-¿Por qué me pides eso?-le preguntó él realmente confundido, ella contuvo el aire mientras hablaba en voz muy baja. -Porque quiero. ¿Podría usted hacerlo, señor, por favor?-preguntó de nuevo perdiendo la poca autoestima que le quedaba. -Podría- dijo él acercando sus labios a los suyos, los lastimados pero gruesos labios rosados y naturales de Isa se entreabrieron para él- Pero el verdadero asunto es que quiera hacerlo- ella tragó grueso y miró a sus ojos que parecían cada vez más oscuros. Sus pestañas eran muy pobladas y largas, el señor S. tenía una mirada felina y peligrosa, la misma mirada que ahora aparecía en cada momento en su mente. Haciendole firme competencia a la voz susurrante y ofensiva de Tomás-Creo que debes reformular tu pregunta- su voz era ronca. Eso la excitaba. -¿Seño

