CAPÍTULO 08

1921 Words
━━━•ஐ[★]ஐ•━━━ Edward se sentía un tanto inquieto, la emoción que sintió cuando vio a Kate no tenía explicación. En el instante en que ella lo había visto, corrió a su encuentro. Sin importarle arrugar su costoso traje hecho a la medida, la tomó en sus brazos y la alzó. —¡Mi princesa, qué grande y que hermosa estás! A pesar de que solo habían pasado dos días de que él tuvo que irse de viaje, no pudo evitar expresarlo. Para Kate parecía ser lo mismo, porque lo abrazaba con fuerza. Mientras dejaba caer su pequeña cabeza en el hueco de su cuello, al mismo tiempo que caminaban hasta el auto. Kate miró a los lados, como si estuviera buscando a alguien. —¿Qué sucede, cariño? —quiso saber Edward. —Alina viene en el otro vehículo —intervino Charlotte—. No te preocupes, Kate. Ella estará con nosotros cuando lleguemos a casa. Edward miró a su asistente con cara de pocos amigos. —Se llevan muy bien, digamos que ha sido amor a primera vista. —Ya hablaremos de ese desliz cuando lleguemos a la isla. Observó claramente cuando Charlotte palideció. En ese instante sintió más curiosidad por conocer a la nueva tutora. En los diez días que Kate había estado con él, no había manifestado interés por alguien. De hecho, tuvo un par de palabras con Margot. Porque le había insinuado que Kate tenía algún tipo de retraso, ya que se había retraído enormemente. En el momento que Edward le preguntó si la había llevado a algún especialista, la mujer mayor había dicho que no de manera rotunda, y con gesto de indignación. Su insignificante excusa fue que no quiera que la gente se enterara de que su única nieta era retrasada. Al escuchar aquello, Edward tuvo ganas de asesinar a alguien, aquellas palabras solo le demostraban lo mezquina y egoísta Margot era. En ese instante entendió muy bien de donde venía el comportamiento de su exesposa. —Dime la verdad, Charlotte. ¿Cómo se te ocurrió contratar a esa chica sin mi consentimiento? —La necesitábamos con urgencia —respondió mirándolo a los ojos fijamente. —Eso puedo entenderlo, pero sabes la situación legal. No cualquier persona puede quedarse al cuidado de Kate. —Por esa razón he contratado a Alina, puedo entender que usted quería tener la palabra final en este asunto tan importante para usted —le miro sería— Pero créame cuando le digo que he tomado la decisión correcta. —Eso espero, cuando lleguemos a casa quiero entrevistarla —entrecerró los ojos hacia ella—, no voy a aceptar una negativa de su parte. —Lo sé, y opino que también necesitan conocerse. Ambos notaron que algo en la actitud de Kate estaba diferente, se me veía mucho más animada que en días atrás. Fue en ese momento en el cual Edward se dio cuenta de que era parte fundamental de su vida, y reiteró su decisión de hacer todo lo posible por lograr que la niña se quedara a su lado. La abrazó de nuevo a la pequeña con fuerzas, lucharía por ella hasta el final. No importaba las veces que tuviera que pasar por encima de Margot. Cerró los ojos y permitió que el dulce olor a chicle inundaran sus fosas nasales. Su hija se removió inquieta entre sus brazos, como dándole a entender de que ya estaba un poco grande para aquella demostración de afecto. —¡Ven conmigo, Kate! —Charlotte le extendió la mano, en el momento en que sus pies tocaron el suelo—. Vamos a ver tu habitación, me han dicho que tiene una hermosa vista al mar. Kate no dudó en tomarle la mano, y aunque giró su cabeza hasta la puerta para ver quién aparecía, se fue con la asistente de su padre. No había duda de que la casa era hermosa, era de dos niveles y contaba con cinco habitaciones, todos con sus respectivos baños. Tenía una amplia cocina con utensilios modernos y en acero, algunos estaban dentro de sus empaques todavía. El comedor era grande para doce personas, lo que le pareció un poco exagerado a Edward. Pero dado el tiempo que iban a permanecer en el lugar, creyó no importaba. Al pasar las dos piscinas, en el medio del jardín, había un anexo con las mismas comodidades de la casa grande, pero un poco más pequeña. Esta contaba apenas con dos habitaciones, y en esa área se quedarían David y Martín, los dos hombres de seguridad que los acompañarían durante su estadía. Estaba de más decir que ambos estaban altamente calificados, para situaciones difíciles. Pues habían pertenecido al ejército como él. Charlotte se quedaría con ellos apenas unos dos días, ya que era la encargada de asistir en algunas reuniones, cuando estaba ausente. Tener a su hija bajo el mismo techo, después de tanto tiempo le hizo pensar en tomarse algunos días. Para Edward era como si la estuviera conociendo de nuevo. En su cabeza, ya había hecho planes para el cumpleaños de Kate en unos pocos días. Y como era un hombre que no desaprovechaba oportunidades, invitaría a Madam Anne a la pequeña celebración. Sabía que ni una doble intención con él, y eso era algo que lo aliviaba profundamente. Madam Anne, era una mujer atractiva, elegante, delgada, y alta. Que no aparentaba la edad que tenía, y con una hermosa piel color chocolate. Por la pequeña investigación que había hecho sobre ella, estaba casada, y su único hijo estudiaba en la universidad de Oxford. Así