El descenso al refugio de los Olvidadores fue como entrar en las entrañas de una bestia mecánica en estado de descomposición. El túnel, oculto bajo las raíces masivas de un árbol de hierro-musgo, era un laberinto de tuberías oxidadas que goteaban un condensado n***o. El aire, denso y cargado de ozono, vibraba con el zumbido de generadores antiguos que luchaban por mantener el velo de invisibilidad del refugio.
Zane cargaba a Aurora en sus brazos. Ella se sentía ligera, casi etérea, pero su piel emitía pulsos violetas que quemaban el pecho de Zane a través de su ropa. Cada vez que ella parpadeaba, el aire a su alrededor se distorsionaba, como si el software de su existencia estuviera intentando desinstalarse de la realidad.
Al final del túnel, una puerta de acero reforzado, cubierta de grafitis en lenguajes de programación antiguos, se abrió con un gemido hidráulico.
— ¡Ni un paso más, engendro de cromo! —rugió una voz que cortó el aire como un látigo.
Zane se detuvo en seco. Al menos una docena de punteros láser rojos convergieron sobre su pecho y su frente. Los Olvidadores estaban allí: hombres y mujeres de rostros cenicientos, vestidos con harapos reforzados con chatarra, apuntando con rifles de riel que parecían haber sido ensamblados a partir de piezas de desecho.
—Traes a una de ellos a nuestro hogar, muchacho —dijo un hombre alto, cuya mandíbula de metal chirriaba al hablar. Era Kael, el líder del refugio—. ¿Buscas que los Paladines de Plata nos encuentren y borren este sector del mapa?
—Ella me salvó la vida —respondió Zane, su voz resonando con una autoridad que nunca supo que poseía—. Y si yo quisiera vuestras vidas, no habría necesitado traer a los guardias. El poder que llevo en este brazo podría freír vuestros circuitos antes de que apretarais el gatillo.
[ANÁLISIS DE ENTORNO: REFUGIO 'PEGASO'] [ESTADO: PARANOIA ALTA / SISTEMAS AL 30% DE CAPACIDAD] [ADVERTENCIA: FIRMA DE DATOS FAMILIAR DETECTADA EN EL SERVIDOR CENTRAL...]
Kael estaba a punto de dar la orden de arresto cuando un anciano ciego, apoyado en un bastón hecho de fibra de carbono, emergió de entre las sombras de las salas de servidores. No tenía ojos, solo dos cuencas metálicas selladas, pero su cabeza se inclinó como si estuviera escuchando una música que nadie más percibía.
—Baja el arma, Kael —dijo el anciano con una voz que parecía venir de otra época—. Ese sonido... el zumbido de baja frecuencia del Núcleo Zero... solo hay un hombre en la historia que logró que el cromo cantara en esa tonalidad.
El anciano se acercó a Zane con pasos vacilantes y, con manos temblorosas, tocó el metal frío del brazo del joven. Al contacto, los circuitos de Zane brillaron con una luz plateada suave. El anciano sonrió con una tristeza infinita.
—Zane... eres el vivo retrato de Arthur.
— ¿Conocías a mi padre? —Zane sintió un vuelco en el estómago. En la Ciudad de Cristal, el destino de su padre era un tabú, un susurro sobre un accidente minero que nunca ocurrió—. Me dijeron que murió en la fundición antes de que yo pudiera recordarlo.
—Te mintieron para que no buscaras tu propósito —respondió el anciano, que se presentó como Silas, el antiguo cronista de la resistencia—. Arthur no era un minero. Era el arquitecto de sistemas más brillante que la humanidad ha tenido bajo el y**o elfo. Ven conmigo. Hay algo que ha esperado dieciocho años a que tu firma genética lo activara.
Silas los condujo a una cámara aislada, protegida por jaulas de Faraday para evitar cualquier filtración de datos. En el centro, una terminal masiva, rodeada de tanques de nitrógeno líquido, latía con una luz roja tenue. Silas tomó un cable de interfaz de la consola y lo conectó directamente a la ranura que Zane tenía en su codo de cromo.
De repente, las pantallas de la sala parpadearon. Una imagen holográfica, granulada y llena de estática, apareció en el aire. Era un hombre con la misma mirada intensa de Zane, pero con los ojos cansados de quien ha visto el fin del mundo.
—Hola, Zane —dijo el holograma de Arthur. Su voz era un eco cálido entre tanto metal—. Si estás viendo esto, significa que el Núcleo Zero se ha despertado. Perdona que no esté allí para enseñarte a usarlo, pero los Puros estaban cerca y tuve que ocultarte en el sistema de castas inferiores como una aguja en un pajar.
Zane extendió su mano, intentando tocar la luz del holograma, pero sus dedos solo atravesaron el aire frío.
—El Núcleo Zero no es un arma, hijo. Es una Llave de Reinicio. Los Puros han convertido este mundo en una simulación cerrada, un bucle donde la muerte humana es solo energía reciclada para sus ciudades flotantes. Tú no naciste de la forma común, Zane. Fuiste diseñado. Eres el puente entre el Hardware biológico y el Software del mundo.
Aurora, que se había recuperado lo suficiente para escuchar, soltó un suspiro ahogado. —Un puente... —susurró—. Por eso puedo sincronizarme contigo. No eres un usuario del sistema, Zane. Eres la Interfaz misma.
El mensaje de Arthur se volvió más urgente. —Escucha bien. El Núcleo tiene tres sellos evolutivos. El primero te permite hackear la materia muerta. El segundo, la mente y la magia. El tercero... el tercero te permitirá reescribir la realidad misma. Pero los Puros lo saben. Vendrán por ti con todo lo que tienen. Busca a los otros Siete Olvidados. Ellos tienen las piezas de la corona que te permitirán acceder al Trono del Código.
El holograma se desvaneció en una lluvia de píxeles plateados, dejando la sala en un silencio sepulcral.
[MISIÓN PRINCIPAL: RECOLECTAR LAS 7 PIEZAS DE LA CORONA DEL CREADOR] [ESTADO DEL NÚCLEO: SELLO 1 ACTIVO - MANIPULACIÓN DE MATERIA BÁSICA] [VÍNCULO CON AURORA: 'SINCRONÍA DESTINADA']
Kael, que había escuchado todo desde la puerta, bajó la cabeza y guardó su rifle. Ya no veía a Zane como a un intruso, sino como a la única esperanza que no era una mentira.
—Si lo que dice tu padre es cierto —dijo Kael, mirando hacia el techo, como si pudiera ver a través de las capas de tierra hasta la ciudad elfa—, la guarnición que está en la superficie es solo la vanguardia. Los Ejecutores de la Casta de Oro ya deben estar en camino. No buscan prisioneros. Buscan borrar el error.
Zane cerró el puño. El cromo de su brazo brilló con una intensidad que iluminó todo el búnker. Ya no sentía el miedo de la Fosa 9. Sentía el peso de una herencia que había sido forjada en sangre y datos.
—Que vengan —dijo Zane. Sus ojos emitieron un destello plateado frío—. Mi padre pasó su vida construyendo este camino. Yo voy a pasar la mía eliminando a cualquiera que intente cerrarlo.