Capítulo 30. Ella no ha vuelto y yo, tampoco la he buscado. Enrre. No sabía nada de Mariela, desde ese día que yo llegué a mi casa y la ignoré por completo. Se había marchado sin despedirse de mí. Pero como lo hacía si yo, le estaba huyendo prácticamente. Sabía que mi actitud estaba mal y aun así lo seguía haciendo. No puedo negar que he pasado los mejores tres años de mi vida, con Mariela. No es tan malo como lo imaginé, siempre atenta, siempre pendiente de mi ropa y prepararme deliciosos platillos que tanto me gustan. Sus constantes demostraciones de amor, afecto y cariño me hacían sentir bien. Ella no perdía oportunidad de decirme “Te amo” cada noche al dormir o cada mañana al despertar, especialmente en la intimidad cuando se desvanecía entre mis brazos, entregando todo de ella.

