Lorena se encontraba de regreso en su casa, intentando repasar todo lo que había sucedido en el viaje idílico junto a Ángel. Los lugares fueron maravillosos, el paisaje de ensueño, las situaciones románticas y sensuales. Todo lo que una chica puede pedir, además de la excelente compañía y la atención. Pero ahora que todo había pasado la culpa la carcomía, Ángel había resultado ser una persona maravillosa, el tiempo con él había sido hermoso, dulce y romántico, él no hacía más que adularla y adorarla con sus atenciones y la verdad era que había muchas cosas que habían ocurrido durante un pequeño tiempo de ese viaje que solo dos personas sabían y la verdad es que Ángel no era una de ellas.
Había sucedido unos días en los que Ángel había tenido que irse, se encontraban todavía en la playa disfrutando de la compañía y de la estancia maravillosa pero el trabajo lo había solicitado, había recibido muchas llamadas que no había podido dejar de atender y finalmente había tenido que irse a resolver todos los problemas presentados. Él en sus atenciones no había querido dejarla sola en aquel lugar por lo que su idea había sido llamar a su mejor amigo que era el dueño de uno de los hoteles cercanos para que se quedara allí los dos días que él iba a estar fuera.
Ella había aceptado sin pensar en mucho en la resolución de aquel dilema en particular y habían terminado de pasar el resto del día, juntos. Junto a la noche también había llegado el famoso amigo que solo había tenido tiempo de presentarse antes de que Ángel se fuera. Su nombre era Gabriel y eso era todo el conocimiento que ella tenía sobre él. Lorena se había pasado casi toda la tarde encerrada en la habitación con el único fin de evitar al amigo, la verdad era que se sentía un poco incómoda con él. La razón principal era que era un total desconocido que se estaba quedando en la misma habitación con ella por lo que no se sentía segura ni siquiera para dormir una siesta y la segunda razón era que el hombre era realmente guapo y se notaba que era un coqueto con las mujeres.
Esas dos razones de peso eran suficiente para querer mantenerse alejada de él. Aunque tal vez fuera una batalla perdida, ya que cuando la noche comenzaba hablando con Ángel le había comentado su incertidumbre y lo siguiente que supo al colgar la llamada fue que Gabriel estaba en su puerta llamándola. Por supuesto que ella había tenido que atenderlo y aunque al principio pensó en negarse al final se acercó a la puerta y la abrió.
-Hola- la saludó Gabriel sonriendo -¿cómo estás?
-Bien.
-Estoy aquí porque Ángel me comentó que te sentías incómoda al estar conmigo aquí sin conocerme- dijo él recostándose en la puerta -y te entiendo, así que vine para presentarme de nuevo y pedirte que me acompañaras a una cena en el restaurant del hotel aquí abajo.
-No lo sé…
-Será divertido, lo prometo- sonrió él -ambos tenemos que estar aquí y me gustaría que al menos el ambiente fuera ameno.
-Está bien, solo la cena.
Gabriel asintió y se alejó de la puerta poco a poco.
-¿Bajamos a las siete?- Preguntó él.
-Claro.
Luego de cerrar la puerta nuevamente Lorena le escribió a Ángel para hacerle saber que no estaba de acuerdo con su traición y luego se dirigió al baño para arreglarse. A diferencia de todos los días anteriores esta vez su puso un atuendo conservador para el clima de la playa, se arregló el cabello y no usó nada de maquillaje. En menos de lo que ella esperaba estuvo lista con su vestido largo n***o. Salió de su habitación y se dirigió al espacio compartido que tenían las habitaciones de ese hotel. Esperó unos minutos hasta que Gabriel apareció.
Él elogió su atuendo y luego bajaron juntos a la cena. Como Lorena había supuesto, el tipo era encantador, carismático, guapo y hasta donde le había contado de su carrera también era exitoso. Muchas de las mujeres que se encontraban en el restaurant no dejaban de mirarlo aunque él no les prestó atención. Al terminar la cena, junto a la conversación y al alcohol sin darse cuenta se levantaba para irse con la sensación de haberla pasado muy bien.
