Continuación. Travesuras en la oficina

2977 Words
Después de todo lo que había sucedido los últimos días las cosas no se habían calmado ni un poco. Cada día lo pasaba entre las caricias de Julián y Rodrigo que habitualmente la llamaban para una cogida rápida en la oficina. Y ella siempre se encontraba ansiosa en cada ocasión. No importaba que las cosas se salieran de control, que en la oficina las personas comenzaran a hablar de ellos -que no lo habían hecho hasta el momento y eso resultas realmente extraño- por lo que poco a poco había ido aceptando que las cosas serían así a partir de ese momento. Que no importaba la moralidad o prejuicios que hubiera tenido alguna vez con respecto al sexo, si se refería a las nuevas oportunidades de experiencias ella ya nunca podría negarse. Todo esto lo tenía bastante claro desde el momento en que había recibido su tercera amenaza por parte de Samuel aquel día en la oficina donde su deseo de nuevas experiencias y su gusto por el control había derivado en una nueva víctima para sus travesuras de oficina. Con él sin embargo no había sucedido mucho más, más tarde aquel día había recibido los dos vídeos como había solicitado y cuando se los había mostrado a Julián y Rodrigo se había ganado una nueva cogida en la oficina, lo que ella se había imaginado que sucedería y mejor. La situación finalmente se había hecho insostenible, por lo que todo el sexo había afectado el tiempo de trabajo haciendo que se retrasara muchísimo en la entrega de muchos documentos que ya para la fecha deberían estar listos, el trabajo se había estado acumulando debido a las distracciones que cada día tenía en la oficina se presentaban y que ella corría a atender como una mosca directo a la luz. Ella había estado repitiendo como un mantra que nada debería afectar su eficiencia en el trabajo pero la verdad es que sí lo había hecho, por lo tanto los últimos tres días de esa semana se había estado quedando hasta tarde en la oficina intentando cumplir todos los plazos y fechas exactas. Por esa razón era que Rocío se encontraba todavía en la oficina aunque eran ya las siete de la noche, casi siempre a esas horas ella ya se encontraba en su hogar disfrutando de un baño relajante y una cena suave. No obstante por cuarto día consecutivo se encontraba todavía en la oficina, trabajó sin prestar mucha atención a la hora, como siempre hacía buscando cumplir con los documentos del día para poder retirarse pero ese día le estaba costando concertarse, su cuerpo todavía estaba caliente y excitado debido a que Rodrigo y Julián se habían visto interrumpidos en su reunión de sexo diaria en la oficina por asuntos urgentes debido a las acciones de la compañía. Ambos habían tenido que correr y en ese momento debían encontrarse en un avión rumbo a otro estado donde se encontraba una de las sedes para solucionar todo el problema junto a los otros tres dueños de la compañía para la que ella trabajaba. Eso solo significaba que ella había quedado totalmente caliente, frustrada e insatisfecha en el momento que Julián y Rodrigo habían tenido que irse. Por lo que su cuerpo excitado y el olor a sexo que emanaba de su esencia no dejaba de marearla, por lo que en un movimiento bastante atrevido decidió dar una vuelta por la oficina buscando a una de sus jóvenes víctimas. Rocío sentía como su cuerpo se iba preparando, como su ropa interior comenzaba a mojarse, sus pezones a traslucirse en su blusa, sus mejillas a enrojecerse y su pulso a acelerarse, podía sentir cada efecto de la excitación de su cuerpo como ya reacción entrenada y a ella le encantaba. Se sentía energizada y emocionada. Llegó entonces al otro lado de oficinas del compendio de ese piso y observó atentamente cuál de las oficinas todavía se encontraba iluminada y su v****a se apretó en el momento en que se dio cuenta que las luces de la oficina que le correspondía a Sebastián todavía se encontraban encendidas. Ella sabía que tenía que tratarse de Sebastián ya que ninguno de los jefes de quedaba hasta altas horas de la noche en el trabajo, casi siempre a los que le correspondía quedarse era a los pasantes debido a todo el trabajo relegado que les dejaban lo que en muchas ocasiones resultaba injusto pero que ninguno rechazaba y mucho menos se quejaba.  