5. Equivocación

1476 Words
Venus Mi acosador ya no me importaba. O eso era lo que quería creer. La verdad era que le había cancelado nuestra cita a Steve y me dediqué a llorar durante dos días gracias a mi estúpida discusión con el desconocido. Luego de eso fui al bosque a ver si de alguna forma lograba hablar con él, pero no fue así, por lo que decidí dejar todo como estaba y seguir adelante. Ahora volvía a caminar por el bosque, pero por cuenta propia y para despejarme antes de mi cita con Steve, pues me sentía nerviosa. No entendía muy bien las razones de mi repentino nerviosismo, pero quería calmarlo antes de esta noche. Tal vez era porque se trataba del chico que me gusta, o porque hace mucho no tenía una cita; el punto de todo esto es que no quiero verme como una perdedora. Ya lo pareces caminando por el mismo lugar en el que siempre te reúnes con el desconocido. ¡Soy patética! Echo a andar por el sendero, no sin antes darle una mirada rápida al sitio donde estuve hace unos segundos, preguntándome qué fue lo que hice mal para que dejara de hablarme; claro que nunca obtendría una respuesta, puesto que yo también opté por no volver hablarle.   Finalmente llego a mi casa y me encuentro con la grata sorpresa de que mi madre está en la cocina preparando algo de aroma delicioso; sonrío y me acerco a ella. —Mamá —me siento en uno de los taburetes. —Querida hija —me saluda, mientras continúa picando zanahorias. —¿Qué haces aquí? —cuestiono—. Creí que estarías haciendo turno en el hospital. —Elena decidió darme el día libre por los tres días que trabajé sin pago —se encoge de hombros—. Así que heme aquí. Sonrío, feliz de que mi madre esté en casa como debe ser. Debido a su trabajo casi nunca está conmigo, pues es muy solicitada ya que el hospital tiene pocos doctores y enfermeras por lo pequeño que es el pueblo. Es por eso por lo que momentos como estos son más que valiosos para mí, porque la tengo a mi lado y siento que no necesito nada más. —Me alegro de que estés en casa, mamá —toco su brazo en señal de aprecio. Ella me da una mirada rápida y luego enarca una ceja como gesto de que ha descubierto algo. —¿Y tú por qué tan feliz? —pregunta, a lo que yo suelto una risita. —Tengo una cita o algo así —respondo divertida. —¿Una cita? —suelta el cuchillo y se cruza de brazos haciendo de madre sobre protectora—. ¿Es el chico del otro día? —asiento, insegura de cómo se tome la noticia. Ya le había mencionado que había cancelado mi salida la primera vez, pero no le dije las razones, por lo que imagino que piensa que Steve me rompió el corazón—. Hija, ese chico no me parece bueno para ti. Ya lo imaginaba, mamá. —Mamá, Steve no es mala persona, en serio. —Mi instinto maternal me dice otra cosa, señorita Clark —sonrío y tomo la mano de mi madre, tratando de calmar sus habituales nervios. —Nada va a sucederme, mami —le dedico una mirada tierna—. Además, tú estarás en casa, por lo que sabes que llegaré temprano. Mi madre me mira por lo que parece ser una eternidad, analizando la situación y probablemente planeando mi castigo en caso de que no llegue temprano. Finalmente, suelta mi mano y asiente. —De acuerdo, pero te quiero aquí a las diez —pone las manos en su cintura—. ¿Entendido? —¡Entendido! —hago gesto de militar y le doy un beso en la mejilla—. ¡Gracias! Termino de arreglar mi cabello en una coleta y dejo salir una sonrisa llena de orgullo. Había escogido un vestido rojo, unas medias largas negras, botines negros y una bufanda del mismo color para contrastar, además de haber utilizado un maquillaje bastante disimulado para la ocasión. ¡Todo lucía perfecto! Un mensaje de texto llega al instante. Steve: Estoy afuera ¿Sales? Sonrío y tecleo una respuesta rápida para luego tomar mi abrigo y correr escaleras abajo. —¿Ya te vas? —mi madre me frena a medio paso. —¡Sí! —corro hacia ella y le doy un beso rápido en la mejilla—. ¡Te veré pronto, mamá! Salgo directo al jardín y me encuentro con Steve, que lleva una camisa azul marino bajo una chaqueta denim, pantalones negros y botas negras. Sonrío ante su presencia y él imita mi acción, acercándose a mí. —Luces preciosa —besa