Ella iría, lo había decidido recientemente. Ángel se lo había pedido y luego de pensarlo mucho había decidido que lo haría, que se iría con él. Al principio había estado preocupada, luego de siete años en una relación que finalmente no había llegado a nada claro que estaba preocupada, no sabía que tanto podía confiar en él, que tan serio se tomaría el tiempo que tenían juntos, cuáles eran sus intenciones. Todo esto era lo que al principio le había causado cierto rechazo a las invitaciones valientes como aquella, hasta que había hablado con una de sus mejores amigas que en ese momento pasaba por un terrible divorcio y la verdad era que escucharla hablar de todas las oportunidades a las que se había negado y los errores que había cometido por buscar la rutina y seguir los lineamientos impuestos por la sociedad para finalmente caer en un ciclo repetitivo que acabaría por matar su matrimonio le había hecho reconsiderar muchas cosas.
Luego de esa tarde bastante educativa sobre un futuro que se repetía constantemente en las relaciones de pareja que cualquiera pensaría están muy enamorados y muy comprometidos en su relación, se había dicho “Lorena no tengas miedo y solo atrévete” por lo que había empacado algunas cosas, había avisado en su trabajo y a su familia que estaría fuera por un tiempo sin dar muchos detalles y había aceptado la invitación sin pensarlo mucho más. La verdad era que su reticencia se debía a que ella había estado verdaderamente enamorada de su ex y que saber que él no estaba tan comprometido con su relación como lo había estado ella, que de hecho ni siquiera había imaginado un futuro juntos la había lastimado profundamente.
Sin embargo, allí estaba, lista para dar un salto de fe con una nueva persona. La experiencia le había enseñado a siempre tener un poco de apoyo, por si acaso las cosas no funcionaban pero se sentía bastante segura esta vez, después de todo ella se había negado a muchas cosas con Ángel y él nunca le había reprochado nada, había sonreído y había perseverado. Ella se había sentido muy halagada por esa demostración de interés por lo que la confianza y los sentimientos habían aflorado con bastante rapidez, eso la había asustado al principio pero lo había ido aceptando con tiempo y él se lo había dado con paciencia.
Todas esas decisiones los habían llevado a este momento, Lorena esperando a que él la fuera a buscar junto a todas sus maletas para pasar una semana entera solo con él recorriendo muchas partes del país. Llegó de pronto el momento de partir y ella se sentía emocionada, guardó todas sus cosas en el carro y se dirigió al aeropuerto junto a su compañero de viaje, hablaron de todas las cosas posibles y como viajaban en primera clase el alcohol también fluyó, fue tanto lo que tomaron sin darse cuenta que solo cuando su mente comenzó a nublarse ella dejó de tomar.
Es extraño como actúa a veces el alcohol en el organismo, ya que de pronto todos los prejuicios de Lorena no eran tan importantes como la sensación y experiencias de su cuerpo. Ángel ya no era solo un desconocido, era la persona más considerada y dulce que había conocido, además de guapo. El tipo estaba bien construido, se notaba que iba bastante al gimnasio, tenía rasgos atractivos y su voz era seductora. Esa voz era la que atentaba contra su cordura en esos momentos. Con la conciencia bastante apagada, el escucharlo hablar hacía cosas con su cuerpo que ella no podía reprimir, puede ser que siempre lo había sentido pero ella se había negado a reconocerlo.
Mientras su cuerpo se calentaba, sentía a sus pezones despertarse y a su bajo vientre comenzar a hervir de una forma bastante atrayente. Todavía algo mareada comenzó a retorcerse un poco en el asiento en el que iba y la verdad es que ya no escuchaba tanto la conversación que se supone mantenía como observaba atentamente cada movimiento de sus labios carnosos, cada dulce parpadeo y el sensual sonido de su voz masculina que hacía que su cuerpo comenzara a temblar completamente.
-¿Estás bien?- Preguntó de pronto Ángel un poco preocupado -tal vez ya hemos tomado demasiado.
-No lo creo- respondió ella con una sonrisa tonta.
-Sí, ya hemos tomado demasiado y se nota que te está afectando- dijo él riendo.
-No querrías quitarme el alcohol si supieras lo que estoy pensando- susurró ella acercándose lentamente a él.
-¿Y qué es lo que estás pensando?- Preguntó él.