-¿A dónde vas?- Preguntó él confuso mientras ella se levantaba.
-A la habitación- contestó ella sin entender la pregunta.
-¿Es eso una invitación?- Preguntó él usando la copa que tomaba para tapar lo que ella supuso era una mirada sensual que iba dirigida a ella.
Lorena dio media vuelta sin decir nada y se alejó lentamente debido a su mareo.
-¡Vamos! Tienes que acompañarme un rato al bar o a la disco- invitó él.
-No me gustan mucho las multitudes- se negó ella sin detenerse.
-Solo un rato.
Nunca supo cómo sucedió pero ella terminó acompañándolo a todos los lugares a los que quiso ir y tomando de todas las bebidas que él le entregaba. Lorena sabía que estaba borracha pero su cuerpo emocionado se sentía bien, Gabriel tenía la habilidad de hacerte sentir muy bien, de alguna forma sentir que eras especial y que a su lado nadie podía reprocharte nada. Siguieron bebiendo hasta altas horas de la madrugada y cuando por fin llegaron a la habitación ella solo se lanzó a la cama y se durmió.
Unas horas después estaba teniendo el sueño más erótico posible y cuando estaba justo en el punto antes de llegar al orgasmo su cuerpo se despertó. Lorena abrió los ojos en la semi oscuridad de la habitación para encontrase a Gabriel entre sus piernas lamiendo y disfrutando se su sexo excitado. Él la abrió como quiso y aunque ella sabía que tenía que negarse a todo lo que estaba sucediendo no pudo hacerlo. Su cuerpo anhelaba el orgasmo que hasta ese momento se le había negado por lo que tomó la cabeza de Gabriel entre sus manos y lo guió hasta su v****a gimiendo. Ambos gemían y él la devoraba como si no existiera un mañana pero le negó el orgasmo nuevamente cuando estaba a punto de obtenerlo.
-Eres preciosa cariño, quiero correrme contigo- dijo él con un gruñido al ver su frustración.
Un segundo después él se encontraba embistiendo con una fuerza brutal en su interior, ambos gemían, ambos disfrutaban. Los sonidos sexuales se escuchaban en todo el lugar, la cama golpeaba la pared con cada movimiento y mientras ella usaba sus uñas en la espalda de Gabriel luchando por su orgasmo él la tomaba por la cadera y gruñía en cada movimiento. Sus cuerpos alcanzaron el punto máximo cuando luego de las últimas embestidas salvajes ella sintió como el cuerpo de Gabriel comenzaba a temblar, su m*****o palpitaba en su interior llenándola completamente de su esencia, era tanta que comenzó a sentirla en sus muslos y mientras él continuaba sumergido en su orgasmo, la sobrecarga de sensaciones en su propio cuerpo la llevaran al orgasmo. Era fuerte, era placentero y la recorrió completamente. Ella gimió hasta quedarse ronca mientras el orgasmo la recorría, nunca se había sentido tan salvaje, tan usada de una forma correcta.
Luego de esto, ambos cayeron dormidos nuevamente aunque sin aliento. Lorena sabía que no podía culpar a nadie más que a sí misma por lo que había sucedido. Podía culpar al alcohol pero eso nunca podría funcionar porque aunque su cuerpo ya no estaba a merced del alcohol a la mañana siguiente se había entregado nuevamente a Gabriel en la misma cama, disfrutando se sus cuerpo calientes y de sus sexos deseosos de más. Habían disfrutado en aquella cama todo el tiempo que pudieron hasta que fue el momento de que él se fuera y regresara Ángel a su lugar junto a ella. Lorena había dicho que no se entregaría a otro hombre que no fuera Ángel pero junto a Gabriel no pudo mantener esa promesa, su cuerpo caliente se lo había impedido. Ella había podido ignorar lo que había sucedido durante el viaje pero en su regreso a la vida real y a la realidad no estaba segura de poder hacerlo. Y aunque su mente estaba en conflicto su cuerpo agradecía la maravillosa y caliente experiencia.