Mi mejor amigo

1560 Words
Nunca había sentido que tuviera ningún tipo de compromiso con nadie, nunca nadie en su familia le había pedido nada ni había tenido muchas expectativas con ella. La verdad era que su familia era pequeña, solo cinco integrantes y la verdad es que para las habladurías de la familia eso ya era bastante. Siempre había tenido problemas con ellos a pesar de ser las personas más cercanas a su vida en general pero todo eso cambió en el momento que entró en la universidad, ya que también inició un trabajo que le daba independencia y comenzó la vida universitaria con bastante naturalidad. En ese tiempo hizo amigos que se convertirían en las personas más cercanas a ella por elección, lo que lo hacía aún mejor, sobre todo porque si con el tiempo cambiabas al igual que todo el mundo, podías separarte de ellos sin problemas con ninguna de las partes. La verdad era que ella había crecido en familia pero su familia era bastante disfuncional, dos tíos bastantes desapegados que solo veía en festividades o cumpleaños y unos padres separados que no se llevaban muy bien pero que aún vivían juntos por lo cual en ningún momento lograban ponerse de acuerdo, incluso en los momentos que realmente era necesario. Toda esta situación hizo que Liana no tuviera un ejemplo sano de lo que podían llegar a ser las relaciones sentimentales por lo que aunque ya tenía veinticinco años nunca había tenido una relación estable, y para ser claros tampoco la había querido, le bastaba con sexo casual que no llevara a nada más. Sin embargo, los amigos que había hecho se habían quedado con ella a pesar de sus problemas y obtenía mucho del apoyo que siempre necesitaba con ellos. Uno de esos amigos era Luis, era un hombre contemporáneo a su edad, habían estudiado juntos aunque él se había graduado antes que ella, era guapo de cabello castaño y bastante dulce en todos los aspectos deseados. A lo largo como amigos se habían visto en situaciones difíciles que habían superado juntos, la verdad era que sin importar que sucediera siempre estaban juntos. Liana considera aquella relación como su relación más larga y sana aunque no fuera una relación amorosa, la verdad es que contaba con Luis para todo y eso la hacía sentir segura. La relación entre ellos muchas veces se había sentido bajo amenaza por las novias de Luis pero la verdad es que nunca duraban mucho y él siempre se quejaba sobre eso. Siempre había una mujer que lo engañaba, otra que se quería aprovechar de él en busca de dinero y así sucesivamente a lo largo de todas las relaciones, en esos momentos Liana era siempre la capa protectora o el manto de apoyo. Todo esto había llevado a que muchas noches Luis se quedara en su casa o ella en la de él, que salieran juntos a todos lados y que las personas los consideraran pareja aunque ellos no lo pensaran así, de hecho luego de un tiempo habían dejado de dar explicaciones y habían dejado pensar a todos lo que quisieran. Fue de esa forma que habían sido invitados a la boda de una de las primas pequeñas de Luis como pareja, cuando él se lo había comentado la verdad era que había resultado gracioso pero se dio cuenta de que probablemente tuviera que ir la gracia se había borrado de un soplo. Era como ambos habían terminado con ropa bonita sentados uno al lado del otro entre familiares que solo buscaban información personal de tu vida, ambos estaban incómodos, callados y sin mucho ánimo. Comieron, felicitaron a los novios y luego solo esperaron hasta que el evento terminara para salir de allí. Liana no veía el momento de escapar, la verdad era que la gigantesca cantidad de familiares que tenía Luis la intimidaba mucho ya que ella tenía una familia pequeña que no hacía mucho ruido. -Deberías pensar en casarte cariño… las mujeres no esperan para siempre- ella escuchó el comentario dirigido a Luis de una de sus tías. El pobre solo sonrió sin decir nada y ella sabía que era porque él no podía ser maleducado con nadie de su familia. -¿Tomamos algo?- Preguntó ella de pronto a él. -Claro- aceptó él rápidamente levantándose de la silla. Se dirigieron a la barra y pidieron tragos. Se miraron sin decir nada y se sentaron allí. -Tal vez deberíamos disfrutar de esta fiesta para variar- dijo Liana. -¿Qué?- Preguntó Luis desconcertado -¿te sientes bien? -Perfectamente, pero no quiero pasarme otra noche escuchando a tus tías hablar de nosotros porque no nos levantamos de la mesa. Hagamos algo, disfrutemos. -Comencemos con el alcohol entonces- contestó él sonriendo -dos shots para comenzar y luego seguimos con tragos fuertes. Aprovechemos al barra libre. Ambos rieron y luego pidieron tragos sobre tragos mientras el alcohol hacía su efecto, bailaron toda la noche y aunque todo el mundo hablaba de ellos no les prestaron ni un poco de atención. Desde ese momento nunca se sentaron en aquella mesa y aunque sus mentes estaban nubladas siguieron bailando. Los bailes fueron desde las canciones divertidas hasta las canciones lentas y en esos momentos ella se apretaba junto al pecho de Luis con total comodidad sin sentirse extraña, su sorpresa fue cuando él comenzó a hablar. -No sabes lo mucho que siempre te he deseado- susurró él a su oído. Liana no supo responder a aquella afirmación pero al igual que él siempre había sentido la atracción extraña que se desarrollaba entre ellos y debido a su conciencia dormida por el alcohol o al menos esa fue la excusa que se dio, lo besó. Lo besó en aquella pista de baile junto a toda la familia observándolos, se escucharon burlas, susurros y bromas pero ellos nunca se separaron. Los besos se volvieron cada vez más obscenos hasta que sus cuerpos comenzaron a excitarse y tuvieron que separarse. Todas las personas les sonreían con segundas intenciones en sus miradas y mientras las mejillas de Liana se sonrojaban Luis la acercó a su cuerpo nuevamente. -Vámonos de aquí- fue todo lo que él le dijo y ella supo con claridad lo que implicaba. La verdad es que su cuerpo entró en combustión espontánea en ese momento, su respiración se aceleró y no pudo dejar de imaginarlo desnudo en todo momento. Liana se acercó casi corriendo a la mesa donde había dejado sus cosas, tomó todo lo más rápido posible y juntos salieron de allí. La situación fue que no llegaron demasiado lejos, en el camino al estacionamiento los besos comenzaron de nuevo y no se detuvieron esta vez en un momento él la tomó de la mano y la guió por una serie de pasillos hasta que llegaron a un espacio poco transitado, sobre todo siendo el espacio de una boda en ese momento, era un espacio escondido que daba a un pasillo sin salida. No era precisamente privado aquel lugar pero a ella no le importaba demasiado, su cuerpo caliente estaba deseoso de él, sin saber que lo había deseado por tanto tiempo, pero era así. No podía dejar de preguntarse cómo sería tenerlo en lo más profundo de sui cuerpo y tenía que averiguarlo esa noche. Los besos comenzaron cuando él tomó su rostro entre sus manos y luego de devorarla comenzó a levantar su vestido, sintió como sus manos trazaban su intimidad y luego movía su ropa interior para penetrar suavemente su v****a. Ella gimió agarrando su camisa y rozando su m*****o excitado, ella podía sentirlo. -Siempre he querido saborearte, sentirte pero siempre pensé que te negarías- gimió él usando sus dedos con fuerza. -No lo estoy haciendo ahora- gimió ella moviéndose contra sus dedos. Tocó su cuerpo y su m*****o deseándolo desesperadamente y sintió como Luis se aceleraba, como suspiraba y gemía con sus caricias. Desabrochó entonces sus pantalones y dejó libre su grueso y palpitante m*****o, lo tocó con dulzura y le mordió el cuello antes de susurrar. -Te quiero dentro de mí- rogó Liana con voz ronca. Las ansias de Luis por fin se salieron de control, arrancó su ropa interior, la volteó doblando su espalda y la penetró sin esperar con todo el deseo acumulado. Ellos gimieron con fuerza al sentir el placentero roce, él comenzó a penetrarla con pericia, cada movimiento arrancaba nuevos gemidos de ambos. Liana comenzó a moverse también, su cuerpo estaba cerca del orgasmo con toda la situación y el alcohol en su cuerpo, deseaba tanto correrse con él que le pidió más fuerza en sus movimientos y él lo hizo, ambos estaban al borde del orgasmo y cuando el orgasmo de Liana arrasó con su cuerpo él se corrió con ella. Ambos gimieron, gritaron y gozaron con fuerza. Unos segundos después se recuperaban de aquel orgasmo devastador. -Ahora sí, salgamos de aquí- dijo Liana riéndose. Se bajó el vestido, esperó a que Luis acomodara su ropa y luego salieron por fin del lugar. La noche no acabó allí, al llegar a su casa sus cuerpo calientes se entregaron al placer nuevamente y esto sucedió la noche entera. Nunca podría decir que se arrepentía de haber cambiado la relación que tenía por algo un poco más interesante, el sexo era fantástico y ella estaba deseosa de descubrir que otros lugares podrían probar para el sexo. Tal a la mañana siguiente pensaría distinto o tal vez su cuerpo le pediría cosas nuevas, al igual que su mente pero en ese momento estaba en el lugar correcto entregada al placer.  
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