Venus Venus: ¿Estás ahí? Había pasado una hora completa desde ese mensaje y no respondía. Sentía una presión en mi pecho tan desgarradora que no tenía idea de cómo controlarme, y mis pensamientos me envolvían tan amargamente que no encontraba manera de conciliar el sueño. En fin, estaba completamente angustiada por el daño que estaba segura, le había causado, pues mi actitud con él había rebasado los límites de la idiotez. Bien hecho, Venus. Tal vez la loca eres tú y no él. Mi celular suena, anunciando un mensaje y no tardo en lanzarme a por él, rezando porque sea su respuesta y no el mensaje de otra persona. Una sonrisa involuntaria sale de mis labios en cuanto veo su seudónimo en mi pantalla. Desconocido: Aquí estoy. Mi estómago parece dar un vuelco en cuanto veo su respuesta.