-En lo sexy que puede resultar tu voz con un poco de placer- dijo ella fijando la mirada en sus labios.
Él la observó por un segundo con un deseo tan caliente que ella creyó que la devoraría en ese exacto momento pero luego de un suspiro se recostó en su propio asiento alejándose.
-Estás borracha- dijo él con una sonrisa de lamento -no me gustaría aprovecharme.
-No lo estoy- rechazó ella un poco molesta -me voy a levantar y te espero en el baño, no estoy lo suficientemente borracha como para no saber lo que hago pero sí como para entender que te quiero dándome placer en este instante.
Lorena no esperó a ver la reacción que sus palabras habían provocado en Ángel, se levantó rápidamente antes de que la valentía líquida se fuera de su cuerpo y se internó en el pequeño baño del avión, aquella era una de las fantasías que siempre había imaginado pero que nunca había tenido la oportunidad de realizar así que planeaba disfrutar cada segundo si Ángel decidía aparecer. Ella se sintió complacida cuando unos segundos después la puerta sonó con pequeños golpes, abrió con premura la puerta y casi chocaron entre ellos con la emoción de que nadie los viera juntos en aquel espacio reducido. Ambos rieron suavemente mientras cerraban la puerta.
Ninguno dijo una palabra pero se observaron fijamente deseando en silencio al otro. Lorena sentía la respiración de Ángel en su cuello y eso hacía estragos en su cuerpo. Su ropa interior comenzó a humedecerse y su cuerpo se sentía más caliente si era posible. Él por su lado se acercó a ella con la respiración acelerada devorando su boca en un beso salvaje. Ambos comenzaron a gemir y el corazón de ella latió como loco cuando sintió el m*****o hinchado rozando su bajo vientre. Ella se recostó en su cuerpo buscando sentirlo y eso provocó que él comenzara a arrancarle la ropa.
Ángel abrió su camisa con premura y devoró sus pechos como si comiera el dulce más delicioso, ella comenzó a gemir sin poder ocultarlo. Su cuerpo se preparaba para él de una forma placentera. Lorena abrió su camisa buscando la calidez de su cuerpo y desabrochó sus pantalones para poder apreciar su cuerpo de una forma más real. Ambos gemían intentando ser silenciosos pero estando seguros de que probablemente fracasaran en el intento. Ella comenzó a acariciarlo y el gruñido que soltó fue el indicativo de su placer.
-Necesito tenerte- gruñó él -dime que también lo quieres.
-Sí- aceptó ella con un suspiro de deseo.
Sentía como su cuerpo se deleitaba con sus caricias y como su v****a se mojaba con placer. Ángel arrancó de su cuerpo los pequeños pantalones que llevaba y arrancó por completo su ropa interior mientras ella se entregaba a él. Levantó una de sus piernas colocándola en su hombro y mientras recostaba su cuerpo en la pared del pequeño espacio comenzó a penetrarla lentamente. Ambos gimieron mientras cada pequeña célula se encendía de placer, ella sentía como su cuerpo recibía con calor su m*****o, él se sentía atrapado en el dulce placer húmedo de su v****a. Gruñó porque tenía mucho tiempo deseando hacer todo esto con ella y que se entregara de esa forma a él hacía estragos con su mente.
Ambos comenzaron a gemir con fuerza mientras los embistes empezaron, ambos cuerpos buscaban al otro en una búsqueda desesperada de placer mutuo. Se tocaban, se besaban y se mecían con fuerza, las respiraciones aumentaban mientras sentían como el orgasmo se iniciaba en sus cuerpos. Ángel utilizó sus caderas como apoyo para penetrarla con más fuerza y ella lo recibió con más gemidos, su fuerza se sintió al límite y un segundo después se estaba corriendo sin poder evitarlo. Su cuerpo se movía con placer y su pene palpitaba llenándola con su placer caliente. Lorena pudo sentirlo completamente, su respiración y sus movimientos se hicieron más fuertes, y mientras se corría podía sentir su semilla caliente en su interior junto a las suaves caricias en su clítoris. Ese deseo desencadenado por el orgasmo de Ángel fue todo lo que necesitó para que su v****a comenzara a palpitar y su cuerpo se estremeciera con placer mientras gemía.
