--- Dijo: "Lo siento, seguramente la infección estaba presente desde hace varios días." "No, no puedo perderla", comenté con dolor, mirando a Emma, quien aplaudía. "Entonces, llama a una enfermera." "Esta niña también tiene fiebre, tiene tos", comenté, llevándosela, y yo suspiré. No podría perdonarme perderlas. Acepté que ella me había mentido, pero no me preocupé cuando se fue. Simplemente me sentí muy mal porque se había ido, y sabía que se había marchado. Una parte de mí quería pensar que no, por eso no había salido durante toda la noche de ese día. Al día siguiente, abrí la puerta de la habitación de Dani y encontré que no había nada, ella se había marchado con Emma. Eso me dolió muchísimo más que la mentira, saber que no la volvería a ver. Los días sin ella se convirtieron en tor

