Alexander McIntyre miraba por la ventana de su oficina en Nueva York, últimamente ha estado viajando más de lo habitual. Cuando empezó su empresa hace veinte años, tenía el sueño de ser el mayor comerciante de crudo del país, y está más cerca de su objetivo que nunca, y además, se lo merece, renunció a muchos sueños por ello, renunció al sueño de un trabajo de oficina fijo para viajar cuatro días a la semana, dejó de vivir cerca de sus padres y hermanos para alimentar su carrera, todo porque creía en el futuro del comercio internacional, pero su renuncia más grande sigue siendo que renunció a... ELLA. Su niña. Eso fue hace tantos años, pero el peso en su pecho sigue ahí cada vez que piensa en esa promesa incumplida: "Volveré por ti". Sabe que ya no le espera, ¿por qué iba a hacerlo? Nunca volvió, se sentía tan fracasado que no pudo enfrentarse a ella. Conoció a otra persona y estaba tomando a la ligera la relación cuando escuchó por su madre, que su mujer soñada estaba en una relación tormentosa con un inútil bueno para nada. Le afectó, eso seguro, sí, estaba con alguien, pero no había sentimientos profundos involucrados, al menos por su parte; ¿Y se rumorea que ella sufre de desamor?, al diablo con eso, en ese mismo momento decidió dar el siguiente paso en su relación y hacer de su actual novia su "novia oficial", dejar las promesas infantiles guardadas en una caja negra muy en lo profundo de su mente. Así que decidió abrir activamente su corazón. Le sorprendió mucho lo rápido que se enamoró de su novia "Narcy", o así se llamaba ella misma, se llama Narcisseia, algo relacionado con sus profundas raíces familiares griegas o algo así.
Era amable y dulce, buena oyente y fácil de tratar, se llevaban bien en todos los aspectos, no habia fuegos artificiales ni nada, pero estaba bien, así que cuando la gente empezó a preguntar por la boda, se dió cuenta de lo serio del asunto; luego Narcy sugirió que fueran a vivir juntos en vez de casarse, no veía motivo para oponerse, estaba viviendo una vida lo suficientemente buena y con los años apenas visitaba esa pequeña caja negra. No se lo permitía demasiado.
Después de unos años viviendo juntos, decidió casarse por fin; durante esos años solo vio a su "niña" pocas veces, principalmente en eventos familiares o de amigos, cada escena era el equivalente a un terremoto y ya no podía permitirse seguir temblando. Era hora de asentarse, de sentir que por fin había seguido adelante, de calmar los miedos de Narcy causados por el simple recuerdo de su antiguo amor platónico; Narcy estaba lista para ser su esposa, para darle una familia y lo hizo, dos hijos maravillosos, Alec y Kyle, eran tan activos que apenas podían quedarse quietos cinco minutos seguidos. Narcy fue paciente al principio, esperaba a que su marido volviera a casa y criaba a sus hijos sin quejarse, pero con los años y el negocio de Alexander creciendo y mejorando, Narcy empezó a mostrar más ansiedad por los depósitos bancarios regulares que por la llegada de su querido marido los fines de semana, así que Alec y Kyle pasaron cada vez más tiempo con niñeras o familiares que con su recién descubierta madre compradora compulsiva.
Esa es una de las razones por las que Alexander sabía que su amor perdido ya no le esperaba, ni siquiera su esposa le esperaba en casa después de tantos años viajando, ¿por qué iba a esperarle su niña? La dejó y no miró atrás. La otra razón, es que él sabía bien que ella se casó, no con el inútil joven, gracias a Dios, se casó con un “buen hombre” solo unos meses después de que su hijo mayor, Alec, llegara a este mundo. Sabía por los chismes de su madre que ella también tenía un par de hijos y que estaba bien. Así que todo salió de lo mejor, ¿verdad?
Al final su vida no estaba tan mal: sus hijos estaban relativamente estables y la relación de su esposa con su nuevo entrenador deportivo, bueno, habría tiempo para ocuparse de eso, tendría que investigar porque los cheques a dicho entrenador eran cada vez más altos y los vestidos de su esposa no habían bajado ni una talla, Así que, en el peor de los casos, despedirá al hombre astuto antes de que haga más que entrenar los abdominales de su esposa. No es que no le importe la infidelidad, pero no está seguro de que ella sea infiel y además ama a su esposa, y es cierto que Alexander es un hombre orgulloso, siempre lo ha sido, pero ahora hay dos niños involucrados y debe reconocer que, a pesar de intentar ser detallista con Narcy, el tiempo que pasa viajando al extranjero no les ayuda y francamente ya no recuerda la última vez que encontro una cena casera caliente esperándole al llegar a casa. Su abrumadora ola de pensamientos se interrumpe cuando su socio entra en la oficina anunciando que el proveedor ha llegado, es un buen cambio verlo aquí, normalmente se queda en casa esperando buenas noticias, Alexander suele resolver las cosas impecablemente y solo tendrá que atar algunos cabos sueltos para que la operación funcione sin problemas.
- Creo que este será el mayor trato que hayamos hecho nunca- Edward dice, llevan ocho años siendo socios, él fue el primer amigo de Alexander cuando se mudó a Houston desde Carolina del Norte, decidido a dejar huella en el comercio internacional, pero los primeros meses no fueron fáciles, no pudo evitar sentir nostalgia, aunque su abuela y su prima más querida vivieran en Huston, pero echaba de menos a sus amigos, a sus hermanos y... a ella. Edward le apoyó durante ese tiempo, así que cuando unos años después su negocio se vino abajo, Alexander no dudó ni un segundo en incorporarle.
