de proponer algún negocio importante.
— Realmente resultaste ser un dolor de cabeza — comentó entre que se acercaba a la silla y tomaba asiento— mi nombre es Simón y por si te lo preguntas … soy el dueño de Mila.
— ¿Mila? — preguntó inocente, pero una parte de él intuyó de quien era el nombre — así que la mujer se llama así.
Al escuchar aquella conclusión la mirada de Simón se encendió como una chispa resbaladiza en medio de un montón de dinamita, al parecer la reacción animada de Beltrán le generaba una corazonada de que estaba interesado en su ayudante, para un ser tan obsesivo como él eso le provocaba unas ansias locas por devorarlo hasta que no quedara nada de ese insensato que osó posar sus ojos en su ratoncito ahora adolorido.
— Si, ese es su nombre — confirmó con tono un tanto más grave de lo normal, se veía lo molesto que estaba — pero en este mundo, ella es el rompecorazones — añadió— voy a ser claro contigo, no me importaría tu existencia en lo más mínimo y tampoco veía problema alguno en matarte.
— ¿pero? — interrumpió sin reparo, el hombre estaba dejando a relucir su habilidad para los negocios — seguramente me necesitas para algo y quieres aquello ¿verdad? — dejó sin palabras a Simón por un momento mientras este solo crujía sus dientes. — caso contrario me habrías asesinado en cuanto llegue con tu mujer.
— Veo que sabes cómo posicionarte en los negocios — señaló — digamos que me es imposible acabar con mi familia — informó dejando a Beltrán sin palabras, su sonrisa le mostraba su victoria en esta primera ronda de dialogo, se sentía como un ganador completamente, mientras que Beltrán solo podía divagar en sus pensamientos.
Por un momento, la imaginación del ahora multimillonario volvía a su niñez cuando notaba en el mundo externo que había familias con madres y padres, él jamás se pregunto sobre nadie más de su familia, pero una parte de él se preguntaba sobre su destino si hubiera nacido en un mundo diferente, tener a su padre, jugar con hermanos, tener a su madre saludable y él disfrutando como los otros niños.
— Es imposible — respondió luego de dudar por unos segundos — mi madre…
— Tu madre al igual que la mía era soltera— interrumpió — en realidad éramos como doce, pero los demás murieron, ahora somos tres en total — sus ojos parecieron desvanecerse por unos instantes, él también estaba volviendo al pasado mientras recordaba la dulce voz de la mujer a quien llamó madre. — nuestro hermano mando a matar a todos para poder asegurar su puesto como el siguiente en línea de sucesión.
— ¡ja! No somos de la realeza o ¿sí? — comentó sarcásticamente mientras su mente se desmoronaba lentamente ante aquella verdad tan dura de diluir.
— Algo así — respondió con un semblante un tanto más serio — somos los hijos del mafioso que creo el primer pacto con los gobiernos — pausó por un momento para luego mostrar la única fotografía del hombre que decía ser su padre — nadie sabe su nombre, pero el imbécil se encargó de dejar a tantos hijos como pudiera con tal de poder generar esta pelea.
El rostro en la fotografía era bastante similar al de Beltrán, aunque la pequeña diferencia era la barba poco descuidada que tenía, sus ojos eran verdes y su cabello castaño como él, pero había una pequeña duda ¿Por qué el parecido era casi exacto con Beltrán y no con Simón?
— Obviamente yo no saque tanto como ustedes — respondió como si leyera la mente de Beltrán — pero si soy familia igualmente, ¿quieres compararlo con una pequeña prueba de sangre? — cuestionó mientras su manga era doblada por el medico a su lado.
— Piensas que no te creo — afirmó de inmediato.
— Precisamente, pero es lo natural — asintió nuevamente — dejó entonces sacarse una pequeña muestra frente al hombre — después de todo, quiero dejarte en claro lo siguiente ¿no te gustaría vengarte?