Tempestad

1217 Words
– ¡Qué tonta soy! Habitualmente uno no olvida una persona que le gusta, pero al parecer yo si lo hice. – Le cuento abrumada a Liz por teléfono. – Hola Sophia, ya que me llamas y no me saludas, pienso que me llamas para decirme que la cita de anoche con Thomas fue un fracaso. Contame con calma qué pasó. – Respondió Liz – Tenes razón perdón por no saludarte. Pero lo de anoche no fue una cita, simplemente una salida de amigos y no estuvo tan mal. – Me corrijo – Mmm. – agrega Liz, como si estuviera segura de que fue una cita la salida que tuve con Thomas. – ¿Me vas a escuchar o te corto la llamada? Porque lo que tengo para decirte sí que no me lo vas a creer. – Le respondí de mal humor. ­– Esta bien, te escucho. – – ¿Recuerdas a ese chico tan lindo que me presentó Maite, cuando terminamos la universidad? – Si lo recuerdo, me responde. – Bueno. ¡Es Thomas! ¡Realmente me siento una tonta, por no reconocerlo! – No te puedo creer. ¿Estás segura? – Me dice Liz, más sorprendida que yo. – ¡Si, estoy segura! Él mismo, anoche me lo dijo. Después de tanto bailar, nos sentamos en el patio del lugar y le cuento sobre el día que presenté el trabajo final de la carrera y resultó que él era el mejor amigo de Maite, que me presentó esa noche. Me confesó que después de esa fiesta me buscó y me agregó a las r************* , incluso dijo que me había hablado y como no le respondí pensó que yo no estaba interesada. Fui una tonta, te juro que nunca me di cuenta de eso. Hoy en la mañana cuando me levanté, me puse a pensar y todo lo que él me dijo anoche coincidía con lo de esa noche. Busqué la conversación en el teléfono y allí estaba su chat que yo nunca le respondí– Le cuento a toda velocidad, sin dejar que me interrumpa. – No puedo creer que en ese momento no le respondieras. Siempre ignoraste los buenos chicos que te buscaban, por estar enamorada de un bueno para nada. –Respondió Liz. No me dejó hablar, que agregó: – La vida te está dando una nueva oportunidad con Thomas, espero que no la dejes pasar. – – Liz, ya te pareces a mamá cuando empieza con sus discursos. Te llamé porque necesitaba hablar con alguien sobre esto, estoy confundida y no sé si realmente estoy lista para una relación. Pero sabes que Thomas me gustó desde la primera vez que lo vi. – Sé lo mucho que te gustaba, pero no fuiste capaz de responderle un mensaje. De todas formas, ya es pasado y no puedes hacer nada para cambiarlo. Lo qué si podés hacer ahora, es darle una oportunidad. ¿Por qué no le llamas y lo invitas a tu exposición la próxima semana? – Me sugirió. – Me encantaría que este allí, pero no intercambiamos nuestros números de teléfono. Y antes que me lo digas, estás loca si quieres que le escriba por i********: o f*******: donde están los mensajes que nunca le respondí. – Le dije de forma tajante. – Ok Sophia, entonces no lo invites, pero como consejo de hermana te recuerdo que es un buen tipo. No es casualidad que después de tantos años se vuelvan a encontrar. – Gracias Liz, por escucharme. Por el momento no necesito ningún consejo. – agregué. –Tengo que colgar porque ya estacioné en el taller, hoy transportaremos las obras al museo. La exposición ya está prácticamente lista. Te quiero. – Yo te quiero mucho más, hermanita. Perdón, pero me perderé la muestra. Debo cubrir la guardia durante toda la semana que viene por falta de personal. Te deseo todo el éxito del mundo. – Concluyó para terminar la llamada. Me bajo del auto, decidida a entrar al taller y concentrarme sólo en la exposición. Pero que difícil concentrarse en el trabajo con la sensualidad de Thomas de por medio y todo lo que había pasado. No lo puedo evitar es más fuerte que yo. No puedo dejar de pensar en él. Ha sido una semana muy dura. Durante toda la semana además de ocupada, he estado muy nerviosa. Tan compenetrada en la muestra que no he tenido tiempo en pensar en Thomas, ni de buscarlo para invitarlo hoy. El gran día del evento llegó, viene gente muy importante de todo el mundo y no puede salir mal. Todo está más que listo. Paso a retirar el vestido de gala que me obsequió papá para esta ocasión. A él nunca se le escapan este tipo de detalles y me dirijo rápidamente a casa para poder arreglarme. El vestido es realmente hermoso, rojo radiante, escote recto, espalda descubierta, largo con una pequeña cola que arrastraba. Me visto a toda velocidad. Me recojo el pelo, me maquillo con un poco de rubor, máscara para pestañas finalmente me colocó labial nude y salgo. Una vez en el museo, veo que la exposición está siendo todo un éxito, hay mucha gente, se ven todos muy elegantes y contentos con las obras de artes. Ver esto es muy satisfactorio para mí. Me dispongo a comenzar con el discurso de bienvenida. – Ring, ring. – suena mi teléfono. Veo en la pantalla que es Liz. Salgo del salón donde estaban todas las obras, con el celular en una mano y en la otra una copa con champagne. – Hola Liz– atiendo, en cuanto cruzo la puerta. Esperando que sus palabras calmen mis nervios antes de dar el discurso. Del otro lado del teléfono siento a Liz llorar. –¿Qué pasa? ¿Estas bien? – le pregunto preocupada. – Es papá. – alcanzo a escuchar entre sollozos. –¿Qué pasa con papá? – vuelvo a preguntar. –¿Qué pasa con papá? – Sophia, papá sufrió un infarto en la empresa. – Me dice mi hermana con la voz cortada, sin dejar de llorar. En cuanto terminé de escuchar, colgué la llamada, mi copa resbaló entre mis dedos y se estrelló contra el piso. Mis piernas, parecían no soportar el peso de mi cuerpo. Era incapaz de dar un paso. Rompo en llanto, siento que la música y el bochinche de las personas hablando en el salón de exposición se esfuman lentamente. Miro a mi alrededor, me encuentro sola, no sé qué hacer. Me falta el aire, me siento totalmente paralizada. De repente siento como una fuerza inexplicable sube desde mis pies hacia mi cara y que se desparrama sobre todo mi cuerpo. De un arrebato entro al salón corriendo, cruzo de una punta a la otra en busca de mi cartera y salgo llorando. Siento que esto debe ser una broma de mal gusto que me está haciendo Liz. Necesito ir al hospital donde está trabajando y asegurarme que papá está bien. Busco las llaves del auto en mi cartera, me subo y con las manos temblorosas lo hago arrancar; pongo primera, piso el acelerador a fondo, sin poder ver claro por las lágrimas en los ojos fijo mi mirada sobre la calle, acelerando a fondo. Necesito llegar rápido al hospital.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD