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Se había quedado dormida alrededor de las dos de la mañana, pues el día anterior había tomado una la siesta, que sumado a la ansiedad de su viaje inesperado, la dejaron la noche en vela. Lo cual le permitió tomar su portátil y hacer la planificación para trabajar con la niña, como no sabía cuanto tiempo iba a permanecer en el lugar, lo hizo por quince días.
Agradeció que Charlotte le llamó muy temprano en la mañana y le informó que su vuelo al caribe sería a las tres de la tarde, puesto que tenían que esperar que al avión le hicieran su respectivo mantenimiento. Eso le daba un poco más de tiempo de dejar listo lo pendiente. Sin embargo, el chofer se apareció dos horas antes.
«La ventaja de ser un vuelo privado», se dijo cuando se subió al vehículo.
En silencio se dirigieron hasta el aeropuerto, y en el trayecto iba analizando lo rápido que había cambiado su vida de la noche a la mañana. Solo habían pasado veinticuatro horas de que la habían despedido de su trabajo de cuatro años, como si fuera nada. Y en ese momento se encontraba rumbo a una isla paradisiaca en el caribe, trabajando en lo que le gustaba.
A pesar de que en realidad iba a hacer de niñera, trabajar en el caso de Kate McLean iba a ser todo un reto. En su cabeza ya había trazado el objetivo, solo esperaba que cuando conociera a su padre le cayera bien y le dejara ayudar.
Se estaba acomodando en su asiento, cuando vio a Charlotte y la niña subir al avión. En seguida la pequeña le dio una sonrisa, como siempre la asistente del señor McLean estaba corta de tiempo.
—Me alegra que ya estés aquí —Charlotte le dijo a modo de saludo, pero se notaba en su voz un tomo de alivio.
—Acabo de llegar apenas unos minutos —Alina se acercó a la niña y la saludó.
Ambas mujeres quedaron sorprendidas, cuando Kate se abrazó a la cintura de Alina. A ella no le quedó de otra que corresponderle con toda la emoción y ternura que le había causado su gesto.
—¿Quieres que vaya a tu lado durante el vuelo? —ella le preguntó de manera calmada.
Enseguida, Kate le sonrió nuevamente y asintió rápidamente con la cabeza.
—Está bien, vamos a ubicarte en tu asiento y asegurarte, ¿de acuerdo?
La niña una vez más asintió.
Unos pocos minutos después, cuando todo ya Kate estaba en su puesto y Alina también, Charlotte se acercó a ellas.
—Toma, esto es, para que lo firmes —le guiñó un ojo—, es el contrato.
Con un suspiro, Alina comenzó a leerlo. Se dio cuenta de que apenas estaba por treinta días, y adicional había una cláusula de confidencialidad.
—Como el señor McLean no estuvo en la entrevista, me indicó que estableciera ese tiempo en el contrato —entornó los ojos debajo de sus gafas de leer—. Obviamente, si tu trabajo es bueno, y a él le gusta, tu metodología se renovará.
—Entiendo…
—Digamos que es el periodo de prueba.
—¿Es necesario establecer la cláusula de confidencialidad?
Alina tuvo que preguntar, ya que la confidencialidad la aplicaba cada día en el centro de aprendizaje. Era indispensable en el trato de paciente y terapeuta, para ella estaba sobrevalorado.
—En estos momentos, sí —Charlotte le respondió, se acercó hasta ella y le habló muy bajito, tratando de que la niña no escuchara—. El señor McLean lo hace por el tema de la custodia, además el hombre es un ex-militar y es un poquito —le hizo un gesto con los dedos— con el tema de la seguridad.
—Es decir, que ya me ha investigado, ¿verdad?
—Un poco…
«Espero que no se entere de que me han echado del centro de aprendizaje», Alina pensó con temor, mientras terminaba de firma y le entregaba de vuelta el documento a Charlotte.