Ella se acercó hasta que lo observó sentado en la computadora totalmente concentrado, la verdad es que aquel hombre resultaba tierno en el mejor de los sentidos. Lo observó atentamente por un segundo hasta que decidió acercarse. -Todavía sigues aquí- dijo ella con una sonrisa al observar su cara de sorpresa. -Sí- sonrió él -la recomendación que diste de mí trajo cosas buenas como la aceptación en el puesto de trabajo y mucho más sueldo pero también significó yo sería asignado al trabajo de esclavo. -Lo siento mucho- dijo ella recostándose en el escritorio. -No te preocupes, la verdad es que no me quejo- dijo él levantándose entonces- ¿Y tú qué haces por aquí? A estas horas ya sueles estar lejos de la oficina. -Me he atrasado con algunas entregas por lo que estoy recuperando el tiempo- respondió ella simplemente. Sebastián asintió mientras movía el cuello que tenía tenso, la verdad es que tantas horas de trabajo lo estaban matando, sentía que todo el tiempo estaba cansado y que aunque ahora ganaba mucho más dinero ni tenía tiempo ni energía para gastarlo en cosas que a él le gustaran hacer. Suspiró mientras hacía girar sus hombros intentando suavizar el dolor un poco. Rocío se acercó a él y comenzó a masajear sus hombros con la pericia de una persona que sabe lo que hace, Sebastián estaba sorprendido y sentir aquellas manos lo hizo sentirse mejor. -Parece que estás más estresado de lo que quieres admitir- comentó ella aún con el masaje. Sebastián no dijo nada mientas aún con los ojos cerrados disfrutaba del masaje en sus músculos doloridos. Se movía suavemente siguiendo la cadencia de las manos y nada más. -Tal vez yo pueda hacer mucho más para ayudarte- dijo Rocío sintiendo la necesidad de tocarlo. Su cuerpo caliente aún no se encontraba satisfecho, si necesidad s****l la mantenía caliente y mojada por lo que su cuerpo pedía a gritos que Sebastián la penetrara. Está sensación ya no era nueva, ella había aprendido a aceptarla y disfrutarla por lo que suavemente deslizó sus manos por el pecho de Sebastián sintiendo su respiración relajada, bajó lentamente hasta sus caderas y luego firmemente sostuvo su m*****o mientras mordía sus labios. Sebastián abrió los ojos para observarla mientras veía como el cambio se obraba en sus ojos, un momento era el muchacho dulce de la oficina y al otro la miraba con un deseo lujurioso que remarcaba sus ojos. Él movió sus caderas al compás de las caricias de sus manos. Rocío sintió como el m*****o crecía, se endurecía y palpitaba avisándole que estaba listo para mucho más, lo que hizo que su propio cuerpo respondiera mojándose y calentándose al acariciar su pene rígido entre sus manos. Él comenzó a venir suavemente mientras seguía moviendo sus caderas hasta que ella se detuvo y esperó a que él abriera los ojos para mirarla, luego cuando la miraba de ambos se encontró sabiendo que ambos lo deseaban, ella devoró sus labios sintiendo la textura de su lengua y deseándola en muchos lugares de su cuerpo -Abre mi blusa y quítame el sostén- ordenó Rocío acelerada. Fue una orden que Sebastián de apresuró a obedecer, abrió su camisa y arrancó el sostén de su cuerpo tan rápido que solo sintió el momento en que los labios de Sebastián junto a su lengua húmeda comenzaron a hacer maravillas en sus rígidos pezones. Ella comenzó a gemir suavemente mientras su cuerpo se encendía con las caricias, su clítoris palpitaba llamando su atención y sus gemidos se hicieron más fuertes. No pudo soportarlo mucho tiempo más por lo que se soltó de la boca de Sebastián y comenzó a arrancarle la ropa, abrió su camisa casi arrancando un botón en el proceso y abrió su pantalón para dejar libre su grueso y largo m*****o a la vista. Este palpitaba y se movía mientras ella se lo comía con la mirada. Ella estaba casi desnuda para ese momento, sus senos al aire, su falda levantada hasta la cintura y su inexistente ropa interior la dejaban expuesta a la caliente mirada de Sebastián, sus muslos se encontraban húmedos debido a su excitación y cuando él usó sus dedos para tocar suavemente su clítoris hinchado ella gritó. Se dejó hacer mientras ella volvía a tomar firmemente la erección de Sebastián entre sus manos y repetía los movimientos suaves que él hacía en su propio cuerpo. Unos minutos después ambos se encontraban jadeando cerca del orgasmo. Sentía que su v****a palpitaba, Rocío podía sentir claramente como su cuerpo palpitaba sintiéndose vacío