5-Defensiva; Michael.

1097 Words
El ejército rápidamente actuó. Mandó unidades a todas partes. Era un ataque mundial y necesitaban cualquier arma que estuviera al alcance. Michael fue mandado a San Francisco, lamentablemente sólo iba él, Will y Martin, los otros 3 estaban con sus familias por el día de los santos. Al llegar por las noticias los videos y imagenes sobre lo que ocurría en las calles, todos en el ejército se pusieron estéricos. Muchos salieron disparados sin decir una palabra hacia sus casas, a tomar taxis o sus propios vehículos. Muchos Sargentos, así como el General al Mando del Ejército de los Estados Unidos convencieron a la mayoría de quedarse. Que servían más en la fuerza que corriendo a sus hogares. Con misiles de inteligencia artificial lograron derrumbar el misil de Flamante que rondaba por estados unidos antes de que llegara a Seatle -Que parecía ser el objetivo principal-. El escuadrón de Michael -De tres personas contandolo a el- más otros 4 estaban a punto de bajar del avión del ejército. Eran 5 aeronaves mandadas a San Francisco, así como más soldados llendo por tierra en vehículos blindados y armados. En cada aeronave iban 30 soldados. Sonó una alarma roja dentro de la escotilla mientras ésta comenzaba a abrirse. Michael y su escuadrón fue el primero en acercarse a la orilla. Abajo era un completo caos. Humo salía de varios edificios y estructuras menores, se oían disparos y alarmas por todos lados. Se escuchó una explosión seguida por una ola de humo. —¿Qué demonios está pasando abajo? —Preguntó un soldado desde adentro. —Nada bonito, hijo —Respondió Michael mientras miraba abajo de nuevo. La alarma roja fue reemplazada por una verde, podían saltar. —¡Los veo ahí! —Les dijo Michael a sus dos compañeros mientras apuntaba a un lugar entre dos edificios—¡Ahora! Tomó a Martin de la mochila y lo arrojó hacia afuera, luego William saltó y al final Michael. Sentía que el viento le iba a volar el casco color amarillo pálido mosaico que llevaba. También casi se le volaban las armas colgadas. Cuándo se estabilizó, apuntó su cuerpo hacia el lugar indicado, y unos segundos después activó el paracaídas. Sintió el tirón en los hombros y abdomen y comenzó a descender normalmente. A lo lejos, varias calles a la izquierda del punto de encuentro de su escuadrón, estaba la barrera policial y del ejército, ahí debían ir tras limpiar su zona de aterrizaje. Ya a cincuenta metros de altura, podía divisar las manchas rojas en el suelo, el correr de las personas escapando de otras, y manadas amontonadas en puertas de edificios. Parecían animales. Resulta que el lugar indicado para descender era un callejón. Al caer al suelo los tres soldados, rápidamente sacaron sus armas, sonaron gritos y rugidos por fuera del callejón donde se encontraban. —Con cuidado, vayamos hacia la izquierda por ahí —Susurró Michael mientras apuntaba a un extremo del callejón. Tras dar unos pasos, por una extremo entró corriendo una persona a tumbos mientras rugía y emitía un chillido. Las venas de su cuerpo estaban moradas y negras muy saltadas. Sus ojos eran blancos con morado y rojo. —¡Deténgase! —Rugió Michael mientras le apuntaba con su pistola de mano; Desert Eagle. El individuo no hizo caso y comenzó a tirar mordidas al aire. Sus encías eran negras al igual que el resto de su boca, a excepción de unas partes moradas. Michael le disparó dos veces en los pies pero pareció que no le hizo nada. Volvió a disparar otras dos veces pero ahora en el pecho, esta vez, se tambaleó un poco pero siguió avanzando. Tras estos disparos, del otro extremo del callejón llegaron otros tres sujetos como el que estaba combatiendo con Michael. —¡Fuego a discreción! —Gritó Michael mientras comenzaba a descargar su arma contra la criatura al igual que sus compañeros. Michael tumbó al suyo, pero antes de que pudiera volver la vista hacia sus amigos otros seis individuos entraron por su extremo, luego otros cuatro y otros cinco, ya no podía hacer nada. La distancia que los separaba era de veinte metros. Rapidamente divisó una entrada al edificio mas pequeño de los dos, era una puerta roja con candado. Primero se acercó y de un tiro, voló el candado y de una patada abrió la puerta. —¡Entren! —Gritó mientras volteaba a verlos. Al rededor de treinta sujetos estaban entrando al callejón, empujándose y tumbándose unos a otros. Sus compañeros no titubearon al oír la orden y como gacelas entraron corriendo, posteriormente Michael entró al final y se alejó de la puerta. Había unas escaleras hacia el arriba. —Será mas facil contenerlos por esa pequeña entrada —Dijo Will jadeando. —Turnos, yo primero, tras recarga, tú Martin y lo mismo, después Will y después yo de nuevo. Los dos afirmaron y justo cuando aparecieron los primeros sujetos no pudieron entrar, afuera se estaban empujando y amontonando para ir adentro pero no cabían por la pequeña puerta todos. Michael comenzó a disparar, sólo a los que lograban entrar. —¡Martin! —Gritó Michael por encima del hombro— Sube y busca una salida. Martin asintió y corriendo, subió las escaleras. —¡Recarga! —Gritó Michael. Rápidamente Will suplió a Michael y comenzó a disparar. Los locos canívales pasaban por manadas frente a la puerta que poco a poco fue quedando despejada. —¡Sargento! —Gritó Martin desde arriba— ¡Por aquí! —Ve, Will. Ahora te alcanzo, una vez arriba apunta a mi espalda en cuanto me veas subir. Will asintió y subió corriendo las escaleras. Michael seguía disparando, tras tantos años en batallas sangrientas donde vió morir gente buena y mala, ya no sentía nada al dispararles y asesinar a las criaturas que pasaban frente a la puerta. Depronto vió un niño convertido en una de esas cosas y sintió un hueco en el pecho, no había nada más que hacer, debía matar a cualquiera de las criaturas que lograran entrar. Disparó y disparó cuando escuchó un grito. —¡Sargento! —Gritó Will— ¡Ahora! Sin pensarlo, lanzó una granada a la puerta y subió corriendo las escaleras de metal. Se escuchó la ensordecedora explosión y retumbó por todas las gradas, miró hacia atras y ya no vió a nadie. Siguió la subida hasta que llegó a una puerta que daba a unos pasillos. Martin ya estaba explorando el que tenían delante. —¿Qué son esas malditas cosas? —Chilló Will. —¿Crees que yo sé algo? —Dijo Michael mientras se ponía en cuclillas. —Señor, por aquí, despejado —Le dijo Martin. Se levantó y caminó hacia Martin hasta que dieron con otras escaleras que subían nuevamente. Las siguieron y salieron a una pequeña terraza donde atracaron la puerta y miraron hacia abajo. El callejón estaba repleto de esas criaturas, las calles de afuera también. La terraza era de larga como un lado del edificio. Miraron hacia las calles, más gente gritando, corriendo, unas comiendose a otras... Depronto, como si le hubieran clavado una espina en el cerebro, recordó algo; Su familia. Su esposa y sus dos hijos, vivían ahí, en San Francisco.
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