—Pero no tienes que preocuparte por eso, él no es un ogro. ¡Adora a Kate!
—Veamos qué juegos tienes ahí —Alina giró hacia donde estaba la pequeña, lo mejor era cambiar de tema, revisó su tablet—. Aunque son noventa minutos de vuelo, debe ser agradable y cómodo para ti, pero la encenderemos luego que el avión despegue.
—No puedo creer que Kate se sienta cómoda contigo.
—Veo que es una niña dulce —le acarició la mejilla a la niña—, vamos a trabajar duro para que puedas volver a expresarte.
Los ojos de Kate la miraron de una manera indescifrable, al punto que le hizo fruncir el ceño. Iba a preguntarle si pasaba algo, pero en ese momento se escuchó por el alta voz que en pocos minutos despegarían.
La pequeña le tomó de la mano de manera fuerte, la vio cerrar los ojos y contener la respiración.
—Tranquila, cariño —con la mano libre le acarició la rubia cabecita—. Esto dura, solo unos minutos, cuando estemos arriba podrás ver por la ventana lo hermoso que es el cielo y las nubes como algodones de azúcar.
Kate abrió los ojos de golpe y asintió.
Alina en ese momento no pudo evitar sentir empatía por la niña. Se preguntaba cuál sería el detonante en su caso. Era obvio que lo había ocasionado un trauma. Esperaba tener el tiempo suficiente como para lograr que confiara más en ella y se expresara sin ningún tipo de temor.
Cuando el avión se estabilizó, sintió que Kate se relajó. La soltó para ponerle sus auriculares de gatita y ponerle en su tablet algún juego sin conexión. Miró a un lado y observó a Charlotte trabajando en su portátil.
«¿Acaso esa mujer nunca para?», se cuestionó.
Cerró los ojos y a su mente vino un recuerdo que pensaba estaba al final de su mente.
—¡Después de esto no quiero verte en mi casa! —le gritó el hombre que llevaban esposado a la comisaría.
—¿Cómo le has hecho eso a tu padre? —la voz de Mary Clark era de dolor.
—¿Cómo has permitido que después de todos estos años él te siga maltratando, mamá?
—Pero es tu padre…
—Es un abusador, necesita una lección.
—¿Llamándole a la policía? ¿Metiéndolo tras las rejas? —chilló su madre—, no es su culpa, soy yo la que está mal.
—¡¿Pero como dices eso, mamá?! —Alina estaba indignada.
—Yo soy la que está defectuosa, él solo ha cargado conmigo todo este tiempo.
—¡Mami! —caminó hasta donde ella se encontraba y la agarró de los hombros para que le entendiera—. El hecho que tengas dislexia, no te hace un ser defectuoso.
Esa era la razón por la cual Alina estaba estudiando psicopedagogía.
—Soy casi una analfabeta —sollozó la mujer frente a ella.
Muchas veces Mary se avergonzaba de su problema, hasta el punto que dejó de salir a la calle y frecuentar a su familia, y a sus amigas más cercanas.
—No te menosprecies, fueron tus padres que no se tomaron la tarea de llevarte a un especialista a tiempo, y en cuanto a ese hombre que dices que es mi padre, es solo un abusador que se aprovecha de tu problema.
—De todas maneras, es tu padre.
Alina recogió, parte de su habitación y metió algunas cosas en la maleta que todavía no estaba del todo desempacada. Apenas habían pasado dos días que había llegado a casa por vacaciones de la universidad, y se había encontrado esa tarde a su padre maltratando a su madre; fue todo lo que pudo soportar.
Ella pensaba, que las cosas se habían calmado. Que el hacerse mayor le había cambiado el carácter a Denis Clark, el hombre que decía ser su padre.
—¿A dónde vas, Alina? —cuestionó su Mary al ver lo que estaba haciendo.
