-Debo decirlo, niña...Jugaste bien- admitió la chica de ojos grises- Nunca había visto a nadie dominar la bestia, así que lo admito: Te ganaste la corona, la estatua y la llave de la ciudad- Isabella sonrió sin mirar a Sara mientras ambas tenían la vista al frente al gran ventanal que daba hacia la entrada principal. Esa vez, Isa no estaba desnuda, ahora se le permitía vestir en casa, con excepción de la recámara que había pasado a compartir con su señor, por orden directa. Un día, escuchó un escandalo, una chica llorando a gritos, cuando Sara, chismosa como siempre, le narró la despedida de Cíen a Amanda quien rechazó el fajo de treinta mil dólares que Cíen le ofreció, Isa se preguntó por qué se flecharía tanto a un hombre que no le demostraría sino sexo salvaje, crudo y violento y se rec

