—¡Déjame sola! Y no insistas… Lo mejor es que estemos separados y así usted pueda hacer sus cochinadas tranquilo. Pero de corazón le pido que si amas a la niña no cambies con ella. Es muy pequeña para que empiece a sufrir por diferencias de nosotros. Yo aprenderé a estar sola y usted pues resuelva. —Se alejó con Mariana, ella se pegaba a su cuello como si de eso dependiera su vida. En ese sentido no podía quejarme; la bañaba, le ponía ropas hermosas, había aprendido a hacerle trenzas y peinados. Ejercía su rol con dedicación… Incluso horneaba galletas o algún postre para consentirla. Quisiera comprender ¿Qué lo había llevado a aceptar estar con esa mujer? Conmigo tenía lo que necesitaba, cuando lo quería. Para mi tener sexo es tan importante como bañarme o comer, pero no me dejaría s