mejilla, provocando un sin fin de sensaciones dentro de mí—. ¿Nos vamos? Asiento, completamente embobada. —Vamos. Steve camina a mi lado por la acera, hablando de varios temas al azar, pero no logro prestar atención a ninguno de ellos; mis pensamientos viajan solamente a mi acosador, cosa que comienza a frustrarme. —¿Venus? —Steve toca mi brazo, llamando mi atención. —¿Sí? —doy una sonrisa de boca cerrada, esperando por qué no me haga la típica pregunta de: "¿Escuchaste algo de lo que dije?" —¿Estás bien? Te noto un poco distraída. Si supieras... —Estoy bien —respondo—. ¿Vamos a ver la película? —¿Estás segura, Venus? Si hay algo que te preocupa... —lo interrumpo antes de que pueda decir algo más. —No hay nada que me preocupe más que el deseo de que esta cita salga perfecta —confieso—. ¿Me crees? Steve asiente con una enorme sonrisa en su rostro y toma mi mano. —Vamos.   Luego de haber ido al cine, Steve me llevó a cenar a un pequeño restaurant muy famoso en el pueblo, haciendo de nuestra cita mucho mejor de lo que yo esperaba. Cenamos, bromeamos y hablamos sobre tantos temas, que logré olvidar por completo toda mi frustración por el desconocido, lo que me llevó a disfrutar por completo de mi salida. Ahora caminamos por las calles del pueblo que se encuentran completamente desiertas. Ambos vamos en un silencio tan relajante que no nos percatamos de nada más... De repente, dos hombres salen de entre las sombras apuntándonos con un arma cada uno. —¡Suelten todo lo que traen en este mismo momento o no dudaré en disparar! —el más alto de ellos habla sin apartar la mirada de mí. —¡AHORA! —dice el segundo. Estoy por decirle a Steve que huyamos, cuando él suelta mi mano y me empuja, logrando que caiga de bruces frente a los dos asaltantes. —¡Hagan lo que quieran con ella! Sin más, Steve sale huyendo de la escena, dejándome a merced de ambos hombres. Los dos comparten una sonrisa de complicidad y se acercan aún más a mí. —Vaya, vaya, gatita —el hombre más alto me levanta de golpe y me toma del trasero—. Parece que tu novio te abandonó —justo cuando estoy por gritar, el hombre cubre mi boca con su mano y me estampa contra una pared, frotando su cuerpo contra el mío. Las lágrimas comienzan a salir sin cesar y mis plegarias son tantas que mi mente parece estar a punto de estallar. Todo se acumula en mi cabeza, provocando que mi cuerpo se sacuda y tiemble. —¡Quédate quieta, j***r! En ese momento, alguien golpea a ambos hombres por detrás directamente en la nuca, dejándolos inconscientes. Mis ojos y mi boca se abren, dándole paso libre a la expresión de terror en mi rostro. Rápidamente desvío la mirada hacia mi héroe y descubro que él ya me está observando, tratando de encontrar alguna anomalía en mí. Me acerco y él hace lo mismo permitiéndole a nuestros labios rozarse y a nuestros cuerpos calentarse. Cualquiera diría que estoy loca por lanzarme a los brazos de cualquiera, pero en este momento eso es lo que necesito... algo o a alguien que me cubra del miedo. —Me salvaste —digo hipeando. —Debes irte ahora mismo —su voz es tan ronca que no logro reconocerla, además de su rostro que va cubierto con una enorme capucha que impide verlo. —¿Quién eres? —pregunto, mientras me abrazo a mí misma, buscando calmar mis nervios. —Es mejor que no lo sepas —susurra—. Ahora vete antes de que ellos despierten. —¿Qué vas a hacer? —cuestiono. Necesito saber más de él. De repente, saca una navaja de su bolsillo y la coloca frente a nosotros. —Vete. Y como si fuese un robot, echo a correr en dirección a mi casa y sin mirar atrás, rogando porque nadie descubra la atrocidad del hombre que me salvó de ser violada.   Finalmente llego a mi hogar y me topo con que mi madre se ha quedado dormida en el sofá. Dejo salir un suspiro y tomo la manta que está un lado para cubrirla. Luego de eso, subo las escaleras y me tiro a mi cama para darle lugar a las lágrimas que tuve reprimidas. Cierro mis ojos, tratando de buscar la calma, cuando su presencia invisible viene a mí de golpe. Me levanto y tomo mi celular dispuesta a perder mi orgullo por él. Venus: ¿Estás ahí?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD