El sonido de la puerta principal me interrumpió. Era el chofer, Carlos, un joven atractivo que trabajaba para mis padres. Aunque su rostro reflejaba cansancio, también había algo de determinación en su mirada, como si estuviera decidido a cumplir con su trabajo sin importar las circunstancias.
—Señora Salazar, los señores avisaron que no despertara a la señorita Ai. Ya no irá a clases de ballet —dijo, con una formalidad casi perfecta.
Sonreí aliviada, un peso se me quitaba de encima. No tendría que lidiar con el estrés de esas clases de ballet que siempre terminaban siendo un dolor de cabeza.
—Perfecto —respondí con satisfacción—. Nana, no la despiertes, y dile que esté lista para el almuerzo. Ella y yo saldremos... Una tarde de hermanas.
Ella asintió con una sonrisa alegre y continuó lavando los platos. Yo, por mi parte, me sentía un poco más ligera, sabiendo que Ai podría descansar y que finalmente tendríamos un rato para nosotras. Salí de la cocina y me dirigí rápidamente a mi cuarto para buscar mi teléfono, cuando entré, vi a Sitney frente al espejo, vistiéndose. Llevaba un short de rayas color café y blanco, con un pequeño cinturón a juego. Una camisa blanca de cuello redondo estaba metida dentro de su short, y encima llevaba un blazer rosa que le llegaba justo debajo de los glúteos. Sus botas negras, con pequeños lazos a los lados, completaban el conjunto perfecto.
—Hola —dije, entrando al cuarto.
Ella me miró y sonrió.
—Hola, ¿ahora irás allá? —preguntó, levantando una ceja.
La miré, un poco confundida, pero luego respondí.
—Siempre voy —dije, acercándome a donde tenía mi teléfono cargando—. ¿Por qué? —pregunté, desconcertada.
—¿Puedo ir? —me preguntó, con una expresión que me dejó sin palabras. Vi el puchero en su rostro y me hizo sonreír.
—Esta vez no te alejes de mí… —le dije, un poco resignada a que no podría evitar que viniera. Ella sonrió ampliamente y me abrazó con entusiasmo. Reí, ante su actitud de niña con juguete nuevo, como si no le importara lo que pensaran los demás.
—Bien —dijo, separándose de mí—. ¿Por qué tan feliz? —preguntó con curiosidad.
—Ai ya no irá a esas malditas clases de ballet, y saldremos juntas esta tarde —respondí, llena de emoción. Necesitaba tiempo con ella, algo diferente a la rutina de siempre. Algo que nos recordara que, aunque las cosas eran complicadas, podíamos encontrar momentos para nosotras. Ella soltó una risa sincera.
—Supongo que tuviste algo que ver, ¿verdad? —dijo, sonriendo mientras me miraba con picardía.
No pude evitar reír, sabiendo que, aunque no fuera todo lo que había querido, al menos habíamos conseguido algo para disfrutar juntas.
—Sí —respondí, y volví a sonreír mientras nos dirigíamos hacia la puerta. Esta vez, no habría más preocupaciones, solo nosotras, disfrutando del poco tiempo que teníamos para hacer lo que queríamos.
—Solo les advertí que si no dejaban respirar a Ai, me la llevaría y ellos ni siquiera se dieron cuenta, tan metidos en sus trabajos —dije con simpleza, sintiendo cómo la tensión en mis hombros comenzaba a relajarse. Ella asintió, sin agregar nada más.
—Bueno, vamos a la universidad, tengo un día muy movido —comenté, alistándome para salir de la casa.
—Está bien —respondió ella, sonriendo. Tomé mi bolso y el de ella, pasándoselo con delicadeza antes de salir del cuarto. En ese momento, mi hermano salió de su habitación, como si estuviera a punto de irse también.
—Buenos días —dijo él, con esa calma que siempre lo caracterizaba, como si todo estuviera bajo control. A veces me preguntaba cómo lo lograba.
—Buenos días —respondimos en unisono, como si fuera un ritual de cada mañana.
—Lamento lo de ayer, Sitney —dijo él, con una expresión nerviosa, claramente incómodo por la situación de la noche anterior.
—No te preocupes —respondió ella, con una sonrisa sincera, dejando atrás cualquier tensión. Su capacidad para perdonar y seguir adelante siempre me sorprendió.
—Sí, sí, ya vamos… —dije rápidamente, tomándola de brazo y arrastrándola fuera del cuarto. No podía perder más tiempo. —En la universidad buscamos algo de comer, y también, no quiero llegar tarde —agregué, haciendo una pausa breve para asegurarme de que escuchara.
Ella asintió y se fue a buscar su auto, mientras que yo vi cómo el chofer estacionaba el auto frente a nosotras. Entré rápidamente en el vehículo, y mientras avanzábamos, miré por el retrovisor y vi a Sitney salir de la parte trasera de su coche. Nos cruzamos una mirada, y me aseguré de que todo estuviera bien antes de que cada una tomara su propio camino. Nos despedimos de nuevo con un leve gesto, y nos adentramos en nuestros respectivos trayectos hacia la universidad.
Antes de llegar, mi teléfono vibró, anunciando un mensaje de Jefrey. Era evidente que él no iba a dejar de preguntarme sobre lo sucedido. Al principio me molestó, pero luego lo tomé con más calma. Abrí el mensaje.
Jeff
¿Por qué corriste así ayer?
(07:12 am)
Tú
El imbécil de mi hermano mandó a Sitney sola al auto…
(07:12 am)
Tú
Llegué justo a tiempo, el hijo de puta de Canighan estaba a punto de hacer lo mismo que con las otras.
(07:13 am)
Jeff
¿Está bien?
(07:13 am)
Tú
Sí, te dije que llegué a tiempo.
(07:14 am)
Jeff
¿Vendrán esta noche?
(07:16 am)
Tú
Insistió en ir y no me pude negar.
(07:17 am)
Jeff
Ok…
(07:17 am)
Jeff
Oye, te vi ayer con Stefhan…
(07:17 am)
Jeff
¿Qué pasó, creí que no se conocían?
(07:17 am)
Tú
La verdad no sé, después de que Masiel los llevara y ustedes me dejaran sola, ambos fuimos a la barra y hablamos. Luego me besó y, bueno…
(07:18 am)
Tú
Sabes que le ando dando ganas desde hace mucho, y no iba a desaprovechar eso. :)
(07:19 am)
Jeff
Suertuda, ¿ya coges con él?
(07:19 am)
Jeff
Usen condón, no quiero ser tío aún.
(07:19 am)
Jeff
Jajajaja… No desaproveches eso.
(07:20 am)
Tú
Claro, llegaré a la universidad, nos vemos luego, Jef.
(07:21 am)
Jeff
Bien, salúdame a Sit.
(07:21 am)
Tú
Claro.
(07:22 am)
Guardé el teléfono con rapidez y me acomodé en el asiento del auto. El trayecto hacia la universidad parecía eterno mientras pensaba en todo lo que había sucedido la noche anterior. No era solo Stefhan y el beso, sino todo lo que había estado ocurriendo, el caos, las presiones familiares, el temor constante de perder a quienes amaba. Era un torbellino que no parecía querer detenerse.
Cuando el auto finalmente llegó a la universidad, el conductor me miró por el espejo retrovisor, como si quisiera darme una pequeña advertencia.
—Señorita, ya llegamos —me dijo con un tono educado, pero con un toque de suavidad que reflejaba su profesionalismo.
—Gracias —respondí, recogiendo mi bolso y bajando del auto con rapidez. No podía perder más tiempo en pensamientos. Tenía que concentrarme en la universidad, en mis estudios, al menos por unas horas. Al salir del vehículo, noté a Sitney acercándose con paso firme. Su mirada brillaba con algo entre la curiosidad y la emoción, como si quisiera saber cada detalle de la conversación que acababa de tener con Jefrey.
—¿Todo bien? —me preguntó, su voz llena de esa curiosidad que siempre me sacaba una sonrisa.
—Sí, todo bien —respondí, dándole una pequeña sonrisa antes de seguir adelante. No quería que ella supiera exactamente todo lo que había pasado. Algunas cosas eran demasiado complicadas para explicarlas en un par de frases.