—Mírate el rostro, mamá —le señaló—, te ha pegado una bofetada —apretó la ropa que tenía en las manos—. A ese señor no le debes nada, no es tu dueño. Deberías dejarlo definitivamente para que se quede solo, como la basura que es.
Alina no soportaba más los años de maltratos.
—No me has dicho a donde vas…
—Voy al trabajo, mamá —cerró la maleta—. Le preguntaré a Henry si puedo quedarme ahí hasta que finalice el verano y vuelva a la universidad. Si dice que no, entonces no me queda de otra que marcharme esta misma noche de este maldito pueblo.
Sacó el teléfono celular de su bolsillo y llamó un taxi. No quería dejar a su madre así, pero no podía ayudar a quien no quería ayuda. Se fue a la cafetería en donde trabaja cada vacación de verano, desde que tenía quince años.
Cuando puso un pie en la cafetería, buscó a Henry y le explicó su problema. Su jefe le dijo que no se preocupara, que tenía un lugar. Pero que tenía que esforzarse más que los demás, lo cual aceptó. Después de instalarse, darse una rápida ducha y ponerse su ropa de trabajo, salió del almacén.
Todo iba perfectamente bien, el sitio estaba lleno. Lo cual significaba muchas propinas a la hora del cierre, estaba llevando un pedido a una de las mesas cuando un hombre alto no la vio caminar con una bandeja llena de cerveza. Tropezó con ella, bañándola de pies a cabeza.
Un accidente lo tiene cualquiera, y el hombre tuvo la delicadeza de disculparse. Pero luego comenzó a reírse de una forma tan descarada, que para ella fue un detonante.
«¡¿Qué se ha creído este idiota?!», se preguntó.
Abrió los ojos de golpe, y dio un suspiro. No era la primera vez que soñaba con el recuerdo de aquella noche. Aquel encuentro s****l, fortuito, había dejado una huella en su mente. Ese día está disgustada con el mundo, quizá fue esa la razón por la cual actuó de manera tan impulsiva. Quería demostrar que no le importaba nada, que podía dejarlo todo en el momento que ella quisiera.
Después de ese verano, Alina no volvió más a casa en vacaciones de verano. Se dedicó completamente a sus estudios, y logró mantener sus altas calificaciones, de esa manera fue seleccionada para ser residente en el Centro de Aprendizaje de Norton State, en donde le pagaban una asignación mensual hasta que se graduó y fue contratada.
A pesar de que ya habían pasado tres años, su padre todavía no le dirigía la palabra y no permitía que su madre lo hiciera, pero sí aceptaban su ayuda económica. Lo que le parecía absurdo, pero una actitud propia de Denis.
De nuevo se escuchó la voz del piloto por los altavoces del avión. Informando que estaban a punto de aterrizar, Estiró el cuello para ver un momento por la ventana, y se encontró con el mar azul saludándola, una vez más se ocupó de la niña. Estaba un poquito desorientada, pero aun así estuvo a tiempo antes de que comenzaran a descender.
Cuando tocaron tierra, el rostro de la niña se iluminó. Tal vez porque sabía que se iba a reencontrar con su padre, algo que le tocó el corazón. Esperaron que el avión se estabilizara y se detuviera. Luego de eso comenzó el protocolo para bajar, y presentar los respectivos documentos. Charlotte y la niña se dirigieron a otra área, quizá porque habían llegado con una menor de edad.
Se dijo que si el mar era hermoso, puede que la ciudad también.
Pasaron unos minutos, y se encontró con que Charlotte y la niña no estaban, así que le preguntó a David, quien era el chofer y el guardaespaldas de Kate. Le respondió que ya estaban en camino a la villa, y que solo faltaban ellos. Recogió sus maletas y se fueron con otro, hombre que Alina asumió que también trabajaba para los McLean.
Mientras se iban a acercando a la cual sería su residencia durante el tiempo que estuvieran en la isla, su corazón comenzó a latir con fuerzas. Sin ninguna razón aparente.
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