y necesitado por lo que caminó y se recostó en uno de los escritorios en el medio de la oficina, luego mirando directamente a los ojos de Sebastián abrió lentamente sus piernas en una clara invitación. Sebastián no se hizo esperar y se acercó para posicionar su duro m*****o y penetrarla en un movimiento, ambos gimieron fuertemente mientras él comenzaba las embestidas fuertes y salvajes exactamente como ella necesitaba. Ambos comenzaron a acelerarse y sin embargo Rocío aún no se sentía totalmente completa, sabía que con un toque más podía llegar a correrse pero no era esa la forma en que lo quería, por lo que se separó de Sebastián se puso de rodillas en el escritorio y guió nuevamente su pene en su interior. Ella comenzó a moverse hasta que Sebastián siguió tomándola por las caderas y embistiéndola tan fuerte que cada golpe se escucha en todo el espacio de la oficina, sus gemidos al igual que sus golpes subían de volumen mientras sus cuerpos se preparaban para el placer. -Usa dos de tus dedos en mi culo- rogó Rocío gimiendo. Y Sebastián lo hizo, usando los jugos que goteaban de su propia v****a, tocó suavemente su culo hasta que hundió dos dedos en su interior. Rocío solo podía gemir sintiéndose realmente llena en cada parte de su cuerpo. Él comenzó a imitar sus embestidas con el movimiento de sus dedos por lo que Rocío podía sentir como era penetrara en su v****a palpitante y en su culo apretado mientras solo podía gemir por el placer causado. Ambos gemían mientas los movimientos se hacían cada vez más errantes pero más y más fuertes. Los gemidos y gruñidos se escuchaban con fuerza.  -Voy a correrme cariño- gimió Sebastián antes de embestirla con una fuerza descomunal. Ella pudo sentir cuando el orgasmo comenzó en su cuerpo. Su pene comenzó a palpitar y su semilla caliente comenzó a llamarla con fuerza, escuchaba como él gruñía y entonces rozó con fuerza su clítoris. Eso fue todo lo que se necesitó, Rocío sintió como el orgasmo comenzó en su cuerpo cuando los gemidos se convirtieron en gritos, su cuerpo tembló mientras su v****a se apretaba alrededor del m*****o de Sebastián al igual que su culo alrededor de sus dedos, su orgasmo continuó y se alargó como nunca antes mientas él seguía moviendo sus manos y sus dedos en su sensible clítoris hasta que ella no pudo más. Cayó suavemente sobre el escritorio mientras recuperaba el aliento con el cuerpo saciado y complacido. Sintió a Sebastián separándose de su cuerpo y como su semilla caía y resbalaba por su muslo lentamente. -Te ves tan sexy de esa manera- dijo Sebastián tocando su culo -bien cogida y llena de mí. Rocío sonrió mientras se levantaba, se limpió con unos papeles que pudo encontrar y se vistió mientras Sebastián hacía lo mismo. -No sabía que pudieras decir cosas como esa- dijo Rocío riendo. -Solo dije la verdad. Ella sonrió mientras comenzaba a alejarse buscando su escritorio. Se despidió suavemente con una de sus manos y siguió su camino. Luego de tener su cuerpo finalmente saciado pudo concentrase mejor en todas las cosas que tenía que hacer y pudo completar todos los documentos que tenía atrasados por el día, así que apagó su computadora, tomó todas sus cosas y se dirigió al ascensor para poder irse a su casa. Pudo ver que las luces de la oficina de Sebastián se mantenían encendidas aún a esa hora y al verlo le gritó. -Nos vemos luego- con una sonrisa él se despidió y ella se montó en el ascensor. El taxi que la llevaba la dejó rápidamente en su hogar aunque ella se había quedado dormida casi todo el camino. Pagó en el momento que se bajaba y entró en la residencia dónde vivía. Todavía le faltaba caminar un tramo para poder llegar a su departamento porque tenía que cruzar una pequeña plaza y caminería por dónde no podían transitar los carros. Caminó más rápido de lo que lo solía hacer debido a que ya era bastante tarde, pero se sintió mucho más relajada al llegar a la plaza. Se encontraba cerca de su casa, pasó uno de los tramos cerca del centro donde estaba un árbol que hacía sombra en las tardes. Se extrañó cuando en uno de los bancos vio a su vecino sentando, casi lo saludó hasta que pudo notar el raro movimiento de su mano y la fuerte respiración que se escuchaba, casi sin creerlo se quedó allí observando mientras su vecino se masturbaba. Rocío se acercó lentamente sorprendida de que un hombre casado