Ámsterdam Seren Mientras hacía escala en el aeropuerto de Schiphol esperando para abordar el avión que por fin me llevará a Nueva York, decidí ir a comer algo más apetecible que lo que me ofrecerían en el vuelo. Sin mucho ánimo estaba intentando olvidar la sentencia de muerte que todos teníamos sobre nuestros hombros, lo malo era saberlo, lo bueno es que la gente ni lo sospechaba. Cuatro horas era lo que duraría pisando suelo holandés, otra fuente de alegría fue cuando Tony me informo que esta ocasión el pago ya se había realizado. Luego de satisfacer mi apetito sentí la necesidad de estirar las piernas y vagar por el lugar, lo que más quería era ir al museo que tiene este aeropuerto, a ver si tenían nuevas piezas en exposición. Mi celular sonó con la alerta de “ve a casa”, segui

