Capítulo 4 — Quisiera proponerte algo.

1722 Words
Maileen No me puedo creer lo grande que es esta casa. No, señores, esto es un hotel, un hermoso hotel de lujo con capacidad para 100 personas. Bueno, qué me puedo esperar de un hombre capaz de pagar 15.000$ solo por dar una idea para un futuro proyecto beneficiario. No me malinterpreten, no me estoy quejando, es que las personas a veces tienen más dinero que sentido común. ¡Y gracias a su dinero podrás sacar a Maddie de la casa, tonta! Sacudo la cabeza y dejo atrás la tonta discusión conmigo misma. Si hay personas que tienen dinero, pues que se lo gasten como a ellos les dé la gana. Si yo tuviese tanto dinero como ellos, probablemente haría igual. Camino hasta la enorme puerta, seguramente de madera caoba, y aliso brevemente mi vestido n***o. Doy gracias mentalmente a Casey por prestármelo, sino hubiese tenido que presentarme con vaqueros desgastados y una vieja camiseta. Amo el vestido n***o por sus detalles de encaje en la parte del busto, me hace sentir… poderosa. Aunque estos asesinos tacones me están matando. Decido tocar el timbre de la puerta y esperar para que por fin pueda mejorar aunque sea un pequeño aspecto de mi vida y la de mi hermana. Al fin abren la puerta y yo logro apartar los malos pensamientos y me las arreglo para colocar una pequeña sonrisa. Una señora mayor me saluda amablemente y me hace pasar, se presenta como Sasha. Me cae bien al instante, es una señora de baja estatura, ojos color miel y cabello un poco canoso; aunque no se nota tanto. Está vestida con un elegante uniforme de dos piezas blanco con n***o y su cabello recogido en una sencilla cola de caballo, parece una persona muy dulce. Caminamos en silencio por la increíble sala, en donde seguramente solo uno de sus sofás vale más que mi casa, pasamos brevemente por el comedor, con una mesa más grande que mi cuarto y un enorme candelabro con pequeñas gotas de cristal cayendo en forma de cascada. No hay palabras para describir esta casa, o sí tal vez la hay, y esa es imponente. Esta casa es imponente, me hace sentir tan pequeña. Nos detenemos frente a una puerta cerrada, entonces, Sasha toca y una voz increíblemente grave le da el paso. Ella asoma su cabeza, le indica que he llegado y me hace entrar; apenas lo hago me detengo abruptamente y el estómago se me hace un nudo. ¡Que pase un tren y me lleve por delante! Detrás de un elegante escritorio de madera caoba y sentado en una enorme silla de cuero n***o, se encuentra nada más y nada menos que Colton Hemsley, y debo añadir que se ve muchísimo mejor en persona que en las fotos. Él se levanta al mismo tiempo que me regala una linda sonrisa de lado, me resulta tan atractivo que me pone nerviosa. Inmediatamente me pongo a temblar y no tengo idea de porque lo hago. —Bienvenida, señorita Collins. —Me ofrece su mano. La miro unos segundos intentando relajarme y al final levanto mi mano, aun temblando, y la estrecho con la de él. —Muchas… Gracias, señor Hemsley. —¿Por qué demonios estoy temblando? —Por favor, siéntese. —Me muestra una pequeña silla frente a la suya— Tenemos mucho que hablar. Asiento en silencio y hago lo que él me dice. Hablar, sí, como no. Buena suerte con eso. Él vuelve a sentarse en su asiento y nos quedamos en silencio unos pequeños segundos, que para mí, fueron los más largos de mi vida. Realmente es un hombre muy atractivo; ojos color café, cabello castaño y una muy bonita sonrisa. Debe medir al menos 1.85, es muy alto, y por lo poco que he podido ver, gracias a sus ajustados jeans, camisa blanca y una chaqueta negra de cuero, deduzco que su cuerpo debe ser igual de hermoso como su rostro. —Señorita Collins. —Me saca de mis pensamientos con una pequeña sonrisa y por un momento me siento avergonzada por mis pensamientos— Primero quisiera felicitarla por su fantástica idea, la verdad tenía mucho tiempo sin escuchar una propuesta tan completa como la suya. Lo sé, no todos los que proponen han vivido lo que yo he vivido… —Muchas gracias, señor Hemsley. —Por eso quiero proponerle hacer el trabajo juntos, imagino que usted ya leyó todo lo que se le envió a su correo, ¿cierto? —Asiento— Bien, básicamente me ayudará a estudiar la problemática y se buscará el lugar y las personas indicadas para crear la fundación. Realmente, creo que si trabajamos duro, podemos tener todo preparado en un año y haríamos la inauguración de aquella fundación. —Me sonríe al ver mi cara de alarma— ¿Son muchas cosas por hacer, cierto? —Demasiadas, diría yo. —Concuerdo con él— Pero, sí. Estoy dispuesta a trabajar con usted en este proyecto, para que salga lo mejor posible. Quién sabe, quizás las cosas me salen mal y termino llevando a Maddie a ese lugar. Pero eso no se lo