que no había peligro de un corazón roto. Abrió la puerta corrediza de vidrio que daba al área de la piscina. Pero que, al mismo tiempo, tenía vista al mar. —Todo fuera más fácil para mí, si te quedaras en casa, Edward —la voz de Caroline resonó en su cabeza. —Tengo que cumplir con el deber, te prometo… Ella lo cortó de manera tajante, alzando la mano para que se callara. —No me prometas nada, Edward —bajó la mano, y la cerró en un puño—. Estoy cansada, de ser la segunda opción en tu vida. —¡Basta ya de manipularme con lo mismo! —él exclamó con exasperación—. Sabías cuál era mi trabajo, cuando nos conocimos. —¡Es cierto! —Caroline chilló—. Pero… pero… tenía la esperanza… —¿De? —preguntó y luego le dio una sonrisa sarcástica al darse cuenta de que ella no iba a contestar—. Creíste que lo dejaría todo por ti, ¿no es así? —Yo… —tomó una respiración profunda—. Solo quería ser alguien importante en tu vida, no que no me excluyas de esta forma. —Me casé contigo, tenemos una hija… —Pero no somos lo suficiente para que te quedes en cada, entiendo. —Entonces, será mejor que nos separemos, Caroline —le soltó de golpe. —¡Nooo! —gritó— ¿Cómo puedes pensar que esa es la mejor solución? —se fue encima de él, y comenzó a golpearle con los puños en el pecho— Eres tan arrogante, tan egoísta, eres… un miserable patán. —¿Te das cuenta? —cuestionó Edward, utilizando su entrenamiento para inmovilizarla con las manos por encima de la cabeza sin hacerle daño—¡No estás bien! ¡No estamos bien! Caroline se soltó de su agarre, porque Edward se lo permitió. —Esa es la pobre excusa que das, solo se trata de lo que es mejor para ti… —¿A qué te refieres? —No quieres hacer nada, para salvar nuestra relación —Caroline hizo gesto con las manos—. Para ti es más fácil pedirme el divorcio, y dar media vuelta para correr a jugar al héroe anónimo, como siempre haces. —Cuida tus palabras —el tono de advertencia en la voz de Edward era el que usaba con su equipo en el ejército. Caroline negó con la cabeza. —A veces me pregunto, si utilizas la excusa del ejército para huir de tus problemas —ella fue desafiante— Vete, ahora y si no harás nada para mejorar la situación… Entonces, es mejor que nos separemos. El recuerdo de aquella tarde lo perseguía, de cierta forma Caroline tenía razón. Respiró de manera profunda, permitiendo que la salinidad de la isla se calara en sus pulmones. Después de aquella discusión, se iniciaron los trámites del divorcio. Caroline sabía que Edward pertenecía a una familia adinerada, su padre era dueño de un consorcio internacional. Pero él solo era un soldado a tiempo completo para el tío Sam. Así que hubo una negociación de siete meses. Al final, Charles McLean, el padre de Edward, intervino y de esa forma llegaron a un acuerdo y se dictaminó la sentencia de divorcio. Algo que Caroline no esperaba, porque hasta el final del proceso. Ella mantuvo la esperanza de que él recapacitara y fueran un hogar en todo el sentido de la palabra. Se pasó la mano, por un lado, de la cabeza. Un gesto adquirido desde muy joven, cuando pensaba demasiado. Sentía un poco de remordimiento, por lo sucedido con Caroline, ya que era una relación de dos y prácticamente la dejó sola. Su terquedad no le permitió aceptarlo hasta que fue demasiado tarde. A lo lejos escuchó unos pasos de alguien corriendo, estaba seguro de que era Kate que estaba explorando la casa. —¡Qué bueno que ya has llegado! —escuchó a Charlotte decir— ¿Todo bien? —¡Sí! —respondió la persona recién llegada. —¿Ves, Kate? —continuó Charlotte— Te dije que llegaría en cualquier momento. El cuerpo de Edward se puso en estado de alerta, un hormigueo que tenía tiempo que no sentía le sacudió el cuerpo. La curiosidad lo sedujo, cuadró los hombros otro gesto en él que indicaba seguridad. —¡Vamos, cariño! ¡Ya estoy aquí! Aquella voz dulce y melodiosa, para Edward, era un tanto conocida. Así que giró lentamente, para ver el rostro de la tutora de su hija mientras estuvieran en la isla. Dio pasos a zancadas hasta ellas. Pues le sorprendió enormemente la escena. La joven estaba de rodillas en el suelo, y su hija abrazada a ella como cuando lo hacía con él. Negó con la cabeza, frunció el ceño. Al ver aquello, tuvo que darle crédito a Charlotte, pues era obvio que había conexión entre Kate y la nueva tutora. —Kate estaba muy preocupada, porque no viniste en el auto con nosotros. —No tenías por qué hacerlo, cariño —le respondió, el abrazó a la niña—. Solo fue cuestión de logística —soltó una risita de complicidad—, ahora sabemos que la señorita Charlotte es humana. —¡Claro que lo soy! —exclamó Charlotte, riendo también. La niña, al darse cuenta de que su padre se acercaba a ellas, se soltó del abrazo de Alina, y corrió a su encuentro. —Oh, aquí está el señor, McLean. Charlotte usó su tono profesional para hacer la respectiva presentación. De manera lenta; Alina se levantó y se giró. —Señor McLean, ella es la nueva tutora de Kate, Alina Clark —Charlotte se aclaró la garganta, al ver la cara de póker de su jefe. Para un hombre como Edward que no creía en los juegos del destino, esa era una prueba de que existían.
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