Su v****a apretaba dulcemente el m*****o de él, mientras sus manos alargaban su orgasmo con fuertes movimientos. Ambos bajaron del cielo de pacer recuperando lentamente la respiración. Ellos se acomodaron lentamente la ropa y antes de que él saliera un pequeño beso fue directo a sus labios. Lorena se quedó allí unos minutos más limpiándose un poco sintiendo como su cuerpo saciado se relajaba, ella sonrió viéndose en el espejo sabiendo que se entregaría a ese hombre muchas veces más en ese viaje y ese era solo el primer día. Tal vez si podía cumplir algunas de sus fantasías estaría muy bien que lo hiciera sin remordimientos de algún tipo.
Luego del corto viaje del cual ellos estuvieron casi todo el tiempo encerrados en el baño, llegaron al hotel donde se quedarían. Ángel le preguntó si querría quedarse sola en una habitación o junto a él compartiendo. Ella aceptó compartir sin pensarlo mucho y sin intentar interpretar la emoción que se mantenía en su cuerpo. Ese día decidieron descansar y no sucedió mucho más, comieron, hablaron, pasearon, disfrutaron de la compañía y luego fueron a dormir sin exigirle nada al otro.
El día siguiente decidieron desayunar y luego dirigirse a la playa que se encontraba al lado del hotel, por supuesto que el lugar se encontraba a la orilla de la playa. Lorena se vistió con un lindo traje de baño bastante seductor y se encaminó a la playa junto a Ángel. Notó al llegar que la playa no tenía tanta gente como se imaginaba y luego de acomodarse en unas sillas bajo la sombra ella se recostó a tomar sol en la arena. Su cuerpo se doraba bajo el sol usando solo el pequeño traje de baño rojo que había decidido llevar.
Luego de un rato él la invitó a bañarse en la playa y juntos se encaminaron al agua. Disfrutaron de una charla ligera junto a risas espontáneas hasta que él la tomó de la cadera y la acercó a su cuerpo.
-No sabes lo que me hace el verte con ese traje de baño- dijo él cerca de sus labios.
-Puedo sentirlo- dijo ella con una sonrisa sexy mientras sentía el m*****o palpitante de Ángel en su vientre.
-No sabes lo que quiero hacerte- dijo él besándola.
-Y tú no sabes lo mucho que yo deseo que me toques.
Y él lo hizo, tocó sus pechos mientras la besaba. Se hundieron más en el agua mientras se besaban con violencia. Se devoraban con deseo, Lorena envolvió sus piernas alrededor de las caderas de Ángel para sentir como su v****a se mojaba deliciosamente rozándose a su erección. Ambos gimieron con placer y mientras comenzaban a mecerse buscando placer, sus sexos se rozaban con pericia imitando los movimientos de la penetración.
-¡Dios!- Gimió él tomando con fuerza su cadera -regresemos a la habitación.
Lorena se negó a contestar y en lugar de separar sus piernas con bastante practicidad bajó el short de Ángel hasta que su m*****o quedó a la merced del agua salada, movió con fuerza su pequeño bikini dejando disponible su v****a deseosa y guió aquel m*****o a su interior con fuerza. Ambos gimieron mientras ella colgaba su cuerpo en el cuello de él y comenzaba a mecer sus caderas con rapidez y fuerza. Ambos comenzaron a disfrutar de ese placer prohibido en ese lugar idílico frente a todo aquel que deseara verlos. Nunca se separaron porque no les importó, se movieron buscando el placer de sus cuerpos mientras gruñían y gemían con fuerza. Él tomó sus caderas para penetrarla con fuerza.
-Me corro- le gruñó en el oído mientras su cuerpo temblaba de placer. Ella sintió su esencia caliente llenarla y mientras ella misma se corría lo mordió con fuerza intentando atrapar su propio grito de placer. Luego de que el placer recorriera sus cuerpos ambos sonrieron y se dirigieron entonces a la habitación del hotel para continuar con su aventura de placer.
Lorena tuvo razón cuando supo que se entregaría a él y solo a él muchas veces a lo largo de ese viaje, porque ambos alcanzaron las nubes en lugares insospechados. Sus gemidos se escucharon bajo la luz de la luna, sobre la arena de aquella playa, en un faro lejos de todos, en una visita a un jardín botánico y en muchos lugares más. Pero el más especial fue en su propia habitación al regreso de aquel hermoso viaje donde supo con seguridad que ella se entregaría solo a él y que el sexo nunca había sido tan bueno, tan sucio y tan placentero.