diré a él. Él sonríe y de pronto comienza a escribir algo en un papel, lo levanta hacia mí y me lo entrega. En el momento que lo tengo entre mis dedos, me doy cuenta de lo que es. ¡Mi premio! ¡Mi dinero! ¡Mi libertad! Le agradezco suavemente, sin mostrar mi inminente felicidad y lo guardo en el pequeño bolso de mano que me prestó Casey. Ni siquiera recuerdo haberlo traído, este chico me distrae mucho. ¿Cómo demonios voy a trabajar con él durante un año? Nos quedamos unos minutos más hablando sobre el proyecto, me muestra varios lugares que serían perfectos candidatos para la fundación y me dice que debemos prepararnos para visitar cada uno, además de buscar los profesionales en rehabilitación de drogadicción, algunos médicos comunitarios, pero sobretodo, personas que apoyen la causa. Apenas puedo llevarle el ritmo, Colton Hemsley tiene tan solo 25 años y trabaja como todo un cincuentón. Es muy gratificante hablar con una persona sobre distintos temas sin que haya un prejuicio, de todas formas esto es para ayudar a los más necesitados, ¿no? No debería haber ningún prejuicio. Los niños no tienen la culpa de las decisiones erróneas de sus padres, de hecho, esos niños son las victimas de todo. Después de dejar todo en claro, Colton me hace saber que me avisará por correo electrónico nuestra próxima cita de trabajo y se lo agradezco mentalmente, ya que no tengo teléfono celular. Nos despedimos brevemente y me levanto para salir de su despacho, pero jamás en la vida me imaginé lo que vendría después: —Maileen, espera. —Me quedo de espaldas sin poder moverme. Durante toda una hora, nunca me llamó por mi nombre, para él solo fui la señorita Collins. Y no puedo negarlo… Me gusta. Al fin logro girarme y me sorprendo al verlo frente a mí. Su mano alcanza la mía y cuando nos encontramos visualmente, puedo ver que algo ha cambiado en su mirada, ahora sus ojos están más… oscuros. —Quisiera hablar contigo sobre otra cosa. Asiento muy confundida, con el corazón a mil por el contacto de su mano contra la mía. Dejo que él me dirija de nuevo a mi antiguo asiento y me dejo caer lentamente, pero esta vez él se recuesta en el borde del escritorio, quedando muy cerca de mí. —Quisiera proponerte algo. —Dice con su voz extremadamente grave. Desde aquí puedo oler su aroma natural, es cautivante. —Usted dirá, señor Hemsley. —De verdad me las arreglo para no tartamudear. Él me sonríe de nuevo y puedo notar que su mirada se oscurece. —Voy a serte muy sincero y estoy muy seguro que quizás la manera en la que te voy a decir esto te va a molestar, pero no puedo dejar que te marches sin decírtelo… —Asiento confundida—…Quiero acostarme contigo. Abro y cierro la boca una y otra vez sin poder reaccionar, por lo general hago esos gestos cuando algo me sorprende y estas palabras me han tirado de espaldas. ¿Qué? ¿Él quiere…? ¿Qué? —Me gustas, eres una chica muy hermosa y sé que te has puesto nerviosa con solo verme. Me deseas, —¡Ay diosito!— yo te deseo y estoy dispuesto a ofrecerte una jugosa oferta. Puedo pagarte 3.000 $ semanal si te acuestas conmigo cada vez que yo quiera, los dos ganamos, Maileen. Frunzo el ceño por el giro que ha dado la conversación, esto no está bien, no está nada bien. ¡Él me está tratando como una prostituta! Me levanto y cuando Colton intenta detenerme le hago una seña con la mano, junto con mi mirada más asesina. —Lamento si te ofendí. —Lo escucho decirme mientras camino a la puerta. —¡Sí, me ofendiste muchísimo! —Me giro y le siseo— Me estás tratando como a una prostituta. Lo cual, para tu información, no soy. Si te creíste por un minuto que soy esa clase de chica, pues te has equivocado mucho. Él se ve por un momento apenado, pero ya es demasiado tarde. Definitivamente las personas tienen más dinero que sentido común. Confirmado. Me despido de él y le digo que tal vez no sea buena idea trabajar juntos. Principalmente porque no quiero verlo más. —No, espera. Solo… piénsalo, toma mi número. —Se gira rápidamente y escribe su número en un pedazo de papel, se acerca a mí y me lo tiende. Solo lo tomo para poder salir más pronto de esa casa— Llámame si cambias de opinión, lamento si te ofendí. Realmente, creo que podemos pasarla muy bien, juntos. Asiento en silencio y tras darle una última mirada, salgo del despacho y posteriormente de aquella imponente casa. Apenas salgo de ahí, el aire inunda mis pulmones y revuelve mi cabello. ¿Qué demonios acaba de pasar ahí dentro? Camino lejos de aquella casa hasta llegar a una parada de autobús. Apenas me subo todos los ojos se posan en mí y en mi vestimenta. Los ignoro a todos y me dirijo al banco, a hacer lo más importante de mi vida. Retirar el dinero.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD