La Gema de Éter no estaba diseñada para la b********d de la física real. Era una joya de ingeniería elfa, una obra de arte creada para deslizarse sobre corrientes de magia pura y vientos de seda, no para resistir la fricción de una atmósfera cargada de estática y metales pesados. Dentro de la cabina, el lujo se había convertido en una trampa mortal. Los paneles de marfil se agrietaban, revelando cables que chispeaban como nervios expuestos.
— ¡El núcleo de levitación está perdiendo la coherencia cuántica! —gritó Aurora. Sus manos, antes firmes y elegantes, ahora temblaban mientras intentaba estabilizar los flujos de mercurio que burbujeaban violentamente en los controles abiertos. Su propia piel emitía destellos violetas intermitentes, una señal de que el sistema interno de la nave estaba intentando drenar su energía para mantenerse a flote—. Zane, el salto de fase digital dañó el hardware de anclaje. ¡Si no aterrizamos ahora, nos convertiremos en una supernova de datos sobre el bosque!
Zane no respondió con palabras; no tenía el aliento para hacerlo. El dolor en su hombro derecho era un incendio forestal. Hundió su brazo de cromo directamente en la consola central, perforando el metal precioso. Sintió cómo los circuitos de la nave intentaban rechazarlo, lanzando pulsos de energía que quemaban sus terminaciones nerviosas.
[ADVERTENCIA: INTEGRIDAD ESTRUCTURAL AL 15%] [TEMPERATURA DEL NÚCLEO ZERO: 92°C Y SUBIENDO] [ESTADO: CRÍTICO. PROTOCOLO DE IMPACTO INMEDIATO SUGERIDO]
El mundo exterior se convirtió en un borrón de verde oscuro y destellos de cromo. Atravesaron la capa de nubes tóxicas y se precipitaron hacia el Sector Prohibido de Oakhaven, una vasta extensión de selva mecánica donde la vegetación había mutado tras siglos de lluvia alquímica y desechos de las ciudades flotantes.
Con un estruendo que pareció desgarrar el cielo, la fragata segó las copas de árboles de cristal de cincuenta metros de altura. El impacto fue una bofetada de fuerza G que lanzó a Zane contra el visor de cristal reforzado. Lo último que vio antes de que la oscuridad lo reclamara fue el suelo de la selva subiendo para devorarlos.
Cuando Zane abrió los ojos, el silencio era más aterrador que las alarmas. Un líquido azul fluorescente, viscoso y denso, goteaba desde el techo destrozado: el combustible de éter se estaba derramando, tiñendo el suelo de la cabina con un brillo fantasmagórico. El aire estaba saturado de un olor a ozono y tierra húmeda.
— ¿Aurora? —llamó Zane. Su voz era un hilo quebrado.
La encontró en un rincón, medio enterrada bajo cables de fibra óptica que todavía latían. Su forma humana estaba parpadeando violentamente, revelando por breves momentos la arquitectura de código y luz violeta que realmente era. Parecía una estatua rota de energía.
—Estoy... operativa —susurró ella. Su voz sonaba como una grabación dañada, con interferencias estáticas—. Pero mi núcleo de procesamiento está al mínimo. El salto de fase nos salvó de los cañones, pero casi me borra del mapa. Zane, el bosque... este lugar no es natural. Siento firmas biológicas distorsionadas acercándose. El éter derramado es como sangre en el océano para los Acechadores de Chatarra.
Zane se puso en pie, tambaleándose sobre sus propias piernas entumecidas. Su brazo de cromo emitía pequeñas chispas azules y negras, pero el sistema, incansable, le dio un reporte de estado.
[SISTEMA OPERATIVO: FUNCIONAL] [ENERGÍA RECOLECTADA: 95/100 EXP] [HABILIDAD DESBLOQUEADA: ESCANEO DE ÁREA ACTIVO (RANGO 50m)]
Salieron de la nave a través de una brecha en el fuselaje. El Sector de Oakhaven era una pesadilla botánica. Los árboles no tenían madera, sino troncos de metal orgánico que se retorcían hacia el cielo, con hojas de silicio que brillaban con una luz interna agresiva. El suelo crujía bajo sus botas, cubierto de una alfombra de cables muertos y hojas metálicas.
De entre la densa maleza de cables surgieron los primeros enemigos. No eran lobos orgánicos, sino quimeras: criaturas que alguna vez fueron perros de guerra de la Casta de Oro, descartados y abandonados a su suerte. Sus ojos eran lentes de rubí, sus costillas estaban reforzadas con placas de acero oxidado y sus colmillos eran filamentos de grafeno capaces de rasgar el titanio.
—No son simples animales —dijo Aurora, apoyándose pesadamente en el hombro de Zane. Su contacto era frío, casi eléctrico—. Son el residuo de la perfección elfa. Hambre pura procesada en código.
[ENTIDAD DETECTADA: QUIMERA DE CHATARRA (NIVEL 3)] [VULNERABILIDAD: NODO DE ENERGÍA EXPUESTO EN EL PLEXO] [ADVERTENCIA: TU NIVEL ES INFERIOR. PROBABILIDAD DE LESIÓN CRÍTICA: 64%]
—Quédate detrás de mí —ordenó Zane. Por primera vez en su vida, no se sentía como el desecho de la Ciudad de Cristal. Se sentía como el único muro entre la vida y la extinción de su compañera.
La primera quimera saltó, una mancha de metal y pelo gris. Zane no retrocedió. Activó el Reflejo de Administrador, y el mundo se ralentizó. Pudo ver los pistones hidráulicos en las patas de la bestia comprimiéndose. En lugar de golpearla, Zane extendió su mano de cromo y "agarró" el flujo de energía que mantenía vivo el sistema nervioso del animal.
—Extracción de datos... ¡Ejecutar! —rugió en su mente.
La quimera se congeló en el aire. Líneas de luz azul fluyeron violentamente desde sus ojos hacia la palma de Zane. El sonido fue como el de un disco duro siendo triturado. La criatura cayó al suelo, convertida en una carcasa de metal inerte y carne marchita en segundos.
[ENERGÍA ABSORBIDA: 30 UNIDADES] [¡SUBIDA DE NIVEL! NIVEL 1 -> NIVEL 2] [HABILIDAD APRENDIDA: PULSO DE SOBRECARGA (ÁREA DE EFECTO)]
Las otras tres bestias, viendo la muerte instantánea de su alfa, dudaron solo un segundo. El hambre de éter superó su miedo. Se lanzaron en un ataque coordinado desde tres flancos. Zane giró, liberando el nuevo Pulso de Sobrecarga. Una onda expansiva de estática negra golpeó a los depredadores, friendo sus sensores y dejándolos ciegos. Zane no perdió el tiempo; remató a cada una con golpes precisos, absorbiendo su energía hasta que su brazo de cromo brilló con una intensidad cegadora.
Después del combate, el bosque volvió a ese silencio sepulcral, interrumpido solo por el siseo del vapor que salía de los restos de las quimeras. Zane cayó de rodillas, sudando y jadeando. La subida de nivel le había otorgado una fuerza abrumadora, pero su cuerpo biológico aún luchaba por procesar la carga de datos.
—Lo hiciste bien, Zane —dijo Aurora, cuya forma física empezaba a estabilizarse. Sus ojos recuperaron un poco de su gris tormentoso—. Pero Oakhaven no perdona. Los rastreadores del Ciudad Alta habrán detectado la explosión de éter. Vendrán por nosotros, y no enviarán perros. Enviarán Paladines de Plata.
Zane se puso de pie, limpiándose la sangre de la cara. De repente, su sistema lanzó un aviso que no esperaba. Una frecuencia débil, rítmica, que no era ni animal ni elfa.
[SEÑAL AMIGA DETECTADA] [FRECUENCIA: HUMANA - ANTIGUO CÓDIGO DE ENCRIPTACIÓN 'PEGASO'] [LOCALIZACIÓN: BAJO TIERRA, A 300 METROS]
Zane miró hacia un afloramiento de rocas cubiertas de musgo de cobre. —No estamos solos, Aurora. Hay humanos aquí abajo. Y están ocultando su firma de calor para que los elfos no los encuentren.
—Los Olvidadores —susurró Aurora, con una mezcla de esperanza y precaución—. La resistencia que vive en las entrañas del bosque. Si son ellos, podrían reparar la nave... o podrían entregarnos a cambio de una amnistía que los saque de esta selva.
Zane miró su mano de cromo, ahora manchada de aceite y sangre. —No van a entregarnos —dijo con una calma que lo sorprendió a él mismo—. Porque si lo intentan, les enseñaré lo que pasa cuando un error del sistema decide tomar el control.
[NUEVA MISIÓN: CONTACTAR CON LA RESISTENCIA DE OAKHAVEN] [RECOMPENSA: ACCESO AL "MERCADO n***o DE CHATARRA" Y REVELACIÓN DE LORE]