6.Cuando llegó al andén de la estación en Roma, Svetlana avanzaba titubeando. Las casi quince horas de viaje la habían fatigado profundamente y habían perturbado su noche. Entre el ruido del tren sobre los rieles, los pasajeros que vagaban por los pasillos y el tumulto de los vecinos de asiento, era difícil reposarse correctamente. Sin embargo, el sol ardiente del mediodía le había dado suficiente energía para motivarla y salir a descubrir la ciudad. Un SMS de Franck le avisaba del clima en París: el viento soplaba fuertemente, el cielo se pintaba de gris, una oscuridad opaca se extendía. El tiempo amenazaba la capital con violentas tormentas. Ella había escogido un buen fin de semana para viajar. Svetlana parecía perdida. Daba vueltas, no sabía a dónde dirigirse. Una mano tocó su hombro

