Prologo
Hace cinco años
Kiara
Todo era un caos, el ruido traspasaba incluso mientras más nos alejábamos del conflicto que se estaba desarrollando a las afueras del Castillo Avalora, el tiempo pasaba y muy pronto los invasores lograrían perpetuar la fortaleza interna del Castillo adentrándose en el interior. Pero mi madre parecía serena y mi padre nos guiaba con determinación a la entrada de los túneles subterráneos del Castillo los cuales tenían una salida directa a las afueras del reino. Era la única salida posible. Mi abuela no se quedaba atrás y acompañaba a mi padre al frente con una daga en una mano y una lampara en otra.
Todos parecían estar en calma, pero entendía que perderse en las emociones del momento no llegaría a nada bueno. Pero la realidad es que no solo el Castillo Avalora, estaba siendo atacado sino también nuestro reino. Nuestra gente estaba siendo asesinaba despiadadamente y eso solo podía significar la aniquilación del legado Lestrange.
Al llegar a la enorme biblioteca del Castillo Avalora. Mi padre nos siguió guiando hasta uno de los estantes de libros, conocía muy bien la entrada del túnel me gustaba pasarme días enteros explorando los túneles subterráneos del Castillo, pero ahora no se trataba de un tema de diversión, sino de vida o muerte.
Fue mi abuela quien abrió la entrada del túnel, quitando uno de los libros del estante y acercando sus dedos a los tres agujeros que estaban en la pared. A simple vista se podría pensar que solo era un daño en la pared por la antigüedad del Castillo. Pero la realidad era otra, mi abuela desplazo sus dedos en la combinación secreta que me sabia de memoria: izquierda, derecha y un medio circulo. Eso hizo que la pared crujiera y toda la estantería se desplazara, por un lado.
Mis padres me miraron, ninguno dio un paso a la entrada del túnel. Mire a mi abuela quien solo me ofreció una sonrisa compasiva. Y entonces me di cuenta: el plan nunca fue que todos escapáramos por la salida subterránea.
—Kiara tienes que irte con tu abuela, nosotros nos quedaremos para defender el castillo y ayudar a nuestra gente— dijo mi padre.
Lo mire con determinación.
—Entonces permíteme luchar con ustedes—pedí, pero mi madre negó con la cabeza, acorto la distancia que nos separaba y tomo mi rostro entre sus manos.
—Eres la esperanza de nuestro pueblo, si no sobrevivimos el legado Lestrange seguirá vivo en ti, al igual que nuestro don. Aunque los otros reinos nos hayan traicionado, nuestro reino aun tendrá la oportunidad de resistir.
No había forma de rechazar el deber que se me había asignado en ese momento crítico. Nuestra gente estaba librando una batalla desesperada, dispuestos a sacrificar sus vidas. Confiaban en nosotros para preservar el legado de nuestro reino y así poder resurgir de este oscuro día marcado por la traición que había llegado hasta nuestras puertas.
Aún asimilaba la magnitud de lo que esto implicaba. Sabía, en lo más profundo de mi ser, que no había escapatoria. Esta era nuestra única oportunidad de rescatar el futuro floreciente de nuestro reino. Sin embargo, también comprendía el costo personal que esto conllevaba: perder a mis padres, a mis amigos y abandonar todo lo que conocía, no era una decisión fácil.
—Algún día liderarás a nuestro pueblo y serás capaz de guiarlos por un camino mejor. Pero, hija mía, no cometas los mismos errores que yo al confiar en los otros reinos. —dijo mi padre.
Asentí en silencio mientras abrazaba a mis padres por última vez, sintiendo el peso de la responsabilidad que recaía sobre mis hombros. Mi abuela me acompañó hasta la entrada del túnel, brindándome su apoyo silencioso. Mis padres se aseguraron de cerrar la entrada para que nadie pudiera seguirnos, pudiendo de esa manera garantizar nuestro escape.
Después de un largo trayecto llegamos a un pequeño rio donde un bote nos esperaba. Mire una vez más hacia atrás, donde el Castillo Avalora se asomaba por la distancia he hice la promesa de regresar, sin importar lo que costara.
—¿A dónde iremos, abuela? — le pregunte una vez que subimos al bote.
—Lejos, aun lugar donde podamos ocultarnos hasta que sea seguro volver.