- Sí, lo sé, llevo tiempo haciendo esto, ¿sabes? - Fue un comentario lleno de orgullo y humor, igual que él, "Alexander el Grande" le llaman sus empleados, y por todas las razones correctas, en un mar de negocios, es el mayor tiburón que hay, y sus logros solo pueden ser igualados por la lealtad feroz que siempre ha mostrado a sus seres queridos.
Como siempre, la reunión transcurre sin problemas, solo una pequeña cláusula trampa del contrato que Edward no había visto, pero que Alexander negoció magistralmente, una vez acordados los términos, se decidió que todos irían a un bar cercano para celebrar su futura colaboración.
Al entrar en el bar, Alexander va inmediatamente a la mesa asignada para ellos, pero, cuando está a punto de llegar a su asiento, una hermosa mujer de pelo corto color rubio bronce pasa junto a él y por un segundo el aire se le escapa de los pulmones y, antes de que pueda detenerse, estira la mano y toma a la hermosa desconocida del brazo, No es brusco, no puede serlo, no con ella, y de su boca sale involuntariamente la palabra que no se ha permitido pronunciar en siete años:
- ¿Cassy?? - La desconocida se da la vuelta y fija sus ojos marrones y asustados en él, su expresión temerosa dura solo un segundo antes de ver al hombre atractivo, y tras recomponerse, saca un poco el pecho y le regala una gran sonrisa; su emoción dura poco cuando ve algo parecido a la confusión cruzar sus ojos y luego una decepción inconfundible.
- Lo siento mucho, te confundí con otra persona.
- Soy Melina, si quieres confundirme otra vez, estoy justo en esa mesa- dice señalando una mesa junto al baño de damas donde ya hay cuatro chicas más bebiendo mucho.
- Gracias, Melina, pero no voy a quitarte más tiempo.
- Reconociendo un caso perdido cuando lo ve, la chica simplemente se encoge y se marcha.
Alexander respiró hondo y cerró la mano en un puño, no se dio cuenta antes de que temblaba, seguramente es la adrenalina por haber cerrado un buen trato, sí, si lo repite lo suficiente quizá incluso se lo crea, se apresuró a su asiento y una vez allí pidió un coñac puro, miró a las mujeres bailando y se permitió el indulto que hace mucho no se permitía, el de perderse en un recuerdo.
(Flashback)
Era tarde en primavera cuando volvió a su ciudad natal, Charlotte, en Carolina del Norte; probablemente era la segunda vez que llevaba a Narcy a visitar a sus padres, y al llegar, su madre, Linda, le pidió lo último que quisiera: asistir a una reunión social, y no a cualquier evento social, pero un brunch tardío con su padre y amigos de la universidad, lo que significa enfrentarse cara a cara con su kriptonita, es decir, Cassandra Donovan y no solo eso, sino que el almuerzo es por su cumpleaños, claro que sabe que hoy es su cumpleaños, cada año escribe unos cincuenta mensajes de texto felicitándola, los escribe, pero NO los envía, sinceramente, ¿qué podría escribir?: Algo como: “Perdona que me haya ido y no volviera a llamar, que tengas un feliz cumpleaños. P.D. El imbécil que te ama??? - Ni de broma.
En cuanto entró en el restaurante para el maldito almuerzo; porque no hubo forma de escapar de ello y no parecer sospechoso con Narcy por una mujer de la que ella no sabe nada; enseguida ve a Cassy, su pelo es especialmente corto ahora y sus ojos de un intenso verde oliva parecen ver directo en tu alma. O el así lo siente cada vez que ella le mira. Va directo hacia ella, olvidando por un momento la presencia de una ahora bastante confundida Narcy que sin otra opción solo lo fulmina con la mirada. El se acerca a la cumpleañera y la abraza fuerte, enterrando su rostro en el hueco de su cuello mientras le susurra al oído: "Feliz cumpleaños, niña".
A lo que obtiene por respuesta un tímido - Hola - No hace falta decir que el resto del almuerzo lo pasó entre miradas desagradables de Narcy hacia la cumpleañera y gestos de reproche hacia Alexander. Cuando les invitaron a un club a bailar, todo fue cuesta abajo, Alexander pasó la noche viendo a Cassy bailar con sus amigas, no intentaba faltarle al respeto a su novia pero simplemente no podía apartar la mirada, ella parecía tan viva, tan feliz, tan sexy, que ni siquiera Narcy gritandole directamente al oído su descontento podría borrar esa imagen de su mente y en vez de apartar la vista simplemente le dijo a su novia "deja de molestarme". Esa fue la fuente de las inseguridades de Narcy, y muy comprensible, pero lo hecho, hecho esta.
Aunque hubiera querido, Alexander no podía controlar la electricidad en la habitación.
(Fin del flashback)
- ¿Eh, Alex? ¿Estás bien? Nunca te había visto bebiendo coñac antes. Te tomaba por bebedor de whisky—preguntó Edward, sacándole de su ensoñación.
El licor favorito de su niña, ni siquiera se dio cuenta de que había pedido su bebida favorita.
- Sí, estoy bien, pero creo que es hora de volver a casa - respondió Alexander. Sí, eso le sacará de sus recuerdos, volverá a esposa e hijos, a su elección.