CAPÍTULO 42 Cuando bajo las escaleras, Máximo y su madre ya habían terminado de desayunar. No podía escuchar con claridad la conversación de los dos, pero cuando vio a Máximo, que siempre mantenía un rostro frío y amargado, mostrando una sonrisa, de repente no pudo apartar la mirada. «Tengo que admitir que se ve guapo cuando sonríe… ¿Qué? ¡No! ¿Qué te pasa Thalía?» Se recriminó de inmediato y termino de bajar. ―¡Buenos días, señora! ¿Va a desayunar? ―le pregunto el ama de llaves. Al escuchar a la empleada, tanto Máximo como su madre se giraron y se aproximaron. ―Buenos días, querida ― la madre de Máximo la abrazo y la guio al comedor. Máximo, que las siguió en silencio, tampoco podía apartar los ojos de su esposa, de repente descubrió que le gustaba mirarla y también que se veía bo