estuviera haciendo aquello en un lugar público pero no pudo dejar de excitarse por eso. La verdad es que los últimos tiempos había sido insaciable, su cuerpo reaccionaba a cualquier estímulo y ni podía controlarlo, como le sucedía en aquel momento. Su excitación creció mientras podía escuchar los gemidos bajos de su vecino, ella comenzó a tocarse suavemente mientras usaba sus propios dedos para hundirlos en su v****a, ella intentaba tragarse sus gemidos pero era casi imposible. Veía como el m*****o grueso se retorcía en su mano mientras palpitaba, como su cuerpo se tensaba, como su respiración se aceleraba y cómo movía su mano cada vez más rápido. Cuando ella estuvo segura de que él estaba cerca del orgasmo se acercó a él casi corriendo. Él se asustó intentando ocultar su gigantesca erección pero Rocío detuvo sus manos, se dio media vuelta y lentamente se sentó sobre aquel m*****o para que la penetrara por el culo, la verdad es que lo había necesitado. El placer prohibido que le proporcionaba el ser cogida por el culo era tan excitante que sus sentidos explotaban y su orgasmo se hacía mucho más fuerte. Él no se estaba moviendo, fue lo que ella pudo sentir. Allí estaba ella, dejándose penetrar por el culo en un intento de darle placer a ambos y él no se movía. -¡Vamos muévete!- Ordenó ella comenzando a moverse por su cuenta, subiendo y bajando por su erección. El por fin salió de su shock cuando tomándola por las caderas fuertemente comenzó a embestirla con una fuerza salvaje que ella no esperaba. Sus cuerpos chocando se escuchaban con fuerza y sus gemidos también comenzaron a elevarse mientras ambos se movían para buscar el placer de sus cuerpos. Ella rebotaba, su culo se sentía lleno y pleno, sus pechos rebotaban en cada embestida y Rocío comenzó a tocar su clítoris con fuerza sabiendo que ambos se correrían en cualquier momento. Sintió que el m*****o de su vecino comenzó a palpitar pero ella estaba tan cerca que no pudo hacer muchas que tocar furiosamente su clítoris y gritar. -¡Me corro!- Fue todo lo que pudo decir mientras su cuerpo comenzaba a temblar y el placer del orgasmo la recorría entera. Su v****a palpitaba llenándolo todo con su humedad. Sintió como él llenó su culo con su semilla mientras se corría, sus gruñidos eran fuertes y sus manos la sostenían mientras se mecía en su culo buscando alargar dulcemente su orgasmo. Cuando ambos estuvieron saciados Rocío se levantó y sintió como los fluidos dejaban su cuerpo. Ella se bajó la falda y miró el rostro de su vecino que aún recuperaba el aliento y mantenía su m*****o semi erecto fuera de sus pantalones. -Eso fue fantástico- dijo él en un susurro. Rocío solo sonrió y comenzó a caminar hacia su departamento sin decir nada. Cuando estaba en la puerta con las llaves en la mano, sintió que alguien tocaba su hombro, resultó ser el mismo vecino. -Yo... Solo quería decirte que yo no suelo ser así, no es común para mí hacer estas cosas. Mi esposa y yo comenzamos a pelear mientras estábamos a punto de tener sexo y al final me fui de la casa molesto pero muy excitado, por eso me encontraste como me encontraste- se excusó él un tanto avergonzado -por eso te pediría algo de discreción con respecto a lo que viste y lo que sucedió, bueno porque no me gustaría que ella lo supiera, sería un desastre. -Descuida- dijo Rocío sonriendo -lo hice porque me excitó verte tocarte en un lugar público, no tiene por qué ser algo tan grave y si es por mí, no voy a decir nada, puedes estar seguro. -Muchas gracias entonces- dijo él comenzando a subir las escaleras - por todo. Ella sonrió y entró en su departamento sin decir nada más. Su cuerpo caliente estaba satisfecho pero ella estaba un poco fuera de control, se había cogido a uno de sus vecinos en un lugar totalmente público, un vecino que además estaba cansado. Sin embargo había Sido placentero y tenía muchas pruebas en su cuerpo de que ambos habían disfrutado con creces de la experiencia. En lugar de preocuparse un negarse el placer, disfrutó de sus recuerdos y aceptó que tal vez ella era una zorrita pero que estar necesitada era bueno para su lívido porque siempre encontraba como llenarse de placer, no importaba la ocasión si la oportunidad se presentaba ella la aprovechaba, ese había sido su mantra y lo estaba cumpliendo.  
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