Ya han pasado tres semanas de la partida de papá. Tres semanas que le escribo a mamá que regrese, tres semanas que ignoro el teléfono y que no salgo de casa.
Veo a mi alrededor, es todo un desastre. Platos sucios en la bacha de la cocina, ropa por toda la casa, sabanas sucias arriba del sofá, vasos en la mesa del living con restos de bebidas, bolsas arrugadas de papas fritas y platos con sobras de comida rápida.
Procuro limpiar y ordenar la casa, pero es un intento fallido. No puedo agacharme y hacer movimientos bruscos la cabeza se me parte, aún me siento algo mareada. No sé cómo está haciendo para resistir mi hígado con tanto alcohol que he ingerido estas semanas. Rara vez tomaba alcohol, en alguna fiesta, quizás.
Me siento en el sofá, me reflejo en el espejo, en el cual puedo observarme de arriba a abajo, siendo incapaz de reconocerme, mi estado es deplorable. Siendo sincera no recuerdo cuando fue la última vez que me bañe, pero por la apariencia de mis cabellos y el olor que emano hacen más de tres días que no me aseo.
Me agarro la cabeza con las dos manos y pienso por dónde empezar, jamás había lidiado con tanto desorden en mi vida.
De repente se enciende la pantalla del teléfono, que por supuesto hace tres semanas está en silencio, es un mensaje de Liz diciéndome que se cansó de esperar que le responda o le dé alguna señal que estoy viva, viene a casa.
– ¡OMG! – de un salto me paré del sillón. Si Liz ve todo esto me mata, pensé.
Lo primero que agarro son las botellas de bebidas alcohólicas de mamá, están por todo el living, son un montón. Ordeno una a una. En realidad, la mayoría fueron a parar a la basura porque ya estaban vacías. Estoy lavando algunos platos cuando siento el juego de llaves abriendo la puerta de casa.
– ¿Sophia? – llama mi hermana.
– Aquí estoy. – respondo.
Dejo los platos a un lado, me seco las manos y salgo a su encuentro. Esperando una lluvia de insultos y sermones.
– Sophia, ¡qué es todo este desastre! – exclama horrorizada. Se acerca a mí y me abraza.
Tengo un nudo justo en la garganta, mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas. También la abrazo y lloramos juntas.
Pasamos un buen rato allí paradas abrazándonos. Ella me ayudó a limpiar. Mientras yo me duchaba ella preparó una rica media tarde al estilo americano.
Nos sentamos en los sillones para disfrutar lo que había preparado y hablamos por horas. Todo el tiempo sentía temor a que me regañara o me juzgara. Pero esta vez Liz se comportó como una hermana adulta, muy compresiva y no optó por una actitud como la de mamá.
Hablamos de muchas cosas, me desahogué, comencé a sentirme viva de nuevo, esa sensación no duró mucho.
– Sophia, necesito que tomes el control de la empresa de papá. Yo estoy con mucho trabajo, no puedo rechazar las horas que me solicitan que cubra si quiero volver a la dirección del hospital. Al principio hablamos con Michelle para que tomara la presidencia, pero las cosas con él no están bien y se negó hacerlo. – me explica, Liz
– Liz, siento que mi vida se ha desmoronado. Mi carrera ha quedado en la nada misma, no puedes pedir que me haga cargo de la empresa. – le respondí acongojada.
– Sé que es difícil, pero tienes que hacerlo. Al menos por un tiempo. – me suplicó.
– ¿Sabes algo de mamá?– le pregunté cambiando rotundamente de tema.
– No. – respondió Liz, agregando: –¿Sabes quién me escribió preguntando por ti? ¡Thomas! Hazme el favor de no ignorarlo.
– ¿De verdad te escribió preguntando por mí? – pregunté como si fuera una niña que le van a comprar una golosina.
– En realidad, le escribió a Michelle. Pero eso no quita que es un buen hombre.
– Lo sé, Liz. Pero no estoy lista para estar con alguien. Necesito ordenarme y no sé cómo.
– Te entiendo. Tomate tu tiempo entonces. – se para del sillón y todas sus cosas.
– Debo ir a buscar a Luz al jardín.
– ¿Cómo esta ella? – me siento mal por no haber preguntado por ella antes, me había olvidado que tengo una sobrina.
– Lo lleva bien al asunto. El jardín la mantiene bastante ocupada y distraída. Su maestra me explicó que será cuestión de tiempo. – responde Liz de manera fluida.
– Mándale un beso de mi parte. Dile que pronto alimentaremos juntas a Filip. – le encargué mientras nos acercábamos a su coche.
Luego de las noches de consumo excesivo de alcohol, ahora estoy transitando las noches sin dormir. Los ataques de pánico cada vez son más recurrentes e intensos. No puedo dejar de llorar, el corazón se me acelera tanto que parece que se me va a salir del pecho, comienzo a sudar, me tiemblan las piernas. Doy vueltas en la cama de un lado al otro y no logro descansar. Así pasan una y otra noche. Pensé en llamar a Liz, pero sólo la preocuparía.
Durante toda la semana he evitado salir, por miedo a que me de uno de esos episodios en la calle. Las compras las realizo online, en cuanto a la comida sigo sin cocinar. ¿Para qué existe la app del celular de comida rápida, sino?
Mi teléfono, esta semana no ha sumado tantas notificaciones. De a poco, tengo ánimo para ir respondiendo algunos mensajes. Logré hablar con Ricardo para pedirle que mandara todas mis obras, pinturas esculturas y demás al depósito. También le pedí que se contactará con cada una de las personas que asistieron esa noche y me disculpara por no estar presente. Cómo siempre, Ricardo dijo que lo haría. Es un gran amigo, su amabilidad es infinita. Por esa razón lo quiero tanto porque es incondicional
Esta semana, ya se cumple un mes de la partida de papá. Lo extraño un montón. Aún no soy capaz de deshacerme de sus pertenencias ni de sacar las fotografías de él que hay en casa. Estuve pensando mucho en esas noches de desvelo. Hasta que tomé la decisión de organizar la empresa. Hago mi mayor esfuerzo para autoconvencerme que estoy bien y que debo seguir adelante.
Hemos estado hablando más seguido con Liz. La he notado algo distante y distraída cada vez que estamos en la llamada, así es que esta vez preferí dejarle un mensaje: “Hola Liz. A partir de la semana entrante comenzaré a asistir a la empresa. Saludos. Los quiero (emoji de corazón al final)”
Le escribí a mamá: “Te extraño (emoji de carita triste)”. Dejo el celular, sin esperanzas de una respuesta. Suena inmediatamente. Un mensaje de mamá: “Yo a ti. (emoji de muchos corazones y besos)”. Me alivia tener noticias de ella, eso significa que ya está mejor. Si regresa puede tomar el mando del gran monstruo al que bebo enfrentarme y no quiero. Pero lo haré por papá.
Consecutivamente a ese mensaje, mamá manda otro. “El fin de semana estaré en casa. Tenemos que hablar. Avísale a Liz.” Me sacó una sonrisa, mamá vendría. La extraño mucho, sus desayunos, sus abrazos, su calidez, sobre todo su presencia en casa. “No sabes cuánto te necesito mamá. Te amo.